Angelelli y Ongaro

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El compromiso de dos cristianos revolucionarios

Raimundo solía contar una simpática anécdota que demostraba la afectuosa relación que mantuvo con Monseñor Angelelli, dos inmensos cristianos, comprometidos de cuerpo y alma con las enseñanzas del evangelio…

“- Si algún día llegas a lo más alto del poder, solo te pido una cosa Raimundo: ¡que me regales una peluca!”, le habría dicho en tono de broma el “Pelado” al líder de la CGT de los Argentinos.

Al asumir su labor como Obispo de La Rioja -allá por el año 1968- Angelelli advertía: “No vengo a predicar la resignación”.

Don Guillermo Domingo Iribarren gobernaba de facto la provincia bajo el paraguas nacional de la dictadura de Onganía.

Ese mismo año nacía la CGT de los Argentinos con su Programa del 1º de Mayo, que en uno de sus párrafos describía con elocuencia la grave situación social:

“Un millón y medio de desocupados y subempleados son la medida de este sistema y de este gobierno elegido por nadie. La clase obrera vive su hora más amarga (…) El índice de mortalidad infantil es cuatro veces superior al de los países desarrollados, veinte veces superior en zonas de Jujuy donde un niño de cada tres muere antes de cumplir un año de vida. Más de la mitad de la población está parasitada por la anquilostomiasis en el litoral norteño; el cuarenta por ciento de los chicos padecen de bocio en Neuquén; la tuberculosis y el mal de Chagas causan estragos por doquier. La deserción escolar en el ciclo primario llega al sesenta por ciento; al ochenta y tres por ciento en Corrientes, Santiago del Estero y el Chaco. La década del treinta resucita en todo el país con su cortejo de miseria y ollas populares”.

Frente a esa intolerable realidad, el “Pelado” definía con absoluta convicción y coraje su postura:

“Culpable del subdesarrollo, el hambre y la miseria es el sistema capitalista (…) No estoy de acuerdo con la violencia de las armas, pero no podemos estar pasivos y declamando mientras se suceden los hechos de injusticia (…) Si quieres la paz, lucha por la justicia”.

1969 sería el año de las grandes puebladas: tucumanazo, rosariazo, cordobazo le mueven el piso al tirano Onganía.

El 30 de junio Raimundo Ongaro es encarcelado, el 4 de julio envía una carta a Angelelli:

“Aquí estoy una vez más entre los barrotes y los muros de la cárcel de la calle Caseros (…) Dios es infinitamente generoso porque mi espíritu tiene paz y felicidad inagotable, incluso para cargar con las culpas que los fabricantes de infamia distribuyen mientras no los puedo correr con el látigo con que un día fueron desalojados los mercaderes”.

“Liberarnos de todas las ataduras, eso no está escrito en las IBM de los tecnócratas, pero Cristo estará contento de ver que avanzamos para que no quede piedra sobre piedra de todo lo que fue corrupción, lucro, opresión”.

“Un recuerdo de cariño y aliento para todos los riojanos, y para Usted mi más fervorosa solidaridad para ese Obispo que es como los Apóstoles del Evangelio, Monseñor Angelelli. Un abrazo. Dios nos ayudará a vencer al mal. Raimundo Ongaro”.

La intensidad de las luchas populares de aquel período de resistencia, en el que tanto Ongaro como Angelelli fueron destacados protagonistas, permitieron el fin de la dictadura y la salida hacia un gobierno democrático.

En febrero de 1973 y con respecto a las inminentes elecciones que se relizarían el 11 de marzo, el “Pelado” Angelelli manifestaba:

“Votar es hacer y construir nuestra propia identidad argentina y riojana. Es poner el hombro para que como pueblo no se nos considere solamente en las urnas, sino como el gran protagonista y actor de la reconstrucción de la patria… es para eliminar las causas que engendran injusticias, miserias, odios… es para eliminar las causas que ocasionan niños desnutridos, una concepción de la enseñanza que engendra hombres insatisfechos, resignados, frustrados, desorientados… es para que se multipliquen las fuentes de trabajo… El voto es la capacidad, el derecho y la obligación de ser vigías y custodios, para que el pueblo no sea marginado”.

Angelelli y Raimundo tenían muy en claro que la salida electoral era apenas un paso que permitía recuperar una cuota muy limitada de poder, no el poder mismo. Los sucesos posteriores le darían la razón

Ambos compartían aquel mensaje del Primero de Mayo del ’68 que decía:

“Alertamos que por luchar junto a los pobres, con nuestra única bandera azul y blanca, los viejos y nuevos inquisidores levantarán otras cruces, como vienen haciendo a lo largo de los siglos.

Pero nada nos habrá de detener, ni la cárcel ni la muerte. Porque no se puede encarcelar y matar a todo el pueblo y porque la inmensa mayoría de los argentinos, sin pactos electorales, sin aventuras colaboracionistas ni golpistas, sabe que sólo el pueblo salvará al pueblo”.

Por Hector Amichetti

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