Milei rompió con Clarín y lo acusó de ser “un medio corrupto” que volteó a De la Rúa para licuar su deuda

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Desde Madrid, Javier Milei lanzó un duro ataque contra el Grupo Clarín y acusó al multimedio de haber conspirado para provocar la caída del gobierno de Fernando de la Rúa y beneficiarse con la pesificación de sus deudas durante la crisis de 2001. El Presidente también calificó de corruptos y mentirosos a sus periodistas, en un nuevo enfrentamiento con la prensa. Sus declaraciones reavivaron la disputa entre el Gobierno y uno de los principales grupos empresarios y mediáticos del país.

El presidente Javier Milei protagonizó un nuevo episodio de confrontación con el periodismo durante su visita a España. En un encuentro del Nueva Economía Fórum, realizado en el Real Casino de Madrid, el mandatario reaccionó de manera agresiva cuando supo que una pregunta había sido formulada por una corresponsal del diario Clarín. Antes de escuchar el interrogante completo, interrumpió al moderador y arremetió contra el medio, al que calificó como “un medio corrupto argentino, lleno de periodistas corruptos que además son mentirosos seriales”.

La acusación más fuerte llegó cuando Milei vinculó al Grupo Clarín con la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001. El Presidente sostuvo que el multimedio se habría puesto de acuerdo con dirigentes políticos para provocar el derrumbe de aquella administración y conseguir que se licuaran sus deudas. Se trata de una acusación formulada por el mandatario, que remite a uno de los períodos más traumáticos de la historia económica argentina y a las decisiones adoptadas tras el colapso de la convertibilidad.

Milei también cuestionó las medidas implementadas durante los años posteriores a la crisis. En particular, apuntó contra la Ley de Bienes Culturales y los cambios normativos que, según su interpretación, habrían beneficiado al grupo empresario y perjudicado a los tenedores de bonos. Sus declaraciones recuperaron argumentos históricos sobre la pesificación de las deudas en dólares y los beneficios que recibieron distintos sectores económicos después del estallido de 2001. Sin embargo, el mandatario presentó esas afirmaciones como acusaciones propias, sin aportar durante el intercambio pruebas nuevas que las acreditaran.

El enfrentamiento se produjo cuando el Presidente debía responder preguntas sobre su presencia en España y el vínculo con sus aliados políticos locales, entre ellos dirigentes de Vox y del Partido Popular. La consulta de la periodista de Clarín apuntaba a la repercusión de su visita en un contexto de actividad preelectoral. Pero Milei no respondió el interrogante y optó por descalificar al medio y a su trabajadora, en una escena que incomodó al moderador del evento y desvió la atención del debate económico previsto.

El ataque a Clarín no fue un hecho aislado. Durante la misma visita, Milei mantuvo otros cruces con periodistas españoles. A una cronista de la Cadena SER le respondió con expresiones despectivas sobre su capacidad intelectual, mientras que a otro periodista le dijo que no podía respetar su cerebro cuando le preguntó por las dificultades económicas de los argentinos. Los episodios reforzaron las críticas por el trato del Presidente hacia la prensa y por su respuesta ante preguntas incómodas.

La disputa también tiene una dimensión económica y empresarial. En su discurso, Milei sostuvo que Clarín lo cuestiona porque su Gobierno permitió el ingreso de Starlink, la empresa de internet satelital de Elon Musk, al mercado argentino. En paralelo, las críticas al grupo mediático conviven con decisiones gubernamentales que afectan al sector de las telecomunicaciones, entre ellas la autorización de la fusión entre Telecom y Telefónica Argentina. Esa combinación de acusaciones políticas, intereses empresarios y decisiones regulatorias mantiene abierto el debate sobre la relación entre el poder político y los grandes grupos de comunicación.

El choque marca un deterioro público del vínculo entre Milei y Clarín, un grupo que, como otros grandes actores mediáticos, mantiene una relación compleja con los distintos gobiernos argentinos. El Presidente eligió llevar la confrontación a un escenario internacional y ante un auditorio integrado por políticos, empresarios y diplomáticos. En lugar de contestar la pregunta que originó el intercambio, convirtió el momento en una ofensiva contra el medio y sus periodistas, profundizando la tensión con el periodismo.

Las declaraciones desde Madrid vuelven a poner en discusión el papel de los medios en la política argentina, la responsabilidad de los funcionarios frente a la prensa y la utilización de acusaciones históricas en las disputas actuales. Mientras Milei denuncia supuestas maniobras de Clarín durante la crisis de 2001, sus expresiones también generan cuestionamientos sobre el respeto institucional y la libertad de expresión. El episodio suma un nuevo capítulo a una relación conflictiva en la que se mezclan poder político, intereses económicos y enfrentamientos públicos.

Fuente: La Política Online

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