El IPC registró en agosto su menor variación mensual en 14 meses y acumuló un 21,3% en lo que va de 2026. El Gobierno celebró el dato, aunque los precios de las necesidades básicas avanzaron por encima del promedio general.
La inflación de agosto fue del 1,7%, según el dato difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Con este resultado, el Índice de Precios al Consumidor acumuló una suba del 21,3% durante los primeros ocho meses del año y llegó al 33,5% en la comparación interanual. El registro mensual fue el más bajo de los últimos 14 meses.
El número fue recibido con satisfacción por el Gobierno de Javier Milei, que lo presentó como una nueva señal de desaceleración del proceso inflacionario. El presidente destacó públicamente el resultado y felicitó al ministro de Economía, Luis Caputo, mientras el oficialismo busca instalar la baja de la inflación como uno de los principales resultados de su programa económico.
Sin embargo, el dato general del IPC convive con una realidad diferente cuando se observan los gastos esenciales de los hogares. En agosto, la Canasta Básica Total y la Canasta Básica Alimentaria aumentaron 2,6%, es decir, casi un punto porcentual por encima de la inflación promedio. Esto implica que determinados consumos indispensables evolucionaron a un ritmo mayor que el índice general.
Entre los rubros que más aumentaron durante agosto se ubicó Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con una suba del 2,8%. Le siguieron Educación, con 2,5%, y Salud, con 2,4%. En el otro extremo, Prendas de vestir y calzado registró una caída del 0,6%, en un comportamiento asociado al impacto de la apertura de importaciones.
La inflación núcleo, que excluye algunos precios regulados y estacionales, también constituye un dato relevante para analizar la dinámica de fondo. Su persistencia alrededor de niveles cercanos al 1,8% muestra que, aunque el índice general se desaceleró, todavía existe una dinámica de aumentos que no desapareció del escenario económico.
El acumulado anual también marca una diferencia importante respecto de las metas oficiales. Los precios aumentaron 21,3% entre enero y agosto, mientras que el Presupuesto 2026 contemplaba una inflación anual del 10,1%. Es decir, a falta de cuatro meses para terminar el año, el incremento acumulado ya duplicó ampliamente aquella previsión.
La discusión económica queda entonces atravesada por dos lecturas. Para el Gobierno, el 1,7% confirma que la inflación dejó atrás los niveles críticos registrados anteriormente y avanza hacia una mayor estabilidad. Para sus críticos, en cambio, el número debe analizarse junto con la evolución de salarios, consumo, empleo y el costo de las necesidades básicas, porque una desaceleración de los precios no significa que los precios hayan dejado de subir.
El contraste con las canastas básicas es especialmente significativo. Mientras el IPC aumentó 1,7% en agosto, una familia tipo necesitó más de $1,6 millones para superar la línea oficial de pobreza y la Canasta Básica Alimentaria también avanzó 2,6%. La inflación puede bajar en términos porcentuales y, al mismo tiempo, el costo de llegar a fin de mes seguir aumentando.
El dato de agosto representa, sin dudas, una mejora respecto de los niveles inflacionarios de los últimos años, pero también deja planteados los límites del festejo oficial. Con un 33,5% interanual y una inflación acumulada del 21,3% en apenas ocho meses, la batalla contra la suba de precios todavía está lejos de estar terminada. El verdadero desafío será que esa desaceleración se traduzca en una mejora concreta del poder adquisitivo y del consumo de los hogares.
Fuente: Filo.News



