Las ventas minoristas de las pymes retrocedieron 0,2% interanual y 2,7% mensual en agosto. El acumulado de 2026 ya muestra una caída del 2,4% y los comerciantes advierten que la pérdida de poder adquisitivo está llevando a los consumidores a limitarse a los gastos indispensables.
Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas volvieron a retroceder en agosto y el dato vuelve a poner el consumo en el centro de la discusión económica. De acuerdo con el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las operaciones cayeron 0,2% frente al mismo mes del año pasado y 2,7% en la comparación mensual desestacionalizada. Con este resultado, el comercio pyme acumula una baja del 2,4% en lo que va de 2026.
El número adquiere mayor relevancia porque se trata del segundo retroceso consecutivo después del pequeño alivio registrado en junio, cuando las ventas habían conseguido avanzar 0,9%. La última medición interanual positiva había sido en abril de 2025, con una mejora del 3,7%, y luego se encadenaron 13 meses de contracción hasta aquella recuperación puntual de junio. Agosto volvió a mostrar que el consumo todavía no consigue sostener una tendencia firme de recuperación.
Desde CAME vincularon directamente el escenario con la pérdida de poder adquisitivo. La entidad señaló que los aumentos en las tarifas de los servicios y el endeudamiento de las familias están reduciendo el margen disponible de los hogares. A eso se sumó el menor movimiento posterior a las vacaciones y una menor disponibilidad de ingresos para gastos no esenciales, lo que terminó profundizando la cautela de los consumidores.
La consecuencia aparece en el mostrador: las familias priorizan cada vez más aquello que consideran imprescindible y postergan compras que pueden esperar. El comercio presencial queda así atrapado entre consumidores con menos margen y empresarios que deben sostener costos de funcionamiento cada vez más difíciles de absorber. El problema no se limita entonces a vender menos, sino también a la dificultad para generar condiciones que permitan recuperar rentabilidad e invertir.
El relevamiento cualitativo de CAME muestra hasta qué punto se instaló la cautela entre los comerciantes. El 47,4% de los empresarios consultados sostuvo que su nivel de actividad se mantuvo respecto del año anterior, mientras que el 46,5% señaló un empeoramiento de las condiciones de su negocio. Apenas el 6,1% manifestó haber registrado una mejora. La fotografía deja un sector prácticamente partido entre quienes resisten y quienes sienten que la situación empeora.
Las expectativas tampoco muestran un escenario de entusiasmo. El 43,9% de los comerciantes considera que su situación económica seguirá sin cambios, mientras que el 42,8% espera una mejora y el 13,3% anticipa un deterioro. Más contundente todavía es el dato sobre las inversiones: el 57,9% respondió que no considera que sea momento de invertir en su empresa, una señal clara de la prudencia con la que el sector está atravesando el actual escenario.
No todos los rubros tuvieron el mismo comportamiento. Perfumería registró una suba interanual del 12,8%, seguida por textil e indumentaria con 6,4%, calzado y marroquinería con 1,2% y ferretería, materiales eléctricos y de construcción con 0,3%. En cambio, los retrocesos más importantes aparecieron en bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles, con una caída del 4,8%; alimentos y bebidas, con 2,5%; y farmacia, con 0,5%.
El dato más revelador quizá esté en la diferencia entre el comercio físico y las nuevas modalidades de compra: durante agosto, las ventas online realizadas por comercios con local a la calle crecieron 17,6% interanual y 0,4% respecto de julio. Pero ese avance no alcanza para revertir el cuadro general. Con el consumo presencial nuevamente en terreno negativo y una caída acumulada del 2,4% en el año, los números vuelven a plantear una pregunta incómoda para la economía argentina: si el bolsillo no alcanza, ¿cómo se sostiene la recuperación del consumo?
Fuente: La Nueva Mañana


