“El show del fiscal y el cadáver que todos veían: cuando la Justicia se aplaude a sí misma en medio de una tragedia”

Fiscal
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

La música de fondo podría ser una antigua canción de Charly García: “El show de los muertos”, que decía…”Tengo los muertos todos aquí..¿Quién quiere que se los muestre?”

A esta altura de los acontecimientos, nadie debería asombrarse de lo ocurrido. Pero resulta que la performance montada por el Fiscal cordobés Raúl Garzón, supera en su patetismo cualquier capacidad de sorpresa. Con un tono autoritario y supuesta pedagogía jurídica dirigida a los legos, desplegó su show autocelebratorio del asco. No se atrevió a decir “femicidio”: eso lo evitó pese a las leyes que existen; se notó demasiado que esa parte de la jurisprudencia no le gusta. No solo justificó el accionar legal y judicial, sino que lo tildó de “impecable”. Y superándose a sí mismo, y de paso tratando de imbécil a su audiencia (todo el país), dijo: “se llegó por un prolijo rastrillaje de los grupos especiales y los canes…hay que entregarle una medalla de distinción a ese perro que permitió en superficie una parte y bajo la superficie, con su olfato y la guía de los profesionales”.

Con esta clase de argumentos, se quitó responsabilidades de encima, sin poder explicar por qué el imputado no solo estaba libre, pese a una grave acusación previa, desestimada por la misma fiscalía, sino que había ingresado a trabajar en la Municipalidad. El discurso de Garzón, enfático en su solidaridad con la familia, se dio de patadas con ciertas expresiones: “Es una niña que llegó al lugar voluntariamente entre comillas, porque es una niña”. Al decir “voluntariamente”, el subtexto es obvio: no es culpa nuestra. La demora inaudita en la investigación no halló explicación mas que en los pasos procesales, ignorando la abrumadora cantidad de casos que saturan los juzgados de todo el país.

Hubo en el discurso de Garzón un tono anticuado y provinciano, de colocarse por encima de la ciudadanía, a la que considera incapacitada para opinar de la materia. Yo sé, ustedes se callan, pareció decirle a su audiencia. Pero la concejala Laura Vilches, lo cruzó públicamente tratándolo de cínico, arruinándole el show mediático. El discurso paternalista, arcaico y justificatorio ya hacía agua por todos lados. La ímproba tarea de hallar “un clavo en un pajar” (es un a aguja, fiscal) era tan obvia, que el cadáver estaba donde todos los vecinos suponían y señalaban.

Pero la puesta en escena tardía no hizo más que prolongar la angustia de la familia y los vecinos, y demorar la investigación. Llamativamente, los medios cordobeses, tan bien dispuestos para perseguir a Cristina a distancia, no estaban en el escenario barrial: no se puede ser tan obviamente funcional al gobierno que los sostiene con la pauta. En tanto, Llaryora brilla por su ausencia. como si se hubiera dedicado en un retiro espiritual o tour de avistamiento en Capilla del Monte.

Pese a todo, el discurso de Garzón tuvo algunos aciertos involuntarios. Dijo el fiscal: “No hay peor situación que la de un desaparecido, es un velorio eterno”. Seguramente se le escapó.

El panorama no deja de ser coherente. Un país sumido en una crisis ética, social y política como la Argentina, nos ofrece este funcionariado, estos representantes de la Justicia y estos medios miserables.

Por Daniel Weber

Scroll al inicio