Guillermo Brown: El Mar como destino

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Guillermo Brown nació el 22 de junio de 1777 en Foxford, al oeste de la actual República de Irlanda que, en ese momento, estaba totalmente ocupada por el Imperio Británico. 

La historia de Brown se conecta muy estrechamente con su padre, de quién tomó dos grandes pasiones: la convicción plena en el catolicismo y la tradición de navegación. De hecho, con casi 16 años, Brown viajó a los Estados Unidos donde se asentó junto a su padre por un tiempo. Ahí se familiarizó también con la inmensidad del Atlántico que, años más tarde, se convertiría en su hogar aunque más hacia el sur. 

Tras la muerte de su padre, Brown continuó navegando protagonizando varios hechos en su juventud como cuando fue tomado como prisionero por un buque británico debido a que navegaba sin autorización monárquica. Brown desde su temprana juventud creía que los británicos ocupaban ilegalmente su tan querida Irlanda, pero también reconocía la superioridad material de los británicos sobre la isla. Es por eso que, tras su experiencia en Estados Unidos, retornó a la Irlanda ocupada y comenzó a desarrollar actividades comerciales ligadas a la navegación. 

La vida de Brown da un salto importante en 1809 cuando es enviado a una misión comercial en Montevideo y comienza allí su primera conexión con el río de la Plata. Meses más tarde, estando en Buenos Aires, fue testigo de los acontecimientos de la Revolución de Mayo de 1810, algo que lo impresionó y que llevó a qué se instalase en la zona, expectante por la evolución de los hechos. 

Sus primeros pasos con el movimiento patriota 

Brown construyó rápidamente una estrecha relación comercial con los primeros gobiernos patrios. Oficialmente entre 1812 y 1813, Brown se convirtió en proveedor comercial de los revolucionarios. Dentro de esa proveeduría, Brown se las ingenió para conseguir armas y alimentos para la Revolución con sede en Buenos Aires. 

En 1814, bajo el Directorio de Gervasio Antonio de Posadas, se le ofreció una titánica misión: dado sus conocimientos de navegación, los patriotas necesitaban una armada propia y fue Brown el hombre elegido para emprender esa tarea. El irlandés aceptó sin dudarlo y comenzó la heroica tarea de, en tiempo récord, formar una incipiente flota para enfrentar a los realistas con sede en Montevideo.

Allí comenzó la campaña naval de Brown contra los realistas con los sucesivos triunfos de Martín García en marzo de 1814, que condujo a la toma patriota de la isla, y el combate del Buceo en mayo, cuando Brown se posicionó frente Montevideo y derrotó a la flota realista. El triunfo del Buceo, finalizado el 17 de mayo, condujo a la caída final de Montevideo que quedó a merced de los patriotas. José de San Martin definiría aquel triunfo como “el más importante de la gesta americana hasta el momento”. 

Tras los acontecimientos de 1814, la historia de Brown comienza a entrelazarse con la de otro de los grandes héroes de aquel período en los mares: Hipólito Bouchard, quien estaba al mando del bergantín ‘Halcón’. Brown traspasó, entre 1815 y 1816, desde el extremo sur de nuestro país hasta alcanzar el Pacífico. Desde allí, navegó por Chile, llegó a Perú (dónde cañoneó la fortaleza del Callao) y arribó a Guayaquil, hoy Ecuador. 

En Guayaquil, la Santísima Trinidad, buque insignia patriota, fue abordado por los realistas que comenzaron a masacrar a los tripulantes. Ante esa situación, Brown se dirigió a la zona donde se concentraba la pólvora del barco, con una mecha encendida, y amenazó con volar el barco por los aires si los realistas no detenían la matanza. Los realistas cedieron ante este hecho. Brown fue tomado prisionero y debieron negociar por su liberación más tarde, con un pago incluído. Este hecho tensionó las relaciones entre Brown y Bouchard, aunque Brown pasaría luego a retiro, voluntariamente, por unos años.

El regreso de Brown y la lucha contra Brasil 

Tras unos años de retiro, en 1825, fue el Congreso de la Nación el que tocó la puerta de su despacho para pedirle que se hiciera cargo de organizar a la flota argentina frente a la poderosa escuadra de Brasil. El contexto no era cualquiera, Argentina y Brasil estaban en guerra por el control de la Banda Oriental tras el levantamiento de los 33 orientales contra la ocupación brasileña consumada desde 1820, tras la derrota de Artigas en la batalla de Tacuarembó. 

