Lo que el tiempo despinto

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En comparación con el resto del continente, en el Virreinato del Río de la Plata y la naciente Argentina había pocos negros.

No existía una economía de recolección (azúcar, algodón, minerales) que ocupara una gran mano de obra como en Brasil, Perú, el Caribe y el sur de Estados Unidos.

Los pocos que había, servían en tareas domésticas. No conocían el látigo en labores del campo.

Juan Manuel de Rosas tuvo una relación estrecha con la población afrodescendiente en Buenos Aires. Se caracterizó por el respaldo político recíproco y participación en expresiones culturales. Los afroargentinos también fueron su base de poder popular.

La descendencia de los pocos que existían, con el tiempo se fue destiñendo.

En junio de 1967, bajo el título “Porteños de color”, Máximo Simpson publicó lo siguiente en la revista Panorama:

«Cada vez son menos, porque, como lo expresó pintorescamente Eleuterio Fernández, obrero de color de Avellaneda, en nuestro país cosmopolita “el negro se casa con la blanca, el blanco con la mulata, el negro con la parda, el pardo con la parda, la parda con el blanco, y ¡cataplún! ¿dónde está el negro?”

«Esta fusión amorosa nos viene de lejos, desde la época en que se había popularizado la traviesa copla:

Padre negro y madre negra

y niño blanco,

aunque el amo me lo niegue

aquí hubo trampa».

Foto 1: “Las esclavas de Buenos Ayres demuestran ser libres y gratas a su Noble Libertador”. Pintura de Doroteo de Plot, Santos Lugares, 1° de Mayo de 1841. Museo Histórico Nacional.

Foto 2: revista Panorama, junio de 1967.

Por Roberto Bardini

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