El Gobierno libertario pasó de reivindicar en 2025 el derecho de los habitantes de las islas a decidir su futuro a lanzar ahora una nueva ofensiva diplomática, económica y militar por la soberanía. Una cronología muestra cómo cambió el discurso oficial y qué intereses internacionales y políticos aparecen detrás de la repentina “malvinización” de Javier Milei.
La política de Javier Milei sobre Malvinas atraviesa un giro que difícilmente pase inadvertido. Después de haber reivindicado públicamente el derecho de autodeterminación de los habitantes de las islas, el Gobierno volvió a colocar la soberanía argentina en el centro de su agenda con anuncios de sanciones para empresas vinculadas a la explotación hidrocarburífera y con la intención de avanzar sobre el proyecto de Base Naval Integrada en Ushuaia. La cronología de los últimos años muestra que no se trata simplemente de una continuidad discursiva, sino de un cambio significativo en la manera en que la Casa Rosada aborda una de las principales causas históricas de la política exterior argentina.
Uno de los antecedentes que más contrasta con el discurso actual ocurrió el 2 de abril de 2025. En el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, Milei sostuvo que, si de soberanía se trataba, “el voto más importante” era el que se hacía “con los pies” y manifestó su deseo de que los habitantes de las islas algún día decidieran “votarnos con los pies a nosotros”. Aquella definición fue interpretada como un reconocimiento al principio de autodeterminación que históricamente sostiene el Reino Unido para justificar su posición sobre el archipiélago.
El giro tampoco puede analizarse sin mirar la relación del Gobierno argentino con Estados Unidos y el Reino Unido. La nueva ofensiva sobre Malvinas aparece en un contexto internacional marcado por la presión de Donald Trump sobre Londres y por el conflicto en torno al estrecho de Ormuz. Según el análisis publicado por La Nueva Mañana, el cambio de tono de Milei coincide con un escenario geopolítico en el que Washington mantiene tensiones con el Reino Unido, mientras la administración libertaria busca reposicionarse frente a una disputa histórica que había quedado relegada en su discurso.
La cuestión petrolera constituye otro capítulo central de esta historia. En mayo de 2010, la compañía británica Rockhopper anunció el descubrimiento de hidrocarburos frente a las islas, dando origen al proyecto Sea Lion. Un año después, el Congreso argentino respondió con la Ley 26.659, que establece restricciones y sanciones para empresas que exploten hidrocarburos en las áreas disputadas sin autorización argentina, además de contemplar medidas contra compañías que presten asistencia logística o comercial. Ahora, el Gobierno de Milei volvió a poner esas herramientas legales sobre la mesa como parte de su nueva estrategia.
También aparece en la cronología la Base Naval Integrada de Ushuaia. Las obras comenzaron en marzo de 2022 con financiamiento estatal y tenían como objetivo ampliar la infraestructura logística y fortalecer la presencia argentina en el Atlántico Sur. Sin embargo, según la publicación, el proyecto quedó prácticamente paralizado durante la actual gestión por falta de fondos. Paradójicamente, después de haber frenado su desarrollo, el Gobierno vuelve ahora a presentarlo como una pieza importante de su política hacia el Atlántico Sur, en un momento en que la cuestión Malvinas recuperó protagonismo.
La cronología incorpora además un episodio que terminó funcionando como un inesperado catalizador del interés por Malvinas. Durante el Mundial de 2026, luego del triunfo argentino frente a Inglaterra en semifinales, los jugadores exhibieron una bandera vinculada al reclamo de soberanía pese a las restricciones impuestas por FIFA. Según los datos citados por La Nueva Mañana, el interés mundial por las Islas Malvinas en Google Trends se disparó un 2.400% después de aquel episodio. En paralelo, meses más tarde, el Gobierno nacional quedó involucrado en una polémica por el amarre en Ushuaia de un buque petrolero de bandera británica.
Así, el Gobierno que durante buena parte de su gestión evitó colocar la recuperación de las islas como una prioridad central vuelve ahora a hablar de soberanía, sanciones, hidrocarburos y presencia militar en el Atlántico Sur. El cambio resulta todavía más llamativo porque la propia administración libertaria había reivindicado anteriormente una postura compatible con la autodeterminación de los habitantes del archipiélago. Esa contradicción es uno de los puntos centrales del debate político: mientras el Gobierno asegura que siempre sostuvo la reivindicación argentina, sus propias declaraciones y decisiones muestran matices y cambios de énfasis que no pasan inadvertidos.
La pregunta que queda planteada es por qué Malvinas volvió a ocupar semejante lugar en la agenda de Milei justamente ahora. La respuesta, según el análisis de La Nueva Mañana, combina la presión internacional sobre el Reino Unido, los intereses energéticos del Atlántico Sur y una coyuntura política en la que el Gobierno necesita recuperar iniciativa y marcar agenda. La Causa Malvinas, que atraviesa generaciones y constituye una política de Estado para la Argentina, vuelve así al centro de la discusión, pero con un interrogante inevitable: ¿se trata de una verdadera estrategia de soberanía o de una nueva bandera política para una gestión que necesita volver a marcar el rumbo?
Fuente: La Nueva Mañana.