En ese contexto, con un presupuesto limitado, Brown asumió la tarea de organizar a la flota nacional. Lo hizo reparando algunos barcos, adquiriendo otros y transformando barcazas en elementos de ataque para operaciones sobre todo en los ríos interiores. Pese a este “ingenio”, nuestra flota era superada en la mayoría de los casos 4 a 1 frente a la armada brasileña. 

Aún con todas las dificultades logísticas, Brown se las rebuscó para obtener dos importantes triunfos durante la guerra. El primero, el combate de Los Pozos, el 11 de junio de 1826, frente a la ciudad de Buenos Aires. Brown fue superado 3 a 1 por la escuadra brasileña. Sin embargo, por su pragmatismo y conocimiento de la zona, logró doblegar a la escuadra enemiga y la derrotó frente a los ojos de los porteños que pudieron observar, desde algunas partes, el desarrollo del combate. El triunfo de Brown marcó un límite al bloqueo de Buenos Aires y también alejó cualquier fantasma de una operación brasileña sobre la capital nacional. 

El otro triunfo relevante fue el combate de Juncal, en febrero de 1827, cuando en el límite entre los ríos Uruguay y De La Plata, derrotó nuevamente a la escuadra brasileña. En esta oportunidad, Brown destruyó por completo la tercera división brasileña, destinada a separar el litoral argentino del resto del país, causándole graves pérdidas al imperio vecino. Pese a los contundentes triunfos en las aguas interiores y en el mar argentino, el acuerdo de 1828 que derivó en la independencia de Uruguay dejó con un sabor amargo a Brown quién, sumado al posterior fusilamiento de Dorrego por parte de Lavalle, optó por pasar al retiro nuevamente. 

Su tercer y último ciclo al servicio de la Patria

Brown permaneció en el retiro entre 1829 y 1841. Finalmente, en 1841, bajo la gobernación de Juan Manuel de Rosas quién tenía las atribuciones de política exterior de la Confederación Argentina, Brown, con 64 años, fue convocado nuevamente para una causa nacional. En este caso, el enemigo era la flota anglo-francesa que bloqueaba nuestro comercio. Dichas flota que ocupó, entre otros territorios, la isla Martín García, operó también con mercenarios sobre las aguas interiores, tanto del río Uruguay como del río Paraná. 

En ese marco, un italiano de nombre Giuseppe Garibaldi, comenzó a navegar por las aguas del Paraná, a la altura de la provincia de Corrientes, realizando saqueos y pillaje. Brown fue convocado para poner orden en el asunto. En agosto de 1842, Brown con 65 años se enfrentó en el combate de Costa Brava a un joven Garibaldi de 35 años. Nuevamente, aprovechando su conocimiento cartográfico de la zona frente al mercenario italiano, Brown aplastó a la fuerza de Garibaldi, causando bajas tan importantes que la fuerza extranjera debió retirarse del Paraná. De hecho Brown, teniendo a tiro a Garibaldi, lo dejó huir y pronunció una histórica frase: “dejenlo ir, ese gringo es un valiente”. Décadas más tarde, Garibaldi se convirtió, gracias a ese gesto de misericordia de Brown, en uno de los héroes de la unificación italiana.

Finalmente, tras aquel hecho, Brown volvería a su retiro final. A pesar de dejar las armas, el “Almirante” siguió estrechamente conectado con nuestro país aunque, en sus años finales, a raíz de la Gran Hambruna en Irlanda (1845-1848), se dedicó a facilitar, junto al Padre Fahy, el ingreso de irlandeses a nuestro país, irlandeses que huían del hambre y la represión inglesa. Un 3 de marzo de 1857, Guillermo Brown pasó a la inmortalidad. 

El legado de Guillermo Brown en nuestro país es el de alguien que, aún no nacido acá, defendió las aguas nacionales de españoles, brasileños, británicos, franceses y hasta de mercenarios italianos. Si hablamos de la cuenca del Plata y del mar Argentino, no podemos nunca olvidar a la figura que mejor encarnó, durante cuatro décadas, la defensa de nuestras aguas. Quizá, sea uno de los mejores ejemplos de aquella frase que dice: “el argentino nace donde quiere”.

Por Kevin Bryan

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