Cinco expertos explican cómo la inteligencia artificial ya está cambiando la sociedad

Inteligencia Artificial
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Mientras los principales referentes de la industria tecnológica comienzan a advertir sobre los riesgos de una inteligencia artificial cada vez más poderosa, otra discusión cobra fuerza: qué está haciendo esta tecnología con las sociedades en el presente. Cinco especialistas entrevistados por Política Argentina analizaron el impacto de la IA y de las plataformas digitales sobre la economía, la política, la información y los vínculos sociales.}

Las cinco miradas parten de disciplinas diferentes. La economista e investigadora del CONICET Cecilia Rikap estudia la concentración del conocimiento y la dependencia digital; el politólogo Matías Bianchi analiza el poder político de las plataformas; el filósofo Tomás Balmaceda se concentra en la transformación algorítmica de la conversación pública; la socióloga Victoria O’Donnell aborda las nuevas formas de soledad; y la periodista e investigadora Valeria Di Croce estudia la relación entre las nuevas derechas, Silicon Valley y los ecosistemas digitales.

Para Rikap, uno de los principales problemas es la llamada dependencia digital. La economista cuestiona la idea de que simplemente atraer inversiones, centros de datos y grandes empresas tecnológicas garantice desarrollo autónomo. Las compañías más poderosas concentran infraestructura, servicios de nube, algoritmos, datos y conocimiento, mientras que otros países pueden terminar dependiendo de esas mismas empresas para desarrollar sus propias capacidades tecnológicas.

El planteo adquiere una dimensión particular en Argentina, donde el Gobierno de Javier Milei busca posicionar al país como un polo internacional de inteligencia artificial. Rikap advierte que Argentina posee capacidades importantes en software y formación profesional, pero sostiene que buena parte de las capacidades científicas necesarias para producir tecnología de frontera se encuentran en universidades y organismos públicos como el CONICET. Desde su perspectiva, la discusión no debería limitarse a atraer inversiones, sino preguntarse qué tecnología se produce, quién controla el conocimiento y quién se queda con sus beneficios.

Bianchi, en cambio, pone el foco sobre el poder político que acumularon las plataformas. Según su análisis, las grandes redes sociales dejaron de ser simplemente empresas tecnológicas y se transformaron en actores con una enorme capacidad para intervenir sobre la vida pública. El modelo económico basado en captar atención y datos genera incentivos para privilegiar contenidos que provoquen emociones fuertes, conflictos y polarización, porque ese tipo de publicaciones puede mantener a los usuarios conectados durante más tiempo.

Esa lógica también impacta sobre la conversación pública. Balmaceda sostiene que los algoritmos de recomendación modificaron radicalmente la manera en que las personas reciben información. Plataformas como TikTok, Instagram o X utilizan sistemas que seleccionan qué mostrar en función de aquello que consideran capaz de mantener interesado al usuario. Como cada persona puede recibir una combinación diferente de contenidos, comienza a fragmentarse lo que el especialista denomina el “mundo común” necesario para una sociedad democrática.

La transformación tecnológica también tiene una dimensión social. O’Donnell advierte sobre una paradoja de la época: nunca hubo tantas herramientas para comunicarse y, al mismo tiempo, la soledad se convirtió en un problema de alcance global. Para la socióloga, estar conectado permanentemente no significa necesariamente tener vínculos de confianza o espacios de pertenencia. La tecnología forma parte de este proceso, aunque la soledad también está relacionada con las desigualdades sociales, las condiciones laborales, las ciudades y el debilitamiento de instituciones y comunidades.

Di Croce lleva el análisis directamente al terreno político y observa cómo las plataformas digitales se integraron a las nuevas formas de construcción de poder. En su lectura, funcionarios, dirigentes, streamings, redes sociales, nuevos medios y medios tradicionales forman parte de un ecosistema en el que una declaración puede nacer en una plataforma, convertirse en tendencia y terminar dominando la agenda de televisión, radio y portales. La política, en ese esquema, queda cada vez más condicionada por una dinámica de conflicto permanente y por los mecanismos tecnológicos que determinan qué contenidos consiguen mayor circulación.

Las cinco miradas permiten así construir una fotografía más amplia: la inteligencia artificial no solamente plantea interrogantes sobre máquinas cada vez más poderosas, sino sobre quién controla la infraestructura tecnológica, quién organiza la información que consumimos, cómo se distribuye el conocimiento y qué ocurre con los vínculos sociales y la democracia. La discusión sobre los riesgos futuros de la IA es importante, pero buena parte de sus efectos ya están ocurriendo. La pregunta central, entonces, no es solamente qué podrá hacer la inteligencia artificial mañana, sino cuánto poder estamos entregando hoy a quienes controlan la tecnología que organiza una parte creciente de nuestras vidas.

Con ayuda de Politica Argentina

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