Netanyahu se juega su continuidad en unas elecciones decisivas en Israel

Traslado de urnas. Foto: Agencia NA (Xinhua-/Gil Cohen Magen).
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Unos 7,3 millones de israelíes están habilitados para votar en unos comicios atravesados por la guerra en Gaza, los cuestionamientos por los ataques de Hamás de octubre de 2023 y el desgaste del Gobierno. El exjefe militar Gadi Eisenkot encabeza uno de los principales espacios opositores, pero ninguno de los bloques tiene asegurada la mayoría parlamentaria.

Israel celebra este martes 27 de octubre unas elecciones legislativas que pueden redefinir el futuro político del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien lleva casi 19 años en el poder en distintos períodos. Los comicios se desarrollan en un contexto de fuertes tensiones internas, conflictos regionales y creciente aislamiento internacional. Unos 7,3 millones de ciudadanos están habilitados para votar en una contienda que tiene como protagonistas al Likud, el partido de derecha de Netanyahu, y a la formación centrista Yashar, liderada por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del Ejército israelí.

La elección llega después de los ataques encabezados por Hamás el 7 de octubre de 2023, que dejaron alrededor de 1.200 muertos en Israel y 251 personas secuestradas, y de la posterior ofensiva militar israelí sobre la Franja de Gaza. La guerra, que provocó una devastación generalizada en el territorio palestino y decenas de miles de muertes, se convirtió en uno de los ejes centrales de la evaluación pública sobre el liderazgo de Netanyahu. También se suman los enfrentamientos con Hezbolá en el Líbano y la escalada militar con Irán, que ampliaron el alcance regional del conflicto.

Uno de los principales cuestionamientos contra Netanyahu está relacionado con las fallas de seguridad que permitieron los ataques de octubre de 2023. El primer ministro ha sido criticado por no asumir responsabilidad política y por resistirse a una investigación estatal independiente sobre lo ocurrido. Eisenkot, por su parte, prometió impulsar una comisión de investigación y sostiene que la conducción de la guerra no logró eliminar a Hamás. El dirigente opositor, que también fue jefe militar y perdió a un hijo durante los combates en Gaza, construyó su campaña sobre la necesidad de revisar la conducción política y militar del país.

Las encuestas previas mostraban una competencia ajustada, aunque con diferencias entre las mediciones. Un sondeo del Canal 12 ubicaba a Yashar con 23 bancas, por encima de las 21 proyectadas para el Likud, mientras que el Canal 14, cercano a Netanyahu, anticipaba una ventaja más amplia para el oficialismo. El sistema electoral israelí es proporcional: la ciudadanía vota por listas partidarias y los escaños se distribuyen entre las fuerzas que superan el umbral del 3,25% de los sufragios. La Knesset, el Parlamento nacional, está integrada por 120 miembros.

La principal dificultad para ambos sectores será reunir los 61 escaños necesarios para formar una mayoría parlamentaria. El bloque de Netanyahu está integrado por el Likud, fuerzas de derecha radical y partidos ultraortodoxos. La oposición, en cambio, reúne espacios de distintas orientaciones ideológicas, desde la derecha tradicional hasta el centroizquierda, pero no constituye una alianza sin diferencias internas. Dirigentes como Naftali Bennett y Avigdor Liberman compiten por el liderazgo y no habían comprometido plenamente su respaldo a Eisenkot. Esa fragmentación puede complicar las negociaciones posteriores a la elección, independientemente de cuál sea el partido más votado.

El voto de la población árabe israelí también podría influir en el resultado. Este sector representa aproximadamente una quinta parte de la población del país y su participación electoral ha sido históricamente inferior al promedio general. Una mayor concurrencia podría modificar la distribución de bancas y las posibilidades de construir una mayoría opositora. Sin embargo, tanto Netanyahu como Eisenkot han mantenido reservas sobre una alianza formal con los partidos árabes, lo que agrega incertidumbre a las negociaciones para formar Gobierno.

La agenda electoral también incluye preocupaciones económicas y sociales. Una encuesta realizada en septiembre por el centro de investigación Achord de la Universidad Hebrea indicó que el 58% de los votantes de entre 22 y 34 años consideraba que el costo de vida y los precios de la vivienda influirían en su decisión electoral, mientras que el 36% mencionó cuestiones de seguridad. A esto se suman las controversias por las exenciones del servicio militar para estudiantes ultraortodoxos y las iniciativas del Gobierno relacionadas con el Poder Judicial, los medios de comunicación y las universidades. Netanyahu, además, enfrenta un juicio por corrupción en Israel, cargos que niega, y una orden de arresto de la Corte Penal Internacional vinculada con presuntos crímenes de guerra en Gaza.

El resultado tendrá consecuencias que exceden la disputa entre los principales candidatos. El presidente estadounidense Donald Trump expresó públicamente su respaldo a Netanyahu, mientras que el presidente argentino Javier Milei mantiene una relación política cercana con el primer ministro israelí. Si ningún bloque consigue una mayoría, las negociaciones podrían prolongarse durante semanas o meses y abrir la posibilidad de un Gobierno minoritario o de nuevas elecciones. La votación, la primera desde los ataques de octubre de 2023, definirá no solo la composición del Parlamento, sino también el rumbo de la política israelí frente a los conflictos regionales, la situación palestina y las demandas internas de responsabilidad política.

Fuente: Agencia Noticias Argentinas, Reuters y AFP.

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