Los alimentos acumulan seis semanas de aumentos y registran una suba del 4,4% en cuatro semanas

Consumo, precio, alimentos, mercado, supermercado
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Un relevamiento de la consultora LCG detectó incrementos sostenidos en alimentos y bebidas, con las verduras encabezando las subas, seguidas por panificados, cereales y pastas. Aunque la inflación general se mantiene cerca del 2% mensual, el encarecimiento de los productos básicos golpea especialmente a los hogares de menores ingresos.

Los precios de los alimentos continúan mostrando una dinámica de aumentos que impacta directamente sobre el presupuesto de las familias argentinas. Según un relevamiento de la consultora Labour, Capital & Growth (LCG), los alimentos y las bebidas acumularon seis semanas consecutivas de incrementos y registraron una suba del 4,4% en las últimas cuatro semanas medidas. El dato vuelve a poner en discusión la distancia entre la evolución del índice general de inflación y el costo de los productos esenciales que integran la canasta cotidiana.

El informe señala que las verduras encabezaron los aumentos, con una variación del 7,9% en el período analizado. Detrás se ubicaron los panificados, cereales y pastas, con un incremento del 5,9%. También se registraron subas en bebidas e infusiones, que avanzaron un 5,6%, mientras que los lácteos y huevos aumentaron un 3,9%. Por su parte, las carnes mostraron una variación del 3,6%, consolidando una presión generalizada sobre distintos componentes de la alimentación.

La continuidad de los aumentos resulta especialmente significativa porque los alimentos tienen un peso central en los gastos de los hogares. A diferencia de otros consumos que pueden postergarse o reducirse, la compra de productos básicos constituye una necesidad permanente. Por ese motivo, cuando los precios de estos bienes crecen por encima del promedio general, el impacto suele sentirse con mayor intensidad entre las familias de menores ingresos, que destinan una proporción más elevada de su presupuesto a la alimentación.

El relevamiento de LCG muestra una dinámica que contrasta con el comportamiento del índice general de precios. El último dato oficial disponible del INDEC, correspondiente a septiembre, ubicó la inflación nacional en el 1,9% mensual. Para octubre, distintas consultoras privadas proyectaban un resultado cercano al 2%, aunque con diferencias entre las estimaciones. De esta manera, los alimentos aparecen como uno de los rubros que mantienen presión sobre el costo de vida, incluso cuando el indicador general muestra variaciones relativamente moderadas.

La diferencia entre el promedio de inflación y la evolución de los alimentos también se vincula con la composición de las canastas de consumo. El índice general contempla una amplia variedad de bienes y servicios, mientras que los productos alimenticios representan una parte indispensable del gasto familiar. Por eso, una desaceleración del IPC no necesariamente significa que los hogares perciban un alivio equivalente en el supermercado o en los comercios de cercanía.

Otros relevamientos privados también detectaron aumentos sostenidos durante octubre, aunque con diferencias en los porcentajes según la metodología y el período considerado. En la cuarta semana del mes, LCG registró un incremento semanal del 0,2% en alimentos y bebidas, mientras que el promedio de las últimas cuatro semanas se ubicó en el 2,7%. La diferencia con el 4,4% informado en el relevamiento publicado por Primereando responde a ventanas de medición distintas, por lo que resulta importante no confundir las variaciones acumuladas con las estimaciones más recientes.

En paralelo, el Banco Central advirtió en su Informe de Política Monetaria que durante el último trimestre algunos factores podrían generar nuevas presiones sobre los precios. Entre ellos mencionó la estacionalidad de la carne vacuna y los ajustes de determinados servicios regulados. La entidad sostuvo que esos movimientos podrían producir aumentos transitorios, aunque consideró que la política fiscal y monetaria debería contribuir a una reducción de la inflación en los meses siguientes.

El escenario deja expuesta una de las principales dificultades de la economía argentina: la estabilidad relativa del índice general no garantiza una recuperación del poder adquisitivo ni un alivio inmediato para los sectores que destinan gran parte de sus ingresos a cubrir necesidades básicas. Con alimentos que continúan registrando incrementos y una actividad económica que muestra dificultades en distintos rubros, el comportamiento de los precios en las góndolas seguirá siendo una variable central para medir el impacto cotidiano de la política económica.

Scroll al inicio