Una tensa disputa por el control territorial y partidario reavivó las diferencias en la cúpula del radicalismo jujeño. El gobernador Carlos Sadir y su antecesor Gerardo Morales protagonizan un reacomodamiento de fuerzas en San Salvador de Jujuy, exponiendo las tensiones soterradas dentro de la Unión Cívica Radical (UCR) frente al reordenamiento de los liderazgos provinciales y nacionales.
El escenario político de la provincia de Jujuy atraviesa un momento de profunda ebullición interna tras quedar en evidencia las discrepancias estratégicas y de poder entre el actual mandatario provincial, Carlos Sadir, y el líder histórico del radicalismo local y exgobernador, Gerardo Morales. Lo que comenzó como un reacomodamiento habitual de fichas en los armados territoriales de San Salvador de Jujuy escaló rápidamente hasta transformarse en una pulseada explícita por la conducción y el rumbo político de la UCR jujeña, un distrito clave que funcionó durante años como el bastión principal del radicalismo en el norte argentino.
El núcleo de la tensión gira en torno al control de los espacios institucionales en la capital provincial y a la definición de los lineamientos partidarios de cara a la renovación de autoridades. Mientras el sector alineado con el gobernador Sadir busca imprimir un perfil de gestión más autónomo, enfocado en la administración de la coyuntura fiscal y en tender puentes pragmáticos con distintos sectores legislativos y nacionales, el núcleo duro leal a Gerardo Morales defiende la estructura histórica construida durante sus dos gestiones al frente de la provincia, celoso de conservar la influencia sobre los resortes partidarios y la toma de decisiones políticas.
Las diferencias se tradujeron en reuniones por separado, cruces de operadores y posicionamientos encontrados respecto a la vinculación que debe mantener el radicalismo provincial con las fuerzas nacionales y con los armados legislativos en el Congreso. Para los analistas políticos locales, este tipo de cortocircuitos refleja el proceso de transición natural que experimentan las administraciones provinciales cuando un gobernador en ejercicio busca consolidar su propio liderazgo institucional sin depender por completo de la tutela de su padrino político, un fenómeno que suele agitar las aguas internas de los partidos con fuerte impronta caudillista.
Desde la oposición provincial y los sectores críticos internos, este pulso entre Sadir y Morales es observado con atención, especulando con que el desgaste de la estructura radical pueda abrir fisuras aprovechables en el mediano plazo. Sin embargo, los referentes de ambos sectores dentro del oficialismo provincial minimizan los roces públicos, calificándolos como debates democráticos propios de una fuerza política viva y en plena reconversión territorial, aunque reconocen en privado que la puja por el liderazgo definitivo está abierta.
El impacto de esta interna jujeña también repercute en el plano nacional de la UCR, un partido que transita un delicado proceso de reordenamiento federal y discusión ideológica sobre su rol frente al oficialismo libertario y las distintas alternativas opositoras. Jujuy, al ser uno de los distritos donde el radicalismo retuvo el poder ejecutivo provincial, constituye una pieza de consulta ineludible y un termómetro sobre la capacidad de supervivencia de los gobiernos subnacionales de raíz centenaria frente a la recentralización de recursos y la polarización discursiva nacional.
Hacia adelante, el gran desafío para la conducción política de la provincia será encauzar estas diferencias en un acuerdo de convivencia que evite fracturas operativas en la Legislatura provincial y en los concejos deliberantes municipales. La gobernabilidad de la gestión de Carlos Sadir depende en gran medida de mantener alineada a su tropa legislativa, mientras que el sector de Morales busca asegurar su peso específico en la futura arquitectura partidaria nacional y provincial.
En conclusión, la medición de fuerzas entre Carlos Sadir y Gerardo Morales en San Salvador de Jujuy pone de manifiesto la compleja dinámica de sucesión y poder dentro de la UCR jujeña. Entre la necesidad de consolidar una gestión autónoma y la resistencia de los liderazgos históricos, el radicalismo norteño afronta una etapa de definiciones cuya resolución marcará el pulso político de la provincia en los próximos años.
Fuente: Ambito Financiero



