Milei transita los peores tiempos de su gobierno atacando con furia al periodismo

Milei y Spagnuolo
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Para el gobierno de Milei el mes de abril ha comenzado –en su primer tercio- con un vendaval de malas noticias  -de todo tipo- que no da la impresión de amainar en los próximos días.

Las malas nuevas van desde allanamientos, levantamientos de secretos bancarios y convocatorias -de numerosos funcionarios y allegados al gobierno (Spagnuolo-por Andis, Adorni -por enriquecimiento ilícito-, y otros por el estilo)  – a los tribunales judiciales en las múltiples y diversas causas de corrupción, pasando por la caída –estrepitosa- de la economía, y llegando hasta arrojar números de encuestas –variopintas- que erizan las pieles de Milei y de sus funcionarios más próximos. A todo esto se le agrega el regreso de los cortes y piquetes -que supuestamente habían quedado en el pasado-. Mientras –extramuros, como se dice- los genocidios que perpetran diariamente EEUU e Israel ponen en riesgo la tregua con Irán –y, con la posibilidad del uso de armamento atómico, la vida misma de la especie humana-.

Milei y la motosierra del horror.

Hoy Milei hablando del la Motosierra –en la TV Pública- provoca un espanto similar al del personaje de La masacre de Texas (Leatherface, miembro con discapacidad intelectual de una familia de caníbales). Y es así porque muchos de sus votantes comprenden hoy dos cosas: Una es que lo único que ha “motosierrado” Milei es el acceso a los consumos básicos de los trabajadores, de la clase media y de los sectores vulnearbles –y toda posibilidad de construcción de un mejor futuro-; la otra cosa que han comprendido es que el presidente –Milei- presenta un (des)equilibrio emocional que se puede emparentar con el del el personaje de la película que descuartiza personas sin ningún tipo  culpa por lo que hace.

Pami, Remediar y Volver al Trabajo. Los descuartizados recientes.

Con la insensibilidad del descuartizador de la película citada el gobierno de Milei ha decidido durante la semana llevar adelante algunos recortes presupuestarios –abominables- en nombre del equilibrio fiscal. Uno, el del plan Volver al Trabajo, trajo de vuelta un escenario del que Milei se ufanaba de haberlo erradicado para siempre: cortes y piquetes. Este recorte dejó a un importante número de hogares sin la ínfima suma de 78 mil pesos por mes -como para cubrir, a duras penas, ciertos traslados en colectivo para buscar changas, o para una mínima compra de fideos, yerba y polenta-. La quita de ese mínimo ingreso provocó que los afectados retomaran la práctica del único método de protesta que pareciera tener alguna efectividad: cortes de accesos y piquetes. A la vez, en su brutalidad ciega, el gobierno ni siquiera consideró las consecuencias que el retiro de ese volumen de dinero traerá a la economía cotidiana – además de desamparar aun más a los desposeídos-: una nueva fuerte caída en la recaudación. También, durante la semana, se comunicó que se recortará el plan Remediar, destinado a abastecer de medicamentos básicos a dispensarios y salitas barriales. Habría que pensar si acaso esta medida no debiera ser considerada, en estamentos judiciales, como vinculada a la figura de abandono de persona. Y en tercer término basta decir que de las penurias infinitas que padecen los afiliados a la obra social PAMI dan cuenta desde los propios afiliados hasta los encargados de las diferentes reparticiones, y también intendentes y gobernadores –quienes reciben la problemática de forma directa-. La cesación de prestaciones por falta de pago en diversas áreas y demás consecuencias de los recortes en la obra social son de una índole tan cruenta   que era imposible de imaginar que persona alguna -por mas funcionario que sea- podría haberse animado a ejecutar.

La llegada de la inflación Karina (3%). 

Con nombre de ciclón caribeño (y de coima repugnante), más temprano que tarde el 3% de inflación finalmente entró en escena. Lo hizo en CABA y en Córdoba (recargado: 3,3%). Por no hablar de La Plata  que presentó un insoportable –para Milei, “Toto” Caputo y compañía- 5%. Con estos datos Milei pareciera estar reforzando alguna ley de Murphy que podría hoy expresarse así: si algo puede empeorar, seguramente –con Milei- lo hará.

Adorni y la vara moral soviética.

La caída de la URSS no fue producto de un descontento por falta de abastecimiento en ciertos productos –básicos y no tanto- sino como consecuencia de la visibilización  de una corrupción extendida en la dirigencia gubernamental comunista –que basaba su discurso moral en la anticorrupción total- . Lo que vino después -con Gorbachov y  Yeltsin- sí fue un desabastecimiento total de absolutamente todo. Pero la decepción y el enojo que dejó la corrupción comunista pregnó tan fuerte en esa sociedad que a pesar de todas las penurias que devinieron nunca más quisieron retornar al sistema de gobierno comunista, ni al modelo de economía socialista. Hoy la corrupción del jefe de gabinete, Manuel Adorni –otrora adalid supremo de la vara moral anticorrupción mileísta-, paga, y le hace pagar a Milei –involucrado en una estafa de mayor gravedad-, aquel precio que pagaron los líderes comunistas rusos. Con un 65% de imagen negativa: hoy ya nadie quiere más Milei después de Milei.

