La multinacional química alemana pasó de cuatro a tres turnos en su planta de General Lagos, en el cordón industrial de Rosario. El sindicato denunció que 13 trabajadores dejaron el establecimiento y se declaró en estado de alerta y asamblea permanente ante la posibilidad de nuevos recortes.
La crisis industrial suma una nueva señal de preocupación en el sur de Santa Fe. La multinacional alemana BASF redujo el esquema de producción de su planta ubicada en General Lagos, en el cordón industrial de Rosario, y desde el 1° de noviembre comenzó a operar con tres turnos en lugar de los cuatro que tenía anteriormente. La decisión encendió las alarmas entre los trabajadores por el impacto que podría tener sobre los puestos de empleo.
La medida fue justificada por la empresa a partir de la caída de la demanda y la necesidad de reorganizar su actividad para mejorar la competitividad. En un comunicado, BASF sostuvo que busca fortalecer la sostenibilidad de su negocio de dispersiones y resinas a largo plazo. También mencionó otros factores, como la sobrecapacidad instalada en los mercados local y regional, la presión sobre los precios y el peso de los costos fijos.
Sin embargo, la explicación empresarial no despejó la preocupación sindical. Desde el Sindicato de Trabajadores Químicos de Rosario señalaron que en las últimas semanas ya se produjo una reducción de personal y que 13 operarios dejaron de trabajar en el establecimiento. El gremio denunció que parte de esas desvinculaciones se concretaron mediante retiros voluntarios que, según su interpretación, encubrieron despidos.
Rubén Carroselli, integrante de la organización sindical, explicó que la fábrica había llegado a trabajar de manera continua de lunes a lunes, pero que la actividad comenzó a disminuir progresivamente. El nuevo esquema representa un recorte en la capacidad operativa de la planta y alimenta la incertidumbre entre quienes continúan trabajando allí, ante la posibilidad de que la empresa avance con nuevas medidas de ajuste.
En el marco de las negociaciones, BASF presentó una propuesta de retiros voluntarios que, de acuerdo con la información difundida por el sindicato, contemplaba el pago de la indemnización correspondiente por ley, un adicional del 20% y seis meses de cobertura de obra social. Desde el gremio señalaron que la salida de 13 trabajadores ya representa un impacto concreto sobre el plantel y advirtieron que seguirán de cerca cualquier decisión que pueda afectar el empleo.
La planta de General Lagos produce dispersiones poliméricas y aditivos que se utilizan en la fabricación de pinturas, impermeabilizantes, adhesivos, masillas y otros insumos vinculados con la construcción y la industria. En el mismo predio funciona además un centro de distribución de productos destinados a la protección de cultivos. Según los datos difundidos, el establecimiento reúne alrededor de 150 trabajadores directos e indirectos, de los cuales unos 70 están comprendidos en el convenio del sector químico.
Frente a este escenario, el sindicato se declaró en estado de alerta y asamblea permanente. La organización reclama garantías para los puestos de trabajo y busca evitar que la reorganización productiva se traduzca en nuevas desvinculaciones. Mientras tanto, la empresa aseguró que la planta continuará funcionando y que seguirá cumpliendo un papel relevante dentro de su red regional de abastecimiento, por lo que aclaró que la reducción de turnos no implica el cierre del establecimiento.
El caso de BASF se suma a las dificultades que atraviesan distintos sectores de la industria argentina, afectados por la retracción del consumo, la caída de la actividad y el aumento de los costos de producción. La reducción de turnos en una multinacional con presencia global expone las tensiones que enfrenta el entramado industrial y vuelve a poner en primer plano la preocupación de los trabajadores por la estabilidad laboral en un contexto económico adverso.
Fuente: El Destape



