El FMI minimiza la mora de las familias: “No es un riesgo para la estabilidad financiera”

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El Fondo Monetario Internacional consideró que el aumento de la morosidad de los hogares argentinos no representa, por ahora, una amenaza para la estabilidad del sistema financiero. La evaluación llega mientras más de 20 millones de personas tienen algún tipo de deuda y el 26,1% de los deudores registra atrasos.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) relativizó la preocupación por el fuerte crecimiento de la morosidad de las familias argentinas y consideró que, pese al deterioro registrado durante los últimos meses, la situación no constituye actualmente un riesgo para la estabilidad financiera del país. La evaluación aparece en medio de un debate político y económico cada vez más intenso sobre el endeudamiento de los hogares y la pérdida de capacidad de pago.

El escenario que analiza el organismo internacional se produce en un contexto de fuerte expansión del endeudamiento de las familias. Según datos difundidos recientemente, más de 20 millones de argentinos mantienen deudas con bancos, tarjetas de crédito, billeteras virtuales y otras entidades financieras. Del total de deudores, alrededor del 26,1% se encuentra en situación de mora, mientras que el volumen de créditos irregulares representa una proporción cada vez mayor del financiamiento otorgado.

El dato que más llama la atención es la velocidad con la que creció la deuda problemática. El porcentaje de créditos en situación irregular pasó del 4,2% registrado a fines de 2023 al 17,5%, de acuerdo con las cifras difundidas en el marco del debate parlamentario. Es decir, el deterioro de la capacidad de pago de los hogares se produjo en paralelo con un proceso de recomposición de las condiciones financieras y una fuerte presión sobre los ingresos familiares.

Sin embargo, para el FMI el aumento de la mora no implica necesariamente que el sistema financiero esté frente a una crisis. La diferencia es importante: una cosa es el deterioro de la economía de los hogares y otra es que ese deterioro pueda provocar una crisis bancaria sistémica. El organismo considera que, mientras las entidades financieras mantengan niveles adecuados de solvencia y puedan absorber las pérdidas derivadas de los créditos impagos, el problema puede mantenerse acotado sin convertirse en una amenaza para la estabilidad general.

La discusión adquiere una dimensión política porque el Gobierno de Javier Milei viene sosteniendo que el endeudamiento de las familias constituye principalmente un problema entre privados. El Presidente rechazó la idea de que el Estado deba intervenir directamente para resolver esas obligaciones, una posición que fue cuestionada por sectores de la oposición que reclaman medidas específicas frente al crecimiento de los atrasos en préstamos, tarjetas y créditos otorgados por plataformas digitales.

La oposición logró llevar el problema al Congreso luego de reunir el quórum necesario para tratar la situación de la morosidad familiar. El debate se produjo junto con la discusión sobre la emergencia en discapacidad y terminó con un emplazamiento a las comisiones para comenzar a analizar propuestas destinadas a abordar el aumento del endeudamiento. El oficialismo acompañó finalmente la votación, aunque buscó evitar que la discusión implicara un impacto fiscal directo sobre las cuentas públicas.

Detrás de los números financieros aparece una cuestión mucho más cotidiana: qué ocurre cuando las familias comienzan a utilizar el crédito para sostener gastos que antes podían afrontar con sus ingresos. Tarjetas, préstamos personales y billeteras virtuales pueden transformarse en una herramienta para atravesar una dificultad temporal, pero cuando los ingresos no alcanzan durante períodos prolongados, el endeudamiento puede convertirse en una cadena difícil de romper. La mora pasa entonces de ser un indicador financiero a convertirse en un síntoma del deterioro de la economía doméstica.

El planteo del FMI abre así una discusión que excede las estadísticas bancarias. Que la morosidad familiar no sea considerada actualmente un riesgo para la estabilidad financiera no significa que el problema no exista para millones de hogares. La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo puede sostenerse una economía en la que el sistema financiero permanece estable mientras una parte creciente de las familias tiene dificultades para cumplir con sus deudas. En esa tensión entre la estabilidad de los bancos y la fragilidad de los hogares se encuentra uno de los debates económicos centrales de la Argentina actual.

Fuente: La Nueva Mañana

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