La Casa Blanca prepara un plan para que Trump gobierne sin el Congreso si los demócratas ganan las elecciones

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El equipo del presidente estadounidense trabaja desde abril en una estrategia para avanzar con su agenda mediante facultades ejecutivas ante una eventual pérdida del control legislativo. Inmigración, aranceles, vivienda y gasto público aparecen entre las áreas prioritarias, mientras los asesores jurídicos también se preparan para enfrentar investigaciones parlamentarias.

La Casa Blanca diseñó una estrategia para sostener la agenda de Donald Trump incluso si los demócratas consiguen el control del Congreso en las elecciones legislativas de Estados Unidos. Según una investigación de Reuters, altos funcionarios de la administración llevan meses identificando medidas que el presidente podría implementar mediante decretos y otras atribuciones del Poder Ejecutivo, sin necesidad de obtener nuevas leyes del Parlamento. El objetivo es reducir el impacto político e institucional de una eventual derrota republicana y mantener en marcha las principales iniciativas del mandatario durante la segunda mitad de su mandato.

La planificación comenzó en abril de 2026 y cuenta con la participación de figuras centrales del Gobierno, entre ellas el subjefe de Gabinete Stephen Miller y el director de la Oficina de Administración y Presupuesto, Russell Vought. Ambos trabajan junto con el equipo de asesores legales de la Casa Blanca para identificar qué decisiones puede tomar Trump por cuenta propia, cuáles podrían superar los límites de sus atribuciones y qué argumentos jurídicos podrían utilizarse para defenderlas ante eventuales demandas judiciales. El asesor jurídico presidencial, Will Scharf, también participa de las evaluaciones.

Entre las áreas que aparecen en el plan se encuentran la política migratoria, los aranceles comerciales, el mercado de la vivienda y la administración del gasto público. Dentro de las medidas analizadas figuran nuevos gravámenes a las importaciones de minerales críticos y turbinas eólicas, restricciones adicionales para determinadas visas destinadas a estudiantes internacionales y trabajadores temporarios, y disposiciones orientadas a reducir los costos de construcción y vivienda. Se trata de propuestas bajo evaluación y no de decisiones que ya hayan sido implementadas.

Otro eje de la estrategia está relacionado con el manejo de los fondos federales. Russell Vought analiza qué prioridades de la administración podrían continuar utilizando partidas presupuestarias que ya fueron aprobadas por el Congreso. Además, el funcionario impulsa cambios en las reglas de asignación de subsidios y transferencias federales para otorgar mayor influencia a los funcionarios políticos designados por el Gobierno sobre los programas que reciben recursos públicos. De concretarse, esos cambios podrían ampliar la capacidad de intervención de la Casa Blanca sobre el gasto sin requerir una nueva autorización legislativa para cada iniciativa.

La posibilidad de que los demócratas controlen una o ambas cámaras legislativas representa un desafío para Trump, aunque no supone que el presidente pierda automáticamente sus atribuciones ejecutivas. El Congreso tiene facultades para bloquear proyectos de ley, controlar partidas presupuestarias, rechazar nombramientos y abrir investigaciones sobre la administración. Sin embargo, el mandatario conserva herramientas importantes, como el veto presidencial, la conducción de la política exterior y amplias competencias en materia comercial y administrativa. Para superar un veto presidencial se necesitan mayorías de dos tercios en ambas cámaras, una exigencia que limita la capacidad de la oposición para imponer leyes sin acuerdos con legisladores republicanos.

El Senado tendría un papel especialmente relevante en caso de quedar bajo control demócrata, porque esa cámara interviene en la confirmación de funcionarios y jueces federales. Una mayoría opositora podría demorar o bloquear las nominaciones impulsadas por Trump, incluidas eventuales vacantes en la Corte Suprema. Además, las acciones ejecutivas que excedan las atribuciones presidenciales podrían ser cuestionadas ante los tribunales. Por ese motivo, el equipo jurídico de la Casa Blanca busca anticipar los posibles conflictos y obtener evaluaciones legales del Departamento de Justicia para respaldar las decisiones que el Gobierno pretenda adoptar sin intervención del Congreso.

Uno de los principales temores del entorno presidencial está vinculado con las investigaciones parlamentarias. Una eventual mayoría demócrata en la Cámara de Representantes podría impulsar audiencias, solicitar documentación y emitir citaciones para investigar el uso de las facultades presidenciales, así como posibles beneficios otorgados a aliados políticos, empresarios o donantes. De acuerdo con las fuentes consultadas por Reuters, los abogados de la Casa Blanca ya están preparando a funcionarios y responsables de distintas agencias para responder a pedidos de información y citaciones legislativas. También se analiza recurrir al privilegio ejecutivo para intentar proteger determinadas comunicaciones del presidente con asesores privados.

La estrategia refleja que las elecciones legislativas no solamente definirán la composición del Congreso, sino también las condiciones políticas e institucionales en las que Trump deberá transitar los últimos dos años de su mandato. Aunque una mayoría demócrata podría limitar su capacidad para impulsar nuevas leyes y someter a su administración a mayores controles, el presidente conservaría instrumentos para continuar gobernando desde el Ejecutivo. El resultado sería un escenario de mayor confrontación entre los poderes del Estado, con posibles disputas por los límites constitucionales de las atribuciones presidenciales y el alcance de las facultades de supervisión del Parlamento.

Fuente: Ámbito Financiero

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