La UNC restituye legajos de víctimas de la dictadura y transforma viejos archivos en actos de verdad, memoria y justicia
Décadas después del horror, la Universidad Nacional de Córdoba vuelve a mirar su propia historia para reparar una de las heridas más profundas que dejó el terrorismo de Estado. La restitución de legajos de estudiantes, docentes, graduados y trabajadores desaparecidos no es un simple trámite administrativo: es un acto de justicia histórica contra el olvido.
Durante años, en numerosos archivos universitarios quedaron registradas frases burocráticas que ocultaban una tragedia. Allí donde figuraba que un estudiante había “abandonado sus estudios”, que había “perdido la condición de alumno” o que había interrumpido su trayectoria académica, la realidad era mucho más brutal: esas personas habían sido secuestradas, asesinadas o desaparecidas por el terrorismo de Estado. Hoy, la Universidad Nacional de Córdoba trabaja para corregir esa mentira histórica y dejar asentada la verdad.
La iniciativa forma parte del programa de reparación y restitución de legajos impulsado por la UNC junto al Observatorio de Derechos Humanos de la Secretaría de Extensión Universitaria y el Archivo Provincial de la Memoria. El proyecto fue aprobado por unanimidad por el Honorable Consejo Superior en 2021 y tiene como objetivo reconstruir la verdadera historia de quienes fueron perseguidos por razones políticas durante los años más oscuros de la Argentina.
Lejos de ser una cuestión meramente documental, cada legajo reparado representa una vida, una historia y un proyecto truncado por la violencia estatal. Son jóvenes que soñaban con recibirse, docentes comprometidos con la educación pública, trabajadores universitarios que formaban parte de la comunidad académica y que fueron arrancados de sus aulas, oficinas y hogares por la maquinaria represiva de la dictadura.
La restitución de estos documentos se ha convertido en una política institucional permanente dentro de la Casa de Trejo. En los últimos años ya se realizaron actos de reparación en distintas unidades académicas, incluyendo la Facultad de Ciencias Sociales, la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, la Facultad de Filosofía y Humanidades y la Facultad de Ciencias Económicas. Cada ceremonia reúne a familiares, organismos de derechos humanos, autoridades universitarias y estudiantes para rendir homenaje a quienes siguen presentes en la memoria colectiva.
En el caso de la Facultad de Filosofía y Humanidades, la UNC restituyó 70 legajos de estudiantes y egresados víctimas del terrorismo de Estado. La actividad incluyó caminatas, homenajes, fotografías y la participación de familiares que durante décadas sostuvieron la lucha por la memoria. La universidad definió estas acciones como un paso fundamental hacia la reparación histórica y la consolidación de la verdad.
Los números permiten dimensionar la magnitud de la tragedia. Según los registros elaborados por la propia universidad, fueron al menos 518 las víctimas del terrorismo de Estado vinculadas a la UNC entre estudiantes, docentes, graduados y trabajadores nodocentes. Detrás de cada nombre existe una historia de militancia, compromiso social, sueños colectivos y proyectos de vida que fueron violentamente interrumpidos.
Pero también hay un mensaje hacia el presente. La reparación de los legajos no busca únicamente reconstruir el pasado. Busca dejar una enseñanza para las nuevas generaciones: que ninguna sociedad democrática puede construirse sobre el silencio, la negación o el olvido. Que la memoria no es una fecha en el calendario sino una herramienta para defender los derechos humanos todos los días.
En tiempos donde algunos sectores intentan relativizar los crímenes de la dictadura o minimizar el valor de las políticas de memoria, la Universidad Nacional de Córdoba reafirma un compromiso histórico que atraviesa generaciones. Cada legajo reparado es una victoria contra la impunidad. Cada nombre recuperado vuelve a ocupar el lugar que nunca debió perder.
✨ Porque no abandonaron sus estudios. No dejaron de asistir. No eligieron irse.
Los desaparecieron.
Y por eso, cada restitución es mucho más que un documento corregido: es un acto de memoria, una reparación de la verdad y una forma concreta de seguir construyendo justicia



