El INDEC registra aumentos de los ingresos no registrados muy superiores a los de los trabajadores formales. Sin embargo, especialistas advierten que el resultado está condicionado por cambios metodológicos, subdeclaración de ingresos y el desplazamiento de trabajadores hacia empleos precarios. La informalidad alcanzó el 45% en el segundo trimestre de 2026.
Los datos oficiales sobre la evolución de los salarios durante el gobierno de Javier Milei muestran una paradoja: mientras los ingresos de los trabajadores registrados pierden terreno frente a la inflación, los correspondientes al empleo informal aparecen con aumentos muy superiores. Sin embargo, detrás de esa diferencia existe una combinación de factores estadísticos y transformaciones concretas del mercado laboral que obliga a mirar los números con mayor detenimiento. Un informe publicado por El Destape, basado en datos del INDEC y consultas a especialistas, advierte que la aparente mejora de los ingresos informales no necesariamente representa una recuperación real del poder adquisitivo.
Según el índice de salarios correspondiente a agosto de 2026, los ingresos del sector privado no registrado acumularon un incremento interanual del 55%, frente a una inflación del 33% en el mismo período. En cambio, los salarios formales aumentaron un 30,4%, por debajo de la evolución de los precios. La diferencia alimenta el argumento de que los trabajadores informales estarían mejorando sus ingresos reales, aunque los especialistas advierten que las características de la medición y los cambios en la composición del empleo pueden distorsionar esa interpretación.
Uno de los principales cuestionamientos está relacionado con las modificaciones introducidas en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), utilizada por el INDEC para relevar los ingresos de los trabajadores no registrados. Los cambios en el cuestionario permitieron captar con mayor precisión determinados ingresos que anteriormente podían quedar subregistrados. Sin embargo, al no existir una serie histórica empalmada que permita comparar adecuadamente los datos anteriores y posteriores a las modificaciones, las variaciones pueden mostrar incrementos superiores a los efectivamente percibidos. En otras palabras, una parte de la mejora registrada podría responder a una medición más completa y no necesariamente a un aumento equivalente del dinero que llega al bolsillo.
Otro elemento que influye es la subdeclaración de ingresos en las encuestas. La EPH depende de las respuestas de las personas entrevistadas, que pueden declarar montos inferiores a los que realmente perciben. El fenómeno fue señalado por especialistas del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), quienes identificaron diferencias entre los ingresos informados en las encuestas y los registros administrativos disponibles para los sectores formales. Esta situación también afecta la comparación entre trabajadores registrados y no registrados, ya que las variaciones pueden reflejar cambios en la forma de declarar los ingresos y no exclusivamente movimientos salariales reales.
A estos factores se suma un problema adicional: el índice de salarios del sector privado no registrado tiene un rezago de cinco meses. Esto significa que los datos publicados no representan necesariamente los ingresos correspondientes al mes en que se difunden. En períodos de desaceleración inflacionaria, ese desfase puede generar una imagen más favorable de la evolución salarial, porque los ingresos relevados corresponden a meses anteriores, cuando los precios podían tener otra dinámica. El resultado es una dificultad adicional para comparar la evolución de los salarios informales con la inflación del mismo período.
Pero la explicación no es exclusivamente estadística. El mercado laboral también atraviesa un proceso de transformación en el que trabajadores que antes tenían empleos registrados pasan a desempeñarse en actividades informales, por cuenta propia o sin protección social. Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, explicó a El Destape que la pérdida de puestos formales no siempre se traduce en un aumento equivalente del desempleo, porque muchas personas terminan incorporándose a actividades no registradas. En ese desplazamiento, trabajadores con mayor calificación o experiencia pueden elevar el ingreso promedio del conjunto de los informales, aunque individualmente hayan sufrido una caída de sus ingresos.
La magnitud de la precarización aparece reflejada en los datos oficiales: la tasa de informalidad llegó al 45% en el segundo trimestre de 2026. Además, un informe de Fundar, con información actualizada a 2025, señala que los trabajadores formales perciben en promedio un 42% más que los informales, incluso al considerar variables como la edad y el nivel educativo. La diferencia muestra que un aumento del promedio de ingresos dentro del sector no registrado no significa que sus trabajadores hayan alcanzado mejores condiciones laborales ni que hayan superado la brecha estructural que los separa del empleo formal.
El debate sobre los salarios, por lo tanto, no puede reducirse a comparar porcentajes de aumentos nominales con la inflación. La evolución de los ingresos debe analizarse junto con la calidad del empleo, la cantidad de puestos registrados, las condiciones de contratación y las diferencias entre los distintos sectores. Mientras el Gobierno destaca la mejora que muestran algunas estadísticas de ingresos informales, los datos sobre precarización y la pérdida de empleo registrado plantean un interrogante central sobre el modelo laboral: si los trabajadores necesitan abandonar la formalidad para sostener sus ingresos, la mejora estadística puede estar ocultando un deterioro más profundo de sus condiciones de vida.
Fuente: El Destape



