Denuncian que científicos del CONICET ya pagan de sus sueldos los insumos para investigar

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La denuncia surge de un laboratorio de la UBA y el CONICET que desarrolla investigaciones vinculadas con el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños. Su directora advirtió que la falta de financiamiento llevó a investigadores a aportar dinero de sus propios salarios para sostener la actividad y alertó que, si la situación continúa, el laboratorio podría cerrar.

La falta de financiamiento para la investigación científica volvió a quedar expuesta a partir de la situación denunciada en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia (IBCN), dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET. Allí se desarrolla un proyecto orientado a mejorar el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños, pero sus responsables advierten que la reducción de recursos disponibles está dificultando la continuidad de las investigaciones. La directora del laboratorio, Verónica Báez, afirmó que algunos investigadores comenzaron a utilizar parte de sus propios salarios para comprar insumos necesarios para mantener los trabajos.

El laboratorio trabaja sobre un análisis de sangre que podría contribuir a acelerar la identificación de trastornos del neurodesarrollo. El desarrollo ya habría obtenido resultados positivos durante las etapas realizadas con animales y actualmente se encuentra en una fase de recolección de muestras de personas voluntarias. La investigación apunta a complementar o facilitar procesos diagnósticos que actualmente pueden requerir estudios genéticos complejos y costosos. La continuidad de este tipo de proyectos depende, entre otros factores, de la disponibilidad de reactivos, equipamiento e insumos específicos para realizar los análisis.

Uno de los problemas señalados por Báez está relacionado con el costo que tienen actualmente los estudios necesarios para confirmar determinados diagnósticos. Según explicó la investigadora, la secuenciación de ADN puede tener un valor de entre 1.000 y 2.000 dólares, dependiendo de la cantidad y características de la secuencia que se deba analizar. En ese contexto, una herramienta que permita avanzar hacia diagnósticos más accesibles podría tener impacto sobre familias que actualmente encuentran dificultades para afrontar estudios de ese costo. La investigación desarrollada por el laboratorio busca precisamente aportar conocimiento en ese campo.

Sin embargo, el principal obstáculo señalado por el equipo no estaría relacionado con la falta de resultados científicos, sino con los recursos disponibles para sostener el trabajo. Báez explicó que el laboratorio cuenta actualmente con mucho menos dinero para desarrollar sus investigaciones y que, pese a continuar trabajando y buscar colaboración con investigadores del exterior, la situación financiera se volvió cada vez más compleja. En ese marco, sostuvo que algunos integrantes del equipo están aportando dinero de sus salarios para poder adquirir determinados insumos. Se trata de una afirmación realizada por la responsable del laboratorio y difundida por InfoGremiales como parte de su denuncia sobre la situación del sistema científico.

La investigadora también describió modificaciones en la organización de los grupos de trabajo como consecuencia de las restricciones presupuestarias. Según su testimonio, algunos laboratorios debieron cerrar y otros equipos comenzaron a unificar sus estructuras para poder continuar desarrollando proyectos con recursos limitados. Báez utilizó el término “cientificidio” para describir lo que considera un proceso de deterioro de la actividad científica. Esa expresión constituye una valoración de la situación realizada por la investigadora y forma parte del debate que existe actualmente entre integrantes de la comunidad científica respecto del financiamiento público de la investigación.

El caso también vuelve a poner en discusión el papel del Estado en el financiamiento de investigaciones vinculadas con la salud. El proyecto desarrollado por el laboratorio combina investigación básica y aplicada, con la expectativa de generar una herramienta que pueda contribuir a mejorar los tiempos y las condiciones del diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo. Para los investigadores, la continuidad de este tipo de desarrollos requiere una infraestructura científica estable y recursos suficientes para sostener las diferentes etapas de los proyectos, desde la adquisición de insumos hasta el procesamiento de las muestras y el análisis de los resultados.

La situación se produce además en medio de un escenario de fuertes discusiones sobre el financiamiento del CONICET y del sistema científico argentino. En los últimos meses, organizaciones de trabajadores y representantes de la comunidad científica vienen cuestionando la disponibilidad presupuestaria y las condiciones laborales en distintos organismos de investigación. En este caso particular, la denuncia se concentra en las dificultades concretas que enfrenta un laboratorio de la UBA y el CONICET y en la necesidad de contar con recursos para evitar que una investigación que ya avanzó en sus primeras etapas quede interrumpida por falta de insumos.

La advertencia de Báez apunta directamente a la continuidad del laboratorio: “si esto sigue así vamos a tener que cerrar”, sostuvo la investigadora. La frase sintetiza el principal riesgo que plantea el equipo ante la reducción de recursos disponibles. El caso vuelve a instalar así una discusión sobre las consecuencias que puede tener la falta de financiamiento sostenido para proyectos científicos que buscan resolver problemas concretos, especialmente en áreas relacionadas con la salud. Mientras los investigadores procuran mantener las líneas de trabajo mediante recursos propios y cooperación externa, el conflicto plantea qué nivel de financiamiento público resulta necesario para garantizar la continuidad de la investigación científica en Argentina.

Fuente: InfoGremiales

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