Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas volvieron a mostrar una caída en agosto y el sector advierte que la recuperación del consumo todavía no aparece. Desde la CAME señalaron que la actividad comercial continúa condicionada por la pérdida de poder adquisitivo y una demanda que no logra despegar.
El consumo volvió a mostrar señales de debilidad durante agosto y las pequeñas y medianas empresas quedaron nuevamente entre los sectores más afectados. De acuerdo con el relevamiento difundido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas pyme volvieron a retroceder, confirmando que el repunte de la actividad comercial todavía no consigue consolidarse. El dato aparece en un contexto en el que los comercios enfrentan una demanda cautelosa y consumidores que priorizan cada vez más los gastos indispensables.
La situación genera preocupación porque las pymes dependen en gran medida del mercado interno y de la capacidad de compra de los hogares. Cuando el consumo pierde fuerza, el impacto no se limita a los comercios: también repercute sobre proveedores, distribuidores, trabajadores y pequeñas industrias que dependen de esa cadena. La persistencia de las bajas muestra, en ese sentido, que la discusión sobre la recuperación económica no puede limitarse a los indicadores generales, sino que también debe observar qué ocurre en los negocios que sostienen buena parte de la actividad cotidiana en las ciudades.
Desde la entidad empresaria utilizaron una expresión que resume el diagnóstico del sector: el crecimiento de algunos segmentos de la economía “no derrama” hacia el comercio minorista. La frase apunta a una de las principales tensiones del escenario económico actual: mientras determinados sectores pueden exhibir mejores resultados, una parte importante de los comercios continúa sin percibir una recuperación suficiente de la demanda. Para las pymes, el problema se vuelve especialmente relevante porque tienen menos margen financiero para soportar períodos prolongados de ventas bajas.
El panorama también debe leerse en relación con la evolución del consumo masivo. Un análisis económico del IAE Business School había advertido que los indicadores agregados pueden esconder comportamientos muy diferentes: mientras determinados bienes durables, importados, automóviles o servicios pueden registrar mejoras, los alimentos, bebidas, productos de limpieza y otros artículos de consumo cotidiano muestran una recuperación mucho más débil. Esa diferencia ayuda a explicar por qué los números generales de la economía pueden contrastar con la percepción de comerciantes y consumidores.
La estructura del consumo también está cambiando. Los hogares buscan alternativas más económicas, comparan precios y modifican los lugares donde realizan sus compras. El avance del comercio electrónico, las plataformas digitales y los comercios de cercanía también puede alterar la fotografía que ofrecen algunas estadísticas tradicionales. Sin embargo, para miles de pequeños comerciantes la cuestión central sigue siendo concreta: conseguir que haya suficientes clientes dispuestos y en condiciones de gastar para sostener el funcionamiento del negocio.
El deterioro de las ventas minoristas tiene además un efecto sobre las expectativas empresariales. Cuando un comercio acumula meses de demanda débil, las decisiones sobre contratación de personal, reposición de mercadería, ampliación de locales o nuevas inversiones tienden a postergarse. El problema puede convertirse así en un círculo difícil de romper: menos consumo genera menos ventas, las empresas reducen sus decisiones de expansión y esa cautela termina limitando todavía más la generación de actividad y empleo.
El escenario se suma a otras señales que muestran que la recuperación económica presenta fuertes diferencias entre sectores. Un informe del IAE señaló que, pese al crecimiento registrado por la economía en determinados períodos, la inversión continuaba mostrando dificultades y había caído en términos interanuales. Esa combinación —crecimiento de algunos indicadores agregados pero debilidad en inversión y consumo cotidiano— refuerza la discusión sobre la calidad y la distribución de la recuperación.
Para las pymes, el desafío inmediato pasa por recuperar una demanda que permita sostener las ventas y recomponer expectativas. El informe de CAME vuelve a poner el foco sobre un problema que los comerciantes vienen señalando: la recuperación todavía no llega con la misma intensidad a los negocios que dependen directamente del bolsillo de los consumidores. Mientras el Gobierno sostiene su discurso sobre la estabilización y la mejora de determinados indicadores, el comercio minorista continúa esperando que esa recuperación finalmente se transforme en clientes, ventas y movimiento económico en los barrios.
Fuente: Página/12