ALFREDITO…

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Fue uno de los “Día del Gráfico” más tristes de la historia.

Un acontecimiento que anticipaba otras dolorosas jornadas que sobrevendrían durante el sombrío tiempo de la dictadura.

El 7 de mayo de 1975, miembros de la Triple A asesinaron con 11 balazos a Alfredo Máximo Ongaro, el hijo de Raimundo.

Tenía 20 años.

Raimundo estaba injustamente encarcelado por la intolerancia del lopezreguismo que -tras la muerte de Juan Perón- influía de manera determinante en el gobierno constitucional presidido por Isabel Martínez.

Tiempo después Raimundo relataría como se enteró de la muerte de su hijo:

“El 8 de mayo, la jornada siguiente, incomunicado en un calabozo de Villa Devoto, solo y aislado en una celda de 1,40 por 2,30 en un camastro, estaba escuchando el informativo de Radio Colonia, la voz del periodista Ariel Delgado; faltaba cinco minutos para las 14, hora en que terminaba y me disponía a apagar la radio pensando “bueno, esto es lo de todos los días”, cuando escuché que mi hijo, Alfredo Máximo había sido asesinado a balazos y su cuerpo encontrado en un lugar del Gran Buenos Aires”.

Buscaban quebrantar sus convicciones, doblegar su voluntad de lucha, intimidar a quienes perseguían sus mismos ideales.

Herir de muerte su corazón con la ejecución de su hijo.

“Me tiraron al corazón” fue la frase de Raimundo que se convirtió en título de la trágica noticia publicada por el diario “Crónica” al día siguiente.

No eligieron cualquier día, fue un 7 de mayo, buscando que las rebeldes bases del gremio gráfico, con su Federación intervenida y autoritariamente disuelta, alcen bandera de rendición.

El terror no pudo más que los ideales.

Ni Ongaro ni los gráficos se rindieron jamás.

Desde aquel día Alfredito ilumina desde lo alto el camino a seguir.

Alguien acuño una hermosa frase que relaciona para siempre su martirio con la grandeza de los seres íntegros, buenos como el pan, que un día parten al infinito.

“Cuando mis rodillas tocaron tierra, mis ojos se inundaron de cielo”.

Por: Hector Amichetti

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