La Lista de Estudiantes obtuvo una amplia ventaja en las elecciones parlamentarias del 25 de octubre y puso fin a más de una década de predominio político de Aleksandar Vučić. Con una participación cercana al 70%, la votación expresó el respaldo a un movimiento surgido tras la muerte de 16 personas en el derrumbe de una estructura de una estación ferroviaria. La derrota del dirigente serbio, cercano a Donald Trump y con vínculos políticos con Rusia y China, abre una nueva etapa de incertidumbre y expectativas democráticas en los Balcanes.
Serbia atraviesa un cambio político de gran magnitud después de que la Lista de Estudiantes se impusiera en las elecciones parlamentarias celebradas el domingo 25 de octubre. Según los resultados preliminares publicados por Página/12, la candidatura estudiantil obtuvo el 52,6% de los votos, frente al 39,2% del Partido Progresista Serbio (SNS), vinculado con Aleksandar Vučić. El dirigente reconoció públicamente la derrota y anticipó que su espacio quedaría en la oposición. La elección representa un revés para un dirigente que dominó la política nacional durante más de una década, primero como primer ministro y luego como presidente, y que había convocado a elecciones anticipadas en medio de una prolongada crisis política.
La victoria de la lista universitaria es el resultado de dos años de movilizaciones que comenzaron después de una tragedia ferroviaria en Novi Sad. En noviembre de 2024, el derrumbe de una estructura de la estación de trenes provocó la muerte de 16 personas. La obra había sido rehabilitada en el marco de un proyecto que involucró a empresas chinas y cuya adjudicación y ejecución fueron cuestionadas por manifestantes. Lo que inicialmente fue una exigencia de transparencia y rendición de cuentas se convirtió en una protesta más amplia contra la corrupción, la falta de controles institucionales y las restricciones al Estado de derecho. Bajo consignas que relacionaban la corrupción con la pérdida de vidas, el movimiento estudiantil logró extender su influencia más allá de los campus universitarios.
La Lista de Estudiantes reunió a candidatos de distintos ámbitos de la sociedad civil, entre ellos académicos, médicos, ingenieros, juristas, científicos, artistas y deportistas. Su principal candidato, el cardiólogo Ilija Srdanovic, planteó la necesidad de construir una Serbia mejor y mejorar las relaciones con los países vecinos y la comunidad internacional. La heterogeneidad de la lista constituye una de sus características centrales: el movimiento no se presenta únicamente como una fuerza partidaria tradicional, sino como una coalición surgida de la movilización social. Su desafío será convertir esa diversidad en un programa de gobierno y sostener acuerdos parlamentarios que permitan traducir las demandas de las calles en reformas concretas.
La participación electoral fue otro de los factores destacados de la jornada. De acuerdo con las informaciones publicadas por Página/12 y agencias internacionales, la concurrencia se acercó al 70% del electorado, uno de los niveles más elevados de las últimas décadas. Los datos preliminares indicaban que la Lista de Estudiantes podía alcanzar entre 135 y 140 de los 250 escaños de la Asamblea Nacional, lo que le permitiría disponer de mayoría absoluta. El SNS quedaría con alrededor de 103 a 105 bancas, mientras que el Partido Socialista, aliado del oficialismo durante los últimos años, no habría superado el umbral electoral necesario para ingresar al Parlamento. Las cifras definitivas debían ser confirmadas por las autoridades electorales.
La trayectoria de Vučić ayuda a dimensionar el alcance de la derrota. El dirigente llegó al cargo de primer ministro en 2014 y asumió la presidencia en 2017. En su juventud política estuvo vinculado al nacionalismo serbio y formó parte del gobierno de Slobodan Milošević, durante el cual ocupó el Ministerio de Información. Ya en el poder, Vučić mantuvo relaciones con dirigentes de distintas orientaciones internacionales, incluidos Donald Trump y Vladimir Putin, mientras Serbia profundizaba sus vínculos económicos con China. Sus críticos lo acusaron de concentrar poder, debilitar la independencia institucional y favorecer un entorno mediático desigual. El resultado electoral refleja el desgaste de su espacio después de años de controversias y protestas, aunque no determina por sí solo cómo se reconfigurarán las relaciones de Serbia con sus socios internacionales.
La crisis política también está relacionada con el proceso de integración europea. Serbia inició las negociaciones de adhesión a la Unión Europea en 2012, pero el proceso avanzó con dificultades en los últimos años. Las dudas sobre la independencia judicial, la corrupción y la libertad de prensa se sumaron a las diferencias geopolíticas del país, que mantiene una relación histórica con Rusia y una creciente presencia de inversiones chinas. La derrota de Vučić fue recibida con expectativas favorables por referentes europeos que expresaron su disposición a respaldar reformas institucionales. Sin embargo, el movimiento estudiantil deberá definir cómo compatibilizar su orientación reformista con las tensiones regionales, las relaciones con Moscú y Pekín y las disputas históricas que involucran a Kosovo, Bosnia y Montenegro.
Tras conocerse los resultados, miles de personas salieron a las calles de Belgrado y otras ciudades para celebrar el triunfo. Las concentraciones tuvieron como epicentro espacios que durante meses habían sido escenario de movilizaciones contra el gobierno, entre ellos el Parque de los Pioneros y la plaza Slavija. Los manifestantes celebraron la derrota del oficialismo como una oportunidad para recuperar libertades y fortalecer las instituciones democráticas. Entre quienes participaron de los festejos hubo estudiantes y ciudadanos de distintas edades, una señal de que el movimiento logró superar los límites de una protesta exclusivamente juvenil. La dimensión de las celebraciones también mostró la carga simbólica que adquirió la elección después de dos años de manifestaciones y enfrentamientos políticos.
El resultado abre una nueva etapa, pero no garantiza por sí mismo la resolución de los problemas que originaron las protestas. La Lista de Estudiantes deberá enfrentar la resistencia de las estructuras políticas y administrativas existentes, investigar las denuncias de corrupción y demostrar que puede sostener un gobierno con capacidad de gestión. También tendrá que responder a las expectativas de quienes reclaman mayor transparencia, independencia institucional y libertad de prensa. La experiencia serbia muestra cómo una movilización nacida de una tragedia puede transformarse en una fuerza electoral cuando logra articular reclamos concretos y ampliar su base social. El desafío será convertir esa victoria en cambios duraderos y evitar que las expectativas de renovación se diluyan frente a las dificultades del ejercicio del poder.
Fuente: Página 12



