Somos muy “negros” para comer carne de vaca

CARNE
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

El mercado busca reducir el consumo de carne vacuna en nuestro país, para orientar las ventas a los mercados internos. Además de hacer todo lo posible para sacar la carne de nuestras mesas, nos hablan de la “fantasía de la carne barata” que vivió Argentina durante 70 años. Sin embargo, un análisis de costos comparados de producción, nos indica que producir un kilo de carne en nuestro país es tres veces más barato que en Estados Unidos, y cuatro veces menos que en Francia.

Uno se mal acostumbra y piensa que las cosas malas se circunscriben a unos pocos ejemplos. Sin embargo, abundan. Entre ellas, las llamadas consultoras que, en lugar de hacer estudios sobre determinados aspectos de la realidad, operan sobre los supuestos resultados contribuyendo a una tendencia inducida por los actores de mayor peso específico dentro del universo estudiado y no sobre lo que la mayoría piensa o puede contar.

A diario, lo venos con la difusión de encuestas sobre imagen o intención de voto hacia el presidente o algún candidato opositor; o nos ametrallan con las perspectivas financieras que vaticinan los expertos; o sobre la caída o aumento de precios, demanda de empleo, etc, etc.

Con las vacas y la posibilidad de que las familias tengan acceso a poder comprar carne vacuna en el mostrador también lo hacen. El diagnóstico que encierra al plan busca reducir el consumo un 22% más hacia 2031.

En criollo, del mínimo casi histórico de kilos de carne de vaca por persona por año en Argentina, que actualmente ronda los 45 kilos, planean llevarlo a 35 per cápita al término del próximo lustro.

Los argumentos a favor son “de libro” y mantienen plena vigencia en los sectores de la cadena ganadera de mayor peso específico dentro de ese mercado. Alegan que en los últimos 60 años nunca hubo condiciones tan favorables en el mundo para la carne vacuna argentina, y que el negocio está alcanzando un escalón “deseado” y buscado durante años: responder sólo al mercado internacional en función de lo que mande el mercado internacional.

Los operadores son varios. Pero uno de ellos -Víctor Tonelli-, repitió días atrás el mantra del ganadero cipayo. No hay que enojarse. Lo que hay que hacer es escuchar y observar para comprender. En definitiva, nos están contando de primera mano qué piensan de la vida y el mundo. Eso nos da elementos a todos los demás para formar criterio respecto de lo que viene.

Según este consultor, por primera vez en la historia los precios de la actividad ganadera están alineados con los internacionales. Dijo que esto va más allá de un “boom”, porque no se trata de un ciclo favorable de precios, sino de un cambio de condiciones estructurales de una vez y para siempre. Tras “décadas de estancamiento” comienza una “nueva era para la ganadería”.

Según el analista, la situación actual viene desarrollándose desde hace tres años y se puede proyectar por al menos otros tres a cinco más; donde la demanda internacional de carne vacuna argentina irá en crecimiento, los precios serán favorables, pero aún así la oferta será “corta”.

Es decir, las cabezas destinadas a la exportación irán aumentando, pero seguirán siendo insuficientes. Se trataría de un fenómeno mundial, del cual la Argentina sólo podrá salir beneficiada, porque logró una “conexión plena” con los mercados mundiales, “sin prohibiciones, cupos y limitaciones a las exportaciones”.

Esta política habría funcionado como “un incentivo de enorme magnitud”, y “la respuesta del productor fue inmediata y entendió que hay que pisar el acelerador para acoplarse al dinamismo del mercado internacional”.

La nueva era habría comenzado cuando China “revalorizó” hacia el año 2018 la cotización de la denominada “vaca refugo”. En la jerga, es la manera de llamar a las vacas de descarte, que se eliminan del rodeo de cría y se envían a faena. Los motivos pueden ser la avanzada edad del animal, la baja fertilidad, problemas sanitarios, entre otros.

