La economía estadounidense sumó 162.000 puestos de trabajo en agosto, muy por encima de los 55.000 que esperaba el mercado. El dato refuerza la imagen de una actividad todavía sólida, aunque la inflación y las presiones de Donald Trump sobre la Reserva Federal abren un nuevo frente de tensión.
La economía de Estados Unidos volvió a mostrar señales de fortaleza en un momento en el que los mercados financieros miran con preocupación el nivel de endeudamiento, las tasas largas y el escenario geopolítico. En agosto se crearon 162.000 empleos netos, casi el triple de los 55.000 puestos que esperaba el mercado. El resultado modificó la lectura sobre el estado del mercado laboral y volvió a poner en el centro del debate cuál debería ser el próximo movimiento de la Reserva Federal.
El dato laboral se conoce mientras las tasas de los bonos del Tesoro estadounidense permanecen bajo presión. La deuda pública de Estados Unidos ya supera los 40 billones de dólares, frente a los 14,8 billones que acumulaba cuando Standard & Poor’s retiró la máxima calificación crediticia al país hace unos quince años. En la última semana, la tasa del bono a diez años avanzó siete puntos básicos, aunque sin provocar por ahora un desarme descontrolado del mercado.
A pesar de ese escenario, la economía real continúa mostrando capacidad de resistencia. El producto creció a un ritmo anualizado del 1,8% durante el primer semestre, mientras que el consumo privado registró una expansión del 3%. Para el tercer trimestre, el consenso de mercado proyecta un crecimiento superior al 2%, mientras que el modelo de seguimiento de la Reserva Federal de Atlanta llegó a estimar una expansión de 4,7%, aunque este tipo de proyecciones puede sufrir fuertes modificaciones.
La inversión también mantiene un comportamiento firme, particularmente por el enorme desembolso asociado al desarrollo de la inteligencia artificial. Las empresas están acelerando la construcción de infraestructura necesaria para sostener el crecimiento de esta tecnología, lo que funciona como un importante motor de la actividad. Sin embargo, el propio análisis advierte que este impulso extraordinario no necesariamente será permanente y que una desaceleración futura podría ser brusca si el boom de inversiones pierde fuerza.
El mercado laboral ofrece otra señal relevante. Además de los 162.000 empleos creados en agosto, las revisiones de los datos de junio y julio agregaron otros 51.000 puestos respecto de las estimaciones anteriores. El promedio de creación de empleo de los últimos seis meses se ubicó en 106.000 puestos mensuales, más del doble del promedio de los últimos doce meses, que ronda los 50.000. La tasa de desempleo, además, se mantuvo en 4,1% durante julio y agosto.
El problema que permanece abierto es la inflación. El índice alcanzó el 3,7% interanual en julio y continúa por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal. Según el análisis, los shocks provocados por los aranceles impulsados por Trump y posteriormente por el aumento de los precios de la energía asociado a la guerra en Irán interrumpieron el proceso de convergencia que se había observado hasta comienzos de 2025.
En ese contexto, la discusión sobre las tasas se transformó también en una disputa política. Donald Trump volvió a reclamar una reducción del costo del dinero y llegó a plantear públicamente que Estados Unidos debería tener las tasas más bajas posibles. El vicepresidente JD Vance también defendió esa posición. Del otro lado, funcionarios de la Fed sostienen que, si la inflación no desacelera, podría ser necesario mantener las tasas elevadas o incluso evaluar un aumento.
La próxima reunión de la Reserva Federal, prevista para el 15 y 16 de septiembre, aparece así como un nuevo punto de tensión. La combinación de una economía que todavía crece, un mercado laboral más resistente de lo previsto, una inflación por encima de la meta y una deuda pública gigantesca coloca al titular de la Fed, Kevin Warsh, ante una decisión especialmente delicada. Mientras Trump exige tasas más bajas, los mercados de deuda reclaman señales de disciplina y credibilidad monetaria. El resultado de esa pulseada podría definir no solo el rumbo de las tasas estadounidenses, sino también el comportamiento de los mercados financieros globales.
Fuente: Ámbito.