Milei y su modelo sostenido por ciudadanos de sectores carenciados.

Que los sectores más perjudicados de ciertos modelos económicos y sociales sean quienes mayor empeño ponen para sostenerlos no es en absoluto novedoso. Algunos casos históricos se hallan fácilmente en, por ejemplo, los largos siglos del feudalismo –con la fuerza del convencimiento discursivo de sumisión y resignación emanado desde los papados-; o –más acá, en tiempo y distancia- el caso cubano. En la isla caribeña la revolución, luego de la disolución de la URSS, no pudo satisfacer completamente las necesidades básicas de la población; pero eso no fue motivo para que los ciudadanos abandonaran su credo en el modelo socialista –con un basamento fuertemente moral-. Ahora – en nuestro país – puede que llame la atención cierto sostenimiento (revelados por abundantes trabajos de campo) del modelo de Milei en sectores muy castigados; pero no hay que olvidar que en esos sectores muchos eligieron ponerlo de presidente, y en consecuencia bancan con el cuerpo lo que actuaron en las urnas. Puede ser cierto que haya grandes diferencias de índole moral –y de cobertura en algunas necesidades básicas- entre los casos mostrados, pero lo real es que cuando esos sectores están convencidos y con fe en un modelo no lo abandonan de un día para otro.  Por eso aun hoy, en los peores días de gestión y de mayor desastre para la ciudadanía, Milei cuenta con una base  -aunque se ínfima- de sustentación y apoyo en esos sectores. En cambio los hasta hace poco “clase media” lo han abandonado por completo (según múltiples encuestas, y demás trabajos de las consultoras). Claro que este abandono a Milei  no expresa un salto hacia la oposición de índole progresista, ya que muchos podrían optar por otras –nuevas o viejas- opciones de derecha conservadora o liberales. Pero esto a Milei le da exactamente igual. Porque para él es: Yo, o la nada.

 Nuevo fundamento para el odio de Milei al periodismo.

Si -desde hace rato- el presidente ya tenía motivos para odiar al periodismo –porque, por ejemplo, investigan sus estafas y casos de corrupción de su hermana y demás funcionarios-, la encuesta de Pulso Research publicada esta semana le agregó una buena cantidad de motivos más para su derrame de bilis. Dicha encuesta muestra que el periodismo duplica la percepción positiva frente a la política. Destaca, además,  que la gente sigue confiando muchísimo más -60% contra 27%- en la información que transmiten los medios convencionales (TV, radio y periódicos) por sobre aquella que circula en redes –esto inclusive entre los votantes de Milei y los jóvenes-.  En lo referente a la confianza de la gente para con los políticos –en trabajos de Nubes de Palabras-  quien se lleva todas las palmas es: Ninguno. Pero luego de este vacío aparecen –en varios segmentos de la población- las figuras de Axel Kicillof y CFK por encima de Javier Milei. Igualmente los principales considerados son Kicillof, CFK, Milei, Bregman y Macri –y en algún apartadito, y allá lejos, también asoma, en minúsculo grado, Schiaretti-. Pero lo que desencaja el humor del presidente es que el periodismo tiene mayor grado de confianza en la gente que los políticos –y que muchos periodistas cosechan mas valoración positiva que el propio Milei-. Claro que en el apartado sobre la confianza en los periodistas NINGUNO vuelve a quedar primero –pero no tan distante de algunos comunicadores-. Los principales periodistas que destacan, por generar confianza en los ciudadanos (en varios segmentos etarios y de género), son: Gustavo Silvestre, Víctor Hugo Morales, Eduardo Feinmann y Jonatan Viale –entre otros-. Coincidentemente todos ellos han pronunciado fuertes críticas hacia el gobierno nacional –los dos últimos, sobre todo, después de los casos de corrupción de $LIBRA, Andis y el Adornigate-. El que estos comunicadores profesionales se ubiquen con una mejor imagen de confianza que el propio Milei es lo que lo enfurece.

Clima de venganza presidencial contra los periodistas.

Así las cosas no extrañarían a nadie nuevas próximas descargas de violencia verbal –orales y escritas-  hacia el periodismo por parte de un emocionalmente inestable presidente de la nación. Dentro de este marco de furia desatada -contra los profesionales que informan y preguntan- destaca la censura que Milei ejerce hoy descaradamente sobre varios periodistas –y/o medios- prohibiéndoles el ingreso a la Casa Rosada –con la excusa ridícula de un estrafalario complot ruso/soviético-. Con esta realidad y con estas perspectivas nada bueno asoma en el horizonte para el país y su ciudadanía en los próximos tiempos.

Por Flavio Colazo

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