El Niño seguirá intensificándose y alcanzaría su pico en diciembre: qué impacto puede tener en Argentina

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La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el fenómeno continuará fortaleciéndose durante los próximos meses y alcanzaría su máxima intensidad en diciembre. El episodio podría extenderse hasta los primeros meses de 2027 y aumentar el riesgo de temperaturas superiores a la media, lluvias intensas, sequías e inundaciones en distintas regiones.

El fenómeno de El Niño continuará intensificándose durante los próximos meses y alcanzaría su punto de mayor intensidad en diciembre, según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El organismo señaló que el episodio se encuentra en una fase “muy fuerte” y que su evolución tendrá consecuencias sobre las temperaturas y los patrones de precipitaciones a escala global. La previsión difundida este jueves indica además que sus efectos podrían prolongarse durante los primeros tres o cuatro meses de 2027, por lo que el escenario climático seguirá bajo observación durante el verano y el comienzo del próximo año.

Uno de los principales indicadores que sigue la OMM es la temperatura de la superficie del océano Pacífico. Para el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2026 se espera que las temperaturas en las zonas central y oriental del Pacífico tropical alcancen niveles excepcionalmente elevados. Ese calentamiento es una de las señales del fortalecimiento del fenómeno y explica por qué los organismos meteorológicos internacionales anticipan modificaciones importantes en las condiciones atmosféricas. La OMM advirtió que El Niño puede influir sobre las pautas climáticas de numerosas regiones y generar impactos sobre economías, ecosistemas y comunidades.

La principal preocupación está relacionada con la posibilidad de que el fenómeno provoque temperaturas superiores a las habituales en buena parte del planeta. Al mismo tiempo, la alteración de los patrones de precipitaciones puede generar escenarios muy diferentes según la región: mientras algunos territorios pueden recibir lluvias por encima de lo normal, otros pueden atravesar períodos de déficit hídrico. Por eso, la OMM plantea que el fortalecimiento de El Niño incrementará el riesgo de sequías e inundaciones en distintas zonas durante los próximos meses.

En Argentina, el escenario adquiere especial relevancia. El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que las condiciones del sistema ENOS corresponden a una fase cálida o El Niño y señaló que existe una probabilidad del 100% de que el fenómeno se mantenga durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre, con una intensidad fuerte o muy fuerte. El organismo también monitorea el comportamiento de las temperaturas del océano Pacífico y sus posibles consecuencias sobre las condiciones meteorológicas del país.

Las proyecciones para Sudamérica muestran que una de las zonas que puede recibir una mayor influencia del fenómeno es el sudeste del continente. La OMM ya había señalado que durante el período agosto-octubre existía una mayor probabilidad de condiciones más húmedas de lo habitual en el sudeste de América del Sur. Para Argentina, esto coloca especialmente bajo atención a regiones donde las lluvias intensas pueden provocar crecidas, anegamientos e inundaciones.

El riesgo, sin embargo, no depende exclusivamente de cuánta lluvia caiga. El investigador Matías Araujo, de la Fundación Tejido Urbano, planteó que el impacto de una inundación depende también de la cantidad de población y actividades expuestas, las condiciones de vulnerabilidad existentes y la capacidad institucional para prevenir, responder y recuperarse. Desde esta perspectiva, una misma cantidad de precipitaciones puede generar consecuencias muy diferentes dependiendo de las características del territorio y de las condiciones sociales de quienes viven en las zonas afectadas.

El especialista también puso el foco en la planificación urbana y en las obras destinadas a reducir el riesgo hídrico. Las obras hidráulicas pueden contribuir a disminuir la amenaza, pero no eliminan por sí solas las posibilidades de inundación. La expansión de las ciudades sobre áreas inundables, la pérdida de superficies de amortiguación, los cambios en el uso del suelo y las condiciones habitacionales forman parte de un problema más amplio. Por eso, la prevención requiere combinar infraestructura, sistemas de alerta, monitoreo meteorológico, planificación territorial y capacidad de respuesta estatal.

El impacto de El Niño tampoco termina cuando desaparece el agua de una inundación. La pérdida de viviendas, bienes e ingresos puede prolongar durante meses las consecuencias sobre las familias afectadas, especialmente entre quienes cuentan con menor capacidad económica para recuperarse. Frente a este escenario, los organismos especializados recomiendan fortalecer los sistemas de prevención y alerta temprana y preparar a los sectores más expuestos antes de que se produzcan los episodios extremos. En Argentina, además, distintas áreas nacionales ya elaboraron boletines específicos para monitorear la situación hidrometeorológica asociada al fenómeno.

El Niño se encamina así hacia un diciembre que podría marcar el punto máximo de un episodio climático de gran intensidad. La OMM prevé que sus efectos continúen durante parte de 2027 y advierte sobre temperaturas superiores a la media y modificaciones en las precipitaciones a escala mundial. Para Argentina, el desafío estará particularmente ligado a la preparación frente a lluvias intensas, crecidas e inundaciones, sin perder de vista que los impactos pueden variar considerablemente entre regiones. Más que esperar el pico del fenómeno, los especialistas ponen el foco en anticiparse y reducir la vulnerabilidad de los territorios antes de que lleguen los eventos más intensos.

Fuente: Noticias Argentinas

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