Garbarino llegó a la quiebra definitiva y Musimundo profundiza el cierre de sucursales en distintas provincias. La caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades financieras golpean al comercio y ya provocaron despidos y un fuerte repliegue de las cadenas tradicionales.
El comercio argentino atraviesa uno de sus momentos más complejos y dos marcas históricas del rubro de electrodomésticos vuelven a quedar en el centro de la escena por el deterioro de sus operaciones. Garbarino llegó al desenlace definitivo de un proceso de crisis que se extendió durante años, mientras Musimundo avanza con un fuerte achique de su estructura y el cierre de locales en distintas provincias. El escenario combina una retracción del consumo interno, dificultades para sostener las ventas y una creciente presión competitiva sobre los comercios tradicionales, en un mercado en el que también tiene impacto la apertura de las importaciones impulsada por el Gobierno de Javier Milei.
En el caso de Musimundo, durante esta semana se oficializaron nuevos cierres de sucursales en el Noreste Argentino (NEA), con locales afectados en Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa. La situación generó preocupación entre los trabajadores y rechazo de organizaciones sindicales del sector mercantil. En Misiones, el repliegue alcanzó cinco establecimientos: dos ubicados en Posadas y otros en Leandro N. Alem, Apóstoles y Jardín América. De acuerdo con las denuncias realizadas por representantes regionales del Centro de Empleados de Comercio, 53 trabajadores quedaron afectados por las desvinculaciones
La situación también se replicó en Corrientes, donde cerraron cuatro puntos de venta ubicados en la capital provincial, con al menos 36 empleados afectados. A esto se sumaron cierres en Curuzú Cuatiá, Paso de los Libres y Goya. En Chaco dejaron de funcionar locales de Resistencia, Barranqueras y Fontana, mientras que también se registraron bajas de sucursales en Formosa. Detrás de este proceso aparece la delicada situación financiera de Carsa, la compañía que opera la marca Musimundo y que recurrió al concurso preventivo de acreedores en la Justicia chaqueña para intentar reordenar sus compromisos. La empresa acumula, según la información difundida por El Destape, una deuda superior a los $63.500 millones.
El concurso preventivo de Carsa constituye una señal del grado de tensión financiera que atraviesa la empresa. La presentación judicial no implica por sí misma el cierre inmediato de todos los locales ni el final de la actividad comercial, sino que busca permitir que la compañía continúe funcionando mientras negocia una reestructuración con sus acreedores. Sin embargo, el proceso evidencia las dificultades para sostener una estructura comercial extensa en un contexto de menores ventas, elevados costos financieros y pérdida de liquidez. El cronograma judicial establecido para la verificación de créditos contempla incluso una audiencia informativa prevista para diciembre de 2027, lo que muestra que la resolución del conflicto financiero será un proceso prolongado.
En paralelo, el caso de Garbarino llegó a una instancia definitiva. El Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 7 decretó formalmente la quiebra de la histórica cadena y ordenó el cierre de los últimos tres locales que todavía permanecían en funcionamiento, entre ellos la tradicional sucursal ubicada en la zona de Tribunales, en la Ciudad de Buenos Aires. La decisión judicial pone punto final a la trayectoria de una compañía que durante su período de mayor expansión llegó a contar con más de 300 sucursales distribuidas en el país y alrededor de 5.000 trabajadores.
La resolución sobre Garbarino también contempla el desapoderamiento de los bienes de la empresa y la realización de inventarios para avanzar posteriormente con la subasta de activos e intangibles. Entre los bienes alcanzados aparecen las marcas registradas y las participaciones societarias en Tecnosur S.A. y Digital Fueguina S.A., vinculadas con operaciones en Tierra del Fuego. El objetivo del procedimiento es avanzar sobre los activos disponibles para afrontar parte de los pasivos acumulados durante el proceso de deterioro financiero. Así, una compañía que durante décadas tuvo una presencia central en el mercado argentino de tecnología y electrodomésticos termina atravesando un cierre judicial después de sucesivos intentos por sostener su actividad.
Los casos de Garbarino y Musimundo se inscriben en una problemática más amplia que afecta al comercio y particularmente a los sectores vinculados con bienes durables. Los electrodomésticos, equipos tecnológicos y otros productos de elevado valor suelen depender en buena medida del financiamiento y del poder de compra de los hogares. Cuando los ingresos pierden capacidad frente a los precios o las familias priorizan gastos básicos, la adquisición de un televisor, un teléfono, una computadora, un lavarropas o un aire acondicionado puede postergarse. A esto se suma la competencia de productos importados y la transformación de los hábitos de compra, factores que obligan a las cadenas tradicionales a revisar sus estructuras y costos para intentar sostenerse.
El impacto del proceso no se limita a las empresas y alcanza directamente al empleo. Los cierres de Musimundo en el NEA ya se tradujeron en decenas de desvinculaciones, mientras que la quiebra de Garbarino representa el final de una estructura laboral que llegó a emplear a miles de personas. El escenario vuelve a poner bajo la lupa la relación entre la evolución de la actividad económica y la generación de puestos de trabajo formales. Datos difundidos por Fundar y recogidos por otros medios muestran que durante la gestión de Milei se produjo una reducción significativa en la cantidad de empresas y empleos registrados, aunque los motivos varían según el sector y cada compañía. En este contexto, el retroceso de dos marcas históricas del comercio minorista funciona como una expresión visible de las dificultades que atraviesa una parte del entramado comercial argentino.
La caída de Garbarino y el repliegue de Musimundo dejan así una postal de transformación profunda en el mercado de electrodomésticos argentino. Mientras una de las compañías desaparece del circuito comercial luego de su quiebra, la otra intenta preservar su continuidad reduciendo su presencia física y reestructurando sus obligaciones financieras. Para los trabajadores afectados, los cierres significan pérdida de puestos de trabajo y mayor incertidumbre, mientras que para el comercio tradicional representan una señal de alerta frente a la caída del consumo y el cambio en las condiciones de competencia. La evolución del concurso de Carsa y la liquidación de los activos de Garbarino determinarán si el sector consigue estabilizarse o si nuevas cadenas deberán enfrentar un escenario similar durante los próximos meses.
Fuente: El Destape



