La maquinaria agrícola santafesina queda al límite por la caída de ventas y la presión importadora

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El sector de maquinaria agrícola de Santa Fe atraviesa uno de sus momentos más complejos: fabricantes advierten que las ventas llegaron a niveles críticos, mientras el ingreso de equipos importados y usados aumenta la presión sobre las empresas nacionales. La industria, uno de los principales motores productivos del interior, reclama medidas para sostener el empleo y la fabricación local.

La industria de maquinaria agrícola santafesina atraviesa un escenario de fuerte preocupación por la combinación de varios factores que golpean al sector: la caída de la demanda interna, las dificultades financieras de productores y contratistas, y el crecimiento de las importaciones de equipos nuevos y usados. Según un análisis publicado por Letra P, las empresas fabricantes sienten que el mercado perdió dinamismo y que la apertura importadora profundiza una situación que ya era compleja.

Santa Fe es una de las provincias centrales para esta actividad, con una amplia concentración de fábricas y proveedores vinculados a la cadena agroindustrial. El entramado incluye fabricantes de sembradoras, cosechadoras, implementos y componentes, además de cientos de pequeñas y medianas empresas que dependen del movimiento del sector. La crisis de la maquinaria agrícola no afecta únicamente a las terminales, sino también a talleres metalúrgicos, proveedores de piezas y trabajadores especializados.

Uno de los principales reclamos de los fabricantes está vinculado al avance de las importaciones. Empresarios del sector cuestionan que el ingreso de maquinaria extranjera, especialmente usada, genera una competencia difícil de enfrentar para las empresas nacionales debido a las diferencias de costos, carga impositiva y condiciones de producción frente a otros países.

La preocupación se incrementó luego de la habilitación para importar maquinaria agrícola usada, una medida defendida por el Gobierno nacional como una forma de ampliar la oferta y permitir que productores accedan a equipos a menor costo. Sin embargo, desde la industria sostienen que esa política puede afectar la producción local y poner en riesgo puestos de trabajo vinculados a la fabricación nacional.

El problema se suma a una reducción en el ritmo de ventas. Aunque durante algunos períodos hubo una recuperación impulsada por créditos y mejores expectativas para el agro, los fabricantes advierten que la demanda volvió a debilitarse. La incertidumbre económica, los menores márgenes de rentabilidad y las dificultades para acceder a financiamiento frenaron decisiones de inversión de muchos productores.

Desde las cámaras empresarias remarcan que la maquinaria agrícola argentina tiene una fuerte presencia en el interior productivo y genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos. Por eso, consideran que la discusión no pasa únicamente por el precio final de una máquina, sino por el impacto que puede tener sobre una cadena industrial estratégica para provincias como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires.

Otro de los puntos señalados por el sector es la desigualdad competitiva frente a Brasil. Los fabricantes argentinos sostienen que las empresas radicadas en el país enfrentan mayores costos productivos y fiscales, mientras que los equipos provenientes del exterior llegan con ventajas que dificultan competir en igualdad de condiciones.

La situación también genera preocupación política en Santa Fe, donde autoridades provinciales y representantes industriales plantearon sus diferencias con algunas medidas nacionales vinculadas a la apertura comercial. La maquinaria agrícola es considerada una actividad estratégica por su capacidad de generar valor agregado, empleo calificado y desarrollo tecnológico en numerosas localidades del interior santafesino.

Mientras el Gobierno nacional sostiene que la competencia externa puede favorecer a los productores mediante mejores precios y mayor disponibilidad de tecnología, los fabricantes locales advierten que una apertura sin medidas de acompañamiento puede terminar debilitando una industria que tardó décadas en consolidarse. El futuro del sector dependerá de cómo evolucione la demanda, el acceso al crédito y la relación entre producción nacional e importaciones.

Fuente: Letra P

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