El día de la primavera del año 1946, el gobierno Peronista puso en práctica la ley 12.862 de suspensión de juicios y desalojos urbanos.
Hacia apenas tres meses que Juan Domingo Perón había asumido la Presidencia de la Nación por primera vez.
Uno de los valores innegociables del Peronismo, que tiempo después sería incorporado a la Constitución Nacional, era el de la Función Social de la Propiedad
Esta iniciativa le posibilitó a quienes no tenían una vivienda estable, tener un marco protector, e impedir que los sectores más vulnerables de la población se quedaran sin un techo para vivir.
Ochenta años después, el salvajismo político de un supuesto liberalismo que ha tomado el gobierno merced a la trampa de una falsa democracia controlada por un entramado corporativo oligárquico, ha logrado media sanción para una ley de “inviolabilidad de la propiedad privada” que habilita desalojos exprés en tan solo 10 días, por falta de pago de un alquiler.
Este gobierno, que destruye fuentes de trabajo, que pulveriza los salarios de la clase trabajadora y empuja al endeudamiento a millones de familias, completa su tarea expulsándolos de la vivienda cuando no puedan pagar el alquiler.
A la luz de la experiencia histórica, la batalla sigue siendo entre pueblo y oligarquía, entre patriotas y cipayos, es por conquistar una democracia en serio o aceptar resignadamente el sistema en el que estamos viviendo.
El desafío es volver a Perón y la forma de volver hoy a Perón es reconstruir en absoluta unidad un Movimiento capaz de recuperar los valores y el espíritu revolucionario de otros tiempos, aquellos que fueron los mejores para el pueblo argentino.
Unir al pueblo argentino para pelear por el poder, lo que representa mucho más que alcanzar una victoria electoral.
Por Hector Amichetti



