El hallazgo fue realizado por un andinista a más de 3.500 metros de altura. El lugar presenta muros, recintos y pasadizos y será estudiado por especialistas argentinos y españoles para determinar su antigüedad y función.
Una misteriosa estructura de piedra encontrada en una zona remota de la Cordillera de Mendoza despertó el interés de un equipo de arqueólogos que busca determinar cuándo fue construida, quiénes la utilizaron y cuál fue su función. El sitio se encuentra a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, en una meseta de difícil acceso y alejada de las rutas de tránsito conocidas.
El hallazgo fue realizado por el andinista mendocino Carlos Gobbi, quien detectó inicialmente la particular distribución de las estructuras mediante imágenes de Google Earth. Después de varios intentos condicionados por el clima y las dificultades propias de la cordillera, logró llegar al lugar y documentarlo. A partir de ese descubrimiento comenzó a trabajar con especialistas del proyecto ArqueoAndes.
La construcción está compuesta por distintos sectores delimitados mediante muros de piedra apilada, además de pasadizos y áreas con características diferentes al terreno circundante. Los investigadores también detectaron una posible estructura circular a la que llegaría un pequeño canal construido con piedras. Por su diseño y ubicación, los especialistas consideran que no parece tratarse de una vivienda permanente.
Uno de los aspectos que más llamó la atención es precisamente la ausencia de condiciones que permitirían una ocupación permanente. La zona tiene accesos muy limitados y no presenta una fuente de agua cercana. El arqueólogo y codirector del proyecto, Horacio Chiavazza, señaló que la estructura no parece responder a un espacio preparado para residir de manera permanente y destacó que presenta un patrón arquitectónico que no registra antecedentes similares conocidos en la región.
A partir de estas características surgieron distintas hipótesis. Una de ellas plantea que el lugar podría haber tenido una función ceremonial relacionada con antiguas prácticas andinas. En la cordillera mendocina existen otros sitios vinculados con prácticas rituales de alta montaña, como la Qhapaq Qocha del Aconcagua, la del Cristo Redentor y una plataforma de Los Penitentes. Sin embargo, los investigadores todavía no atribuyen de manera definitiva la nueva estructura a ninguna de esas tradiciones.
También se analiza la posibilidad de que la construcción tenga alguna relación con el período incaico o incluso con sociedades anteriores. Los arqueólogos no descartan que haya sido edificada antes de la expansión del Tawantinsuyu y advierten que todavía no existen elementos suficientes para establecer una fecha precisa. Los futuros trabajos de excavación y el análisis de posibles restos de carbón, cerámica y otros materiales serán fundamentales para determinar su antigüedad.
Otra hipótesis surgió a partir de las imágenes tomadas desde el aire: la disposición general de las piedras podría corresponder a un geoglifo, es decir, una construcción o diseño realizado sobre el terreno cuya forma puede apreciarse con mayor claridad desde una posición elevada. No obstante, la directora del proyecto, Cristina Prieto-Olavarría, remarcó que en esta etapa todavía no es posible confirmar que se trate de un geoglifo y que será necesario estudiar en profundidad su diseño y relación con el paisaje.
La investigación estará a cargo de un equipo interdisciplinario argentino y español, con participación de especialistas vinculados al CONICET, el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), la Universidad Nacional de Cuyo y la Universidad de Jaén. Los investigadores prevén realizar relevamientos de alta precisión, estudios geoarqueológicos, análisis de sedimentos, prospecciones, trabajos con drones y técnicas de teledetección. El objetivo será reconstruir tanto la historia de la estructura como el ambiente en el que fue construida y utilizada.
Por ahora, el misterio continúa abierto. La ubicación extrema, la particular distribución de las piedras y la ausencia de una función habitacional evidente convierten al sitio en un objeto de especial interés para la arqueología mendocina. Los investigadores deberán determinar si se trata efectivamente de una construcción ceremonial, un posible geoglifo, un espacio de ocupación estacional u otra estructura cuya función todavía no fue identificada. La próxima etapa de trabajo en la cordillera buscará aportar las evidencias necesarias para responder esas preguntas.
Fuente: Minuto Uno



