De la fruta al trabajo: una cooperativa riojana convierte cada cosecha en desarrollo local

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En San Blas de los Sauces, La Rioja, la Cooperativa de Trabajo La Sauceña transforma frutas de estación en mermeladas, dulces y productos regionales que llegan al turismo y a distintos puntos del país. Integrada por siete familias encabezadas por mujeres, la organización nació para evitar el desperdicio de la producción local y generar fuentes de trabajo en la comunidad.

En pleno corazón del norte riojano, sobre la Ruta Nacional 40, una experiencia cooperativa demuestra cómo la economía social puede convertir un problema productivo en una oportunidad de desarrollo. La Cooperativa de Trabajo La Sauceña Ltda. aprovecha los excedentes de frutas de estación para elaborar productos artesanales que no solo forman parte de la identidad gastronómica de la región, sino que también representan una fuente de ingresos para familias locales.

La organización tiene aproximadamente 18 años de existencia, aunque el grupo que actualmente lleva adelante la producción trabaja de manera conjunta desde hace seis. Su origen estuvo directamente relacionado con una problemática concreta de la zona: había una importante cantidad de fruta disponible que no encontraba destino comercial y terminaba desperdiciándose. Al mismo tiempo, las familias necesitaban nuevas alternativas para generar trabajo y sostener la economía local.

Nació para dar respuesta a que había mucha fruta en la zona que no se le daba utilidad y también se necesitaban fuentes de trabajo”, explicó la presidenta de la cooperativa, Luisa Ávila. Con esa premisa, el proyecto fue creciendo hasta convertirse en una experiencia de producción y comercialización que combina saberes tradicionales, organización colectiva y aprovechamiento de los recursos disponibles en la comunidad.

Actualmente, la cooperativa está integrada por siete familias, todas encabezadas por mujeres del departamento San Blas de los Sauces. Allí elaboran de manera artesanal una amplia variedad de productos, entre los que se destacan el dulce de durazno, considerado uno de los emblemas gastronómicos de la región, además de preparaciones de membrillo, pera, manzana, zapallo, granada y dulce de leche de vaca y de cabra.

Uno de los aspectos centrales de la experiencia es que la producción se adapta al calendario agrícola. “Según la temporada del año en la que estemos es el dulce que realizamos”, explicó Ávila. Incluso vecinos de la localidad acercan frutas cosechadas en sus propios hogares para que sean procesadas por la cooperativa, una práctica que permite aprovechar alimentos que de otra manera podrían terminar desperdiciados y, al mismo tiempo, fortalecer los vínculos económicos dentro de la comunidad.

La comercialización también fue ampliándose con el paso de los años. La cooperativa combina la venta directa a turistas que visitan la región con envíos hacia diferentes puntos del país. Durante la pandemia comenzaron a consolidar nuevas modalidades de distribución y actualmente cuentan con vínculos comerciales que les permiten llegar a provincias como Catamarca e incluso realizar despachos hacia la Patagonia. Además, su participación en una federación de cooperativas de distintos rubros les permitió acceder a acompañamiento y fortalecer sus relaciones dentro de la economía social.

El desafío ahora es seguir creciendo sin perder la escala y la identidad que caracterizan al proyecto. Para lo que resta de 2026, la cooperativa tiene como principal objetivo ampliar su infraestructura, incorporar nuevas máquinas y mejorar la cartelería para aumentar su visibilidad. “Queremos hacer una ampliación de la Cooperativa porque nos falta espacio para instalar las nuevas máquinas”, señaló Ávila. La experiencia de La Sauceña muestra que detrás de cada cosecha puede existir mucho más que una materia prima: puede haber trabajo, arraigo, producción local y una comunidad organizada que apuesta por construir su propio desarrollo.

Con ayuda de Motor Economico

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