La Libertad Avanza decidió no jugar oficialmente en Marcos Juárez y retiró su sello de la elección municipal. El movimiento deja una oposición partida entre Luis Juez, Rodrigo de Loredo y los libertarios, mientras Pedro Dellarossa vuelve a disputar el municipio con respaldo juecista. El histórico “kilómetro cero” del macrismo quedó convertido en una interna de derecha donde nadie parece querer hacerse cargo del resultado.
La elección de Marcos Juárez perdió el brillo nacional que alguna vez tuvo, pero dejó al descubierto una postal bastante incómoda para el armado opositor cordobés: cuando llegó la hora de poner el cuerpo, La Libertad Avanza decidió correrse. La ciudad que Mauricio Macri había bautizado como el “kilómetro cero” de Cambiemos ya no parece ser una prioridad para Milei ni para su estructura provincial. Y mientras los libertarios se hacen a un costado, los dirigentes que durante años se repartieron el liderazgo de la oposición cordobesa quedaron jugando una partida bastante más chica y, sobre todo, bastante más fragmentada.
El dato político más fuerte es que los libertarios retiraron oficialmente el sello de la contienda. Según la reconstrucción publicada por La Política Online, la decisión estuvo atravesada por el malestar en la región por la situación de Pauny y por la caída en la atención del PAMI en el hospital de la ciudad. A eso se sumó la falta de un escenario que justificara poner toda la maquinaria libertaria detrás de una candidatura. Traducido al criollo: donde no olieron una victoria clara, prefirieron no quemar las naves.
La retirada deja además una paradoja bastante grande. El espacio que llegó a la política nacional prometiendo terminar con la “casta” y construir una nueva forma de hacer política termina dejando terreno libre en una elección que históricamente fue una vidriera para la derecha argentina. Marcos Juárez fue durante años una especie de laboratorio electoral del macrismo. Allí Cambiemos consiguió instalar una marca que después intentó proyectar a todo el país. Ahora, en cambio, el experimento libertario parece haber terminado con un portazo silencioso y sin candidato oficial.
En ese vacío aparece Pedro Dellarossa, que vuelve a disputar la intendencia con el respaldo explícito de Luis Juez. El dato no es menor: Dellarossa fue funcionario de Martín Llaryora hasta hace pocos meses, primero como ministro de Industria y luego en el Banco de Córdoba. Ahora regresa a la pelea municipal acompañado por uno de los principales referentes de la oposición provincial. La política cordobesa vuelve a mostrar así una de sus especialidades: dirigentes que cambian de ubicación con una velocidad que haría marear hasta al GPS.
Pero la fragmentación no termina ahí. Del otro lado aparece Gerardo Pasquali, identificado como el candidato más relacionado con el universo libertario pese a no contar con el sello oficial de La Libertad Avanza. Su armado también reúne a radicales cercanos a Rodrigo de Loredo. Es decir, el mapa opositor quedó partido en varios pedazos: Juez juega con Dellarossa, sectores vinculados a De Loredo aparecen cerca de Pasquali y Bornoroni, uno de los principales nombres libertarios de Córdoba, quedó fuera del juego. Una verdadera ensalada de dirigentes, alianzas y pases de factura.
Y mientras la oposición se pelea por ver quién se queda con los restos del viejo “kilómetro cero” macrista, el cordobesismo mira la escena desde una posición bastante más cómoda. El oficialismo provincial decidió no involucrarse de manera decidida con ningún candidato, aunque según la nota existe una apuesta silenciosa del llaryorismo por Germán Font, del vecinalismo más alineado con el peronismo. El cálculo es sencillo: cuanto más divididos estén los adversarios, menos necesidad hay de gastar pólvora en una elección que, por primera vez en años, no parece tener capacidad para alterar el tablero provincial.
Lo más llamativo es que Marcos Juárez pasó de ser una ciudad presentada como símbolo del cambio político argentino a convertirse en escenario de una pelea bastante más terrenal. Ya no están Macri y Cambiemos intentando demostrar que una victoria municipal puede anticipar un triunfo nacional. Tampoco aparece Milei dispuesto a convertir la elección en una demostración de fuerza. Y del otro lado, los dirigentes cordobeses que buscan posicionarse para 2027 tienen que conformarse con medir fuerzas en un territorio donde ninguno parece tener el control absoluto.
La foto final es incómoda para todos: Milei se retiró, Bornoroni quedó afuera del armado, Juez apostó fuerte por Dellarossa, De Loredo aparece indirectamente asociado a Pasquali y el llaryorismo observa desde la tribuna mientras calcula quién puede beneficiarlo más. El famoso “kilómetro cero” del macrismo terminó convertido en un kilómetro cero de la fragmentación opositora. Y si esto pretende ser una muestra de lo que viene para Córdoba en 2027, más de uno debería empezar a preocuparse: porque cuando ni siquiera pueden ponerse de acuerdo para disputar una intendencia, imaginar una oposición ordenada para pelear por la provincia parece, por ahora, bastante más difícil que ganar una elección.
Fuente: La Política Online



