La Cooperativa de Trabajo Zavalla Santa Fe logró certificar la producción orgánica de su molino y planta de elaboración. El proyecto nació de una iniciativa vinculada con la agroecología, trabaja unas 60 hectáreas y transforma el trigo en harina integral, fideos, pizzas, panificados y otros alimentos.
Una experiencia cooperativa de la localidad santafesina de Zavalla logró dar un nuevo paso en su desarrollo productivo al obtener la certificación orgánica para su molino y planta de elaboración. La iniciativa combina producción agroecológica, agregado de valor en origen y trabajo cooperativo, con el objetivo de generar alimentos a partir de materias primas trazables y sin utilización de agrotóxicos. El proyecto busca además ampliar sus canales de comercialización y llegar progresivamente con sus productos a consumidores de otras provincias.
La Cooperativa de Trabajo Zavalla Santa Fe Ltda. nació en 2021 a partir del impulso del municipio local y del interés de productores de la zona por desarrollar alternativas productivas vinculadas con la agroecología. En ese proceso tuvo un papel importante la existencia de un antiguo molino que pertenecía a la familia de uno de los integrantes de la futura cooperativa. Hacia fines de 2023 comenzó la restauración de las instalaciones con la intención de recuperar una estructura productiva y ponerla nuevamente al servicio de la comunidad.
El proyecto se desarrolló además en un territorio donde existe una regulación específica sobre el uso de agroquímicos. Una ordenanza municipal establece restricciones para la aplicación de productos en el área periurbana de Zavalla. Dentro de los primeros 200 metros no está permitida la utilización de ningún tipo de herbicida, mientras que hasta los 3.000 metros existen condiciones determinadas para los productos autorizados, que deben ser aplicados respetando las recetas correspondientes y las condiciones climáticas. Este marco contribuyó a fortalecer una propuesta productiva basada en prácticas agroecológicas.
Actualmente la cooperativa trabaja aproximadamente 60 hectáreas en las que produce trigo, girasol, maíz y otros cultivos. El trigo ocupa un lugar central porque permite abastecer al propio molino y avanzar en un esquema que agrega valor a la producción primaria. En lugar de comercializar únicamente la materia prima, la organización transforma parte de esa producción en harina integral y posteriormente utiliza ese insumo para elaborar distintos alimentos. De esta manera, el proceso productivo se desarrolla en buena medida dentro de la propia estructura cooperativa.
La producción ya incluye harina integral, fideos, pizzas, lengüitas, pepas y pan integral. La certificación orgánica alcanza al molino y a la planta donde se elaboran los alimentos, mientras que las materias primas utilizadas cuentan con trazabilidad. Este aspecto permite garantizar un seguimiento del origen de los insumos y constituye uno de los elementos centrales de la propuesta, que busca diferenciarse en un mercado donde existe una creciente demanda por alimentos producidos bajo criterios ambientales y de cuidado de los recursos.
La estructura de la cooperativa todavía es pequeña. Actualmente está integrada por seis socios y socias, mientras que otros dos trabajadores se incorporan de acuerdo con las necesidades de producción. El crecimiento se desarrolla de manera gradual, en un contexto económico que los propios integrantes describen como complejo. Por ese motivo, la estrategia consiste en aumentar progresivamente la producción, consolidar los canales de venta y ampliar la presencia de los productos en distintos mercados sin perder la escala y las características del proyecto.
Uno de los objetivos inmediatos es fortalecer la comercialización. Los productos ya lograron ingresar a dietéticas y redes vinculadas con la agroecología, además de participar en espacios relacionados con la economía social. La cooperativa también trabaja en una nueva presentación de su harina integral, en un envase de 750 gramos, y apunta a ampliar su llegada hacia consumidores de otras provincias. El desafío es transformar el reconocimiento obtenido por la iniciativa en una mayor capacidad comercial que permita sostener y ampliar el trabajo productivo.
El proyecto también consiguió trascender las fronteras de la región. La experiencia fue seleccionada entre nueve propuestas ambientalistas destacadas a nivel internacional en una presentación realizada por la Facultad de Agronomía. Además, durante este año integrantes de la cooperativa participaron de una feria realizada en Dubái, donde pudieron mostrar su producción y dar a conocer el modelo desarrollado en Zavalla. Estos reconocimientos representan una oportunidad para visibilizar una alternativa que combina producción de alimentos, organización cooperativa y prácticas agroecológicas.
Para los integrantes de la Cooperativa de Trabajo Zavalla, el desafío no pasa solamente por producir alimentos orgánicos, sino también por demostrar que existen modelos productivos capaces de generar valor desde las comunidades y mediante la organización colectiva. Su presidente, Julián Graziosi, sintetizó esa mirada al remarcar que el camino está en el cooperativismo y en la unión entre productores y trabajadores. La experiencia santafesina muestra así cómo la recuperación de una infraestructura productiva, la producción agroecológica y la transformación de materias primas pueden articularse para construir una alternativa de economía social con posibilidades de crecimiento.
Fuente: Motor Económico



