El docente cuestionó el tratamiento mediático del caso, advirtió sobre el impacto de los discursos de odio y relató cómo la tragedia afectó a estudiantes, familias y docentes. “La escuela no puede sola contra una sociedad que está rota”, sostuvo.
Mientras las cámaras abandonaban lentamente la puerta de la escuela y la cobertura nacional comenzaba a perder intensidad, dentro de las aulas la realidad seguía siendo otra. El femicidio de Agostina dejó una profunda marca en estudiantes, docentes y familias que aún intentan procesar el dolor y las consecuencias de una tragedia que conmocionó a Córdoba.
En diálogo con Estamos Mal Pero Vamos Bien, Diego Cortéz compartió una mirada crítica sobre lo ocurrido y sobre las repercusiones que tuvo el caso tanto dentro como fuera de la comunidad educativa.
“La escuela no puede contra una sociedad que está dispuesta a dañar”, afirmó durante una entrevista en la que abordó temas como la violencia de género, el tratamiento mediático de los casos de femicidio, el rol de las redes sociales y las dificultades que enfrentan las instituciones educativas para acompañar a sus estudiantes en contextos cada vez más complejos.
Uno de los aspectos que más preocupación generó tras el crimen fue el impacto que tuvo sobre las adolescentes de la escuela. Según relató Cortéz, muchas familias comenzaron a restringir actividades cotidianas de sus hijas por miedo a que les ocurriera algo similar.
“Las chicas dejaron de salir solas, de ir a comprar o de visitar a una amiga. El miedo se instaló en muchas familias”, explicó.
Diego, cuestionó el tratamiento mediático del caso, defendió el trabajo de la escuela y advirtió sobre el impacto de los discursos de odio y la violencia de género en la vida cotidiana de adolescentes y jóvenes.
La conmoción por el femicidio de Agostina sigue generando interrogantes, debates y profundas reflexiones en la sociedad cordobesa. Sin embargo, mientras gran parte de la cobertura mediática se concentró en los detalles del caso y en la búsqueda de explicaciones inmediatas, hubo una institución que debió afrontar las consecuencias más complejas de la tragedia: la escuela.
En una extensa entrevista brindada a Estamos Mal Pero Vamos Bien, Diego Munayco, directivo de la institución educativa a la que asistía la joven, compartió una mirada crítica sobre lo ocurrido y sobre el rol que jugaron los medios de comunicación, las redes sociales y la sociedad en general durante los días posteriores al crimen.
“LOS MEDIOS SE FUERON, NOSOTROS NOS QUEDAMOS”
Una de las frases más contundentes de la entrevista resume el sentimiento que atraviesa a gran parte de la comunidad educativa.
Mientras los móviles de televisión y los cronistas abandonaron lentamente el lugar, la escuela continuó enfrentando las consecuencias emocionales del caso junto a sus estudiantes, docentes y familias.
“La escuela resiste”, sostuvo Munayco, al describir el trabajo cotidiano que realizan docentes y directivos en un contexto social cada vez más complejo.
La institución cuenta actualmente con más de 400 estudiantes y recibe a jóvenes provenientes de distintos barrios de la ciudad. Según explicó, muchos de ellos enfrentan situaciones económicas y familiares difíciles que impactan directamente en sus trayectorias escolares.
EL MIEDO QUE QUEDÓ EN LAS AULAS
Uno de los efectos más visibles tras el femicidio fue el cambio en la vida cotidiana de muchas adolescentes.
Cortez relató que, luego del crimen, numerosas familias comenzaron a restringir las actividades de sus hijas por temor a que pudieran sufrir situaciones similares.
“No las dejaban salir a comprar el pan, visitar a una amiga o ir a la casa de un familiar”, explicó.
En cambio, señaló que los varones continuaron desarrollando sus actividades habituales, una situación que expone cómo la violencia de género impacta de manera desigual sobre mujeres y hombres.
Para el directivo, el problema no debería resolverse limitando la libertad de las jóvenes, sino construyendo una sociedad donde puedan circular con seguridad y sin miedo.
“La situación ideal es que una mujer pueda salir vestida como quiera, a la hora que quiera, sabiendo que no le va a pasar nada”, afirmó.
LA RESPONSABILIDAD DE LOS MEDIOS Y LAS REDES
Durante la entrevista también hubo fuertes cuestionamientos al tratamiento mediático del caso.
Munayco denunció la difusión de información falsa, exagerada o descontextualizada por parte de algunos medios de comunicación y criticó la falta de criterios éticos en determinadas coberturas.
Entre otros ejemplos, cuestionó la exposición pública de menores de edad y la circulación de versiones no verificadas que terminaron amplificando el dolor de las familias y la comunidad educativa.
Además, advirtió sobre el papel que cumplen las redes sociales en la reproducción de discursos violentos y estigmatizantes.
“La escuela no puede contra una sociedad que está dispuesta a dañar”, expresó.
EDUCACIÓN, VIOLENCIA Y DISCURSOS DE ODIO
Para el directivo, la violencia de género no puede analizarse como un hecho aislado.
Según planteó, existe una responsabilidad colectiva que involucra a instituciones, medios de comunicación, dirigentes políticos y referentes sociales.
En ese sentido, cuestionó la naturalización de expresiones discriminatorias y agresivas que circulan en distintos ámbitos de la vida pública.
“La escuela educa, pero los medios de comunicación y los discursos de quienes tienen responsabilidades públicas también educan”, sostuvo.
Munayco remarcó que los discursos de odio y la violencia simbólica terminan generando consecuencias concretas sobre las formas de relacionarse y sobre la percepción que niños, niñas y adolescentes construyen acerca del mundo que los rodea.
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A lo largo de la conversación también defendió el trabajo que realizan las instituciones educativas en contextos de vulnerabilidad social.
Explicó que muchas veces las ausencias escolares responden a situaciones familiares complejas: adolescentes que deben cuidar hermanos menores, colaborar en tareas domésticas o asumir responsabilidades que exceden su edad.
Por eso rechazó algunas interpretaciones mediáticas que buscaron instalar sospechas sobre la actuación de la escuela frente a las faltas de Agostina.
Según detalló, la institución activó los mecanismos correspondientes, mantuvo contacto con la familia y siguió los procedimientos previstos por la normativa educativa.
UNA REFLEXIÓN QUE TRASCIENDE EL CASO
Más allá de las circunstancias particulares del femicidio de Agostina, la entrevista deja planteado un debate más amplio sobre el rol de la educación, la responsabilidad social frente a la violencia de género y la necesidad de construir una comunicación más ética y comprometida.
“Ya no podemos hacer nada por Agostina”, reflexionó Munayco hacia el final de la charla.
“Pero sí podemos trabajar por los 407 estudiantes que siguen en esta escuela y por todas las Agostinas que hoy están en las escuelas de Córdoba”.
Una frase que sintetiza el desafío que permanece abierto: transformar la conmoción en acción y evitar que nuevas tragedias vuelvan a repetirse.