A esto se sumo el crecimiento de la denominada “relación ternero-vaca”. Es decir, la cantidad de terneros nuevos en relación a la cantidad de vientres potencialmente disponibles. Este parámetro está íntimamente relacionado al porcentaje de preñez.

Así, que la “vaca vieja” tenga valor internacional y que proporción de terneros aumente, son dos datos positivos para aquellos que pretenden perfilar la actividad ganadera preponderantemente hacia el mercado externo al igual que ocurre con los granos desde hace décadas; y como se está imponiendo con los hidrocarburos y la minería.

Según lo expuesto por el consultor de una relación ternero-vaca “estancada en un 63 a 64% durante décadas”, se pasó a casi 70% en lo que va de el corriente año. En criollo, de cada 100 vacas aptas para reproducirse, se obtienen casi 70 terneros. Este rango -aunque no fue el caso de Tonelli-, para otras voces del sector aún está lejos de óptimo buscado que rondaría el 90%.

Por lo tanto, si la política económica se lo permite y facilita -como la actual-, el sector se abocará durante los próximos años a alcanzar dicho nivel. Para ello, continuará separando la carne vacuna del consumo interno.

La explicación brindada por Tonelli es clara, contundente y transparente. Sostuvo que el pueblo argentino vivió la “fantasía de la carne barata” durante décadas mediante “subsidios e intervenciones estatales”.

Sostuvo que “la carne vacuna es cara y debe ser cara”, porque de otra manera no tendría manera “de subsistir”. Según el consultor, “por primera vez en la historia, los precios relativos de las carnes en la Argentina se están alineando con los valores internacionales”.

Explicó que la relación de precios entre carne vacuna y carne aviar es de 4 a 1; y de 2 a 1 comparada con la porcina. En criollo: se la carne de vaca cuesta 10, la de pollo vale 2,5 y la de cerdo, 5.

El remate fue insuperable. Una declaración de principios. Lea atentamente:

“Hace 60 años, un argentino consumía un total de 92 kilos de carne anuales; de los cuales 80 kg eran de carne vacuna, 12 kg de pollo y prácticamente nada de cerdo. Hoy en día, el consumo total de carnes escaló a 115 kg anuales, pero su composición cambió drásticamente: el pollo ascendió a 65 kilogramos, mientras que la carne vacuna retrocedió a 45 kilos”.

El objetivo/tendencia al que se dirigen los principales actores de la cadena bovina, será el de la baja pronunciada del consumo interno per cápita para los próximos años, y hacerlo descender hasta los “35 kg por persona al año”.

Si nos basamos en los números frescos que adelantó la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA) que publicará formalmente en las próximas horas, en agosto el consumo de carne vacuna se ubicó en 46 kilos de carne vacuna por persona al año. Eso implica un descenso del 9,5% respecto del registrado en agosto de 2025.

En fin, el camino marcado por la cadena ganadera está claro: mirar hacia afuera, aprovechando las enormes ventajas que implica producir carne vacuna en Argentina. Esa parte no la van a contar, pero te la explicamos nosotros:

En nuestro país, dependiendo de si se trata de cría/recría a pasto o engorde intensivo en corral (feedlot), el costo de producción ronda entre 1,20 dólares y 1,9 dólares por kilo vivo respectivamente.

En Francia las cifras se cuadruplican: U$S 5,50 y U$S 8,25 por kilo vivo.

En Estados Unidos, el costo comparado con el nuestro se triplica: está en U$S 2,20 y U$S 6 por kilo vivo.

Por lo tanto, los muchachos que obtienen afuera una diferencia abismal de márgenes y pretenden estar en ese mercado, o que la familia argentina pague esos precios internos.

De allí lo de la “fantasía de la carne barata”. Pero como le mostramos, es barata. Al menos en relación ala que pagan los yanquis o los franceses.

Pero bueno… no importan estas evidencias. Mandan el mercado y las “tendencias”. Si no nos entra en la cabeza es porque somos muy “negros” para comer carne de vaca.

Por Pablo Casals

Scroll al inicio