Tres de cada cuatro hogares de barrios populares no llegan a cubrir lo básico para vivir

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Un relevamiento del Instituto Periferias sobre 5.000 casos en 15 provincias expone el deterioro de los ingresos en los sectores populares. El 74,4% de los hogares asegura que no logra cubrir sus gastos mínimos y el 61,8% de las personas consultadas tiene algún tipo de deuda.

Tres de cada cuatro hogares que viven en barrios populares aseguran que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos mínimos del mes, según el informe final elaborado por el Instituto Periferias a partir de un relevamiento de 5.000 casos en 15 provincias. El estudio, realizado durante agosto junto con organizaciones sociales, profesionales e investigadores, muestra un escenario marcado por la insuficiencia de ingresos y el crecimiento del endeudamiento. En concreto, el 74,4% de los hogares consultados manifestó que no logra afrontar con sus recursos las necesidades básicas, mientras que apenas el 11,1% señaló que consigue cubrir sus obligaciones esenciales.

Uno de los datos que más preocupa es la expansión de las deudas dentro de los hogares. El 61,8% de las personas relevadas declaró tener algún tipo de endeudamiento, un porcentaje superior al 59,8% registrado en el informe preliminar que el Instituto Periferias había difundido durante agosto. Pero el dato adquiere una dimensión todavía mayor cuando se observa para qué se tomó esa deuda: el 59,8% de las personas endeudadas afirmó que recurrió a ese mecanismo para poder comprar alimentos. De esta manera, el endeudamiento aparece directamente relacionado con la dificultad para garantizar el consumo cotidiano.

La situación plantea una transformación en el papel que cumple el crédito dentro de la economía familiar. Tradicionalmente, endeudarse puede estar asociado con la compra de un electrodoméstico, una reparación, una celebración familiar o una emergencia puntual. Sin embargo, el relevamiento sostiene que en los sectores populares la deuda está comenzando a utilizarse de manera crónica para cubrir gastos indispensables. El sociólogo Daniel Menéndez, director del Instituto Periferias, describió este cambio al señalar que las familias pasaron de endeudarse por situaciones extraordinarias a hacerlo para sostener la compra de comida.

Los mecanismos utilizados para conseguir ese financiamiento son diversos y muestran la amplitud del fenómeno. En el relevamiento preliminar, el 37,8% de quienes tenían deudas mencionó las tarjetas de crédito, mientras que el 28,7% recurrió a préstamos o dinero de familiares y conocidos. También aparecieron los préstamos de particulares, mencionados por el 23,6%, y las aplicaciones o billeteras virtuales, utilizadas por el 23,3%. Las categorías no eran excluyentes, por lo que una misma persona podía recurrir simultáneamente a distintas alternativas para conseguir dinero y afrontar los gastos del hogar.

El problema central, de acuerdo con el análisis del informe, no estaría entonces en la decisión individual de endeudarse sino en la insuficiencia de los ingresos disponibles. Cuando el salario, una changa o una jubilación no alcanzan para cubrir alimentos, servicios, alquiler y otros gastos esenciales, el crédito aparece como una forma de completar aquello que falta. Pero esa solución tiene un límite: el dinero utilizado durante el presente debe ser devuelto con ingresos futuros que, según el propio relevamiento, ya resultaban insuficientes. Así, una familia puede conseguir resolver la compra del supermercado de un mes, pero al mismo tiempo trasladar el problema al mes siguiente.

El informe también pone el foco en la relación entre la evolución de los precios y la capacidad real de compra de los hogares. Una eventual desaceleración de la inflación no implica necesariamente que todas las familias recuperen automáticamente su poder adquisitivo. Si los ingresos quedaron rezagados frente al aumento acumulado de alimentos, servicios, alquileres y otros gastos, una menor velocidad de crecimiento de los precios puede no ser suficiente para recomponer la situación. Desde esta perspectiva, el dato sobre los hogares que no consiguen cubrir sus gastos mínimos muestra una problemática vinculada no solamente con la inflación corriente, sino también con el nivel de ingresos que tienen actualmente esos sectores.

La consecuencia más delicada aparece cuando la deuda deja de ser un recurso excepcional y pasa a formar parte permanente del presupuesto familiar. El relevamiento describe una secuencia en la que el ingreso no alcanza, el hogar reduce consumos, la alimentación comienza a verse afectada y finalmente se recurre al endeudamiento para completar el dinero necesario. En ese esquema, el crédito funciona como un puente entre los recursos disponibles y los gastos que deben pagarse, pero ese puente tiene un costo porque compromete ingresos futuros. Si el faltante vuelve a repetirse en el siguiente período, la deuda puede acumularse y profundizar todavía más la fragilidad económica.

Los resultados del Instituto Periferias vuelven a colocar en primer plano la situación cotidiana de los hogares de los barrios populares y muestran que detrás de los indicadores macroeconómicos existe una realidad marcada por dificultades para llegar a fin de mes. El 74,4% de hogares que no consigue cubrir sus gastos mínimos y el 61,8% de personas endeudadas configuran un escenario en el que una parte importante de las familias necesita recurrir a mecanismos extraordinarios para sostener consumos básicos. El dato más significativo es que casi seis de cada diez personas endeudadas utilizaron ese dinero para comprar alimentos, una señal de que la deuda dejó de estar asociada exclusivamente al consumo y comenzó a cumplir, para muchos hogares, una función de supervivencia económica.

Fuente: El Destape

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