Dos históricas cadenas de electrodoméstico cerraron en medio de la crisis de Milei

Economia
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El sector comercial y minorista de la Argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas como correlato directo de la profunda recesión económica y la abrupta caída del consumo interno. En este escenario de ajuste financiero y retracción generalizada de las ventas, dos emblemáticas firmas dedicadas a la comercialización de artículos para el hogar y tecnología acapararon los titulares tras confirmarse nuevos y drásticos recortes operativos. Mientras una de las marcas insignia del rubro avanzó hacia su quiebra definitiva dictada por la Justicia, otra de las cadenas tradicionales concretó el cierre masivo de persianas en distintas provincias del norte argentino, dejando a decenas de trabajadores en la calle.

La debacle estructural golpea con especial dureza a las grandes superficies comerciales que arrastraban desequilibrios financieros previos, los cuales se tornaron insostenibles bajo el modelo económico implementado por la administración de Javier Milei. La combinación letal de tarifazos, pérdida drástica del poder adquisitivo de los salarios, desregulación de precios y una marcada contracción en la demanda dejó sin margen de maniobra a empresas históricas del sector. Los sindicatos mercantiles y las cámaras del sector alertan que esta dinámica destruye mes a mes el tejido productivo y comercial, pulverizando puestos de trabajo formales tanto en los centros de venta como en el entramado industrial vinculado.

En el caso de Musimundo, el proceso de achique se aceleró de manera alarmante en las últimas semanas con la oficialización del cierre definitivo de sucursales estratégicas emplazadas en el Noreste Argentino (NEA). La medida restrictiva impactó de lleno en locales ubicados en provincias como Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa, donde la firma redujo su presencia territorial de forma drástica. En territorio chaqueño, la baja de persianas golpeó fuertemente a filiales de ciudades clave como Resistencia, Barranqueras y Fontana, desatando la bronca y el rechazo generalizado de los gremios mercantiles locales que denuncian despidos encubiertos y falta de respuestas patronales.

Detrás de este fuerte repliegue comercial de Musimundo aparece el concurso preventivo de acreedores impulsado por la firma Carsa ante la Justicia chaqueña, reflejo de una mochila financiera imposible de cargar en el contexto actual. Los informes judiciales detallan que la empresa acumula pasivos comerciales y financieros superiores a los 63.500 millones de pesos, una cifra que pulverizó cualquier posibilidad de reestructuración viable. La imposibilidad de refinanciar deudas en un mercado con tasas elevadas y un consumo planchado condenó a la compañía a despojarse de activos y a licuar su estructura operativa para evitar un colapso aún mayor.

Por su parte, la situación de Garbarino escribió un nuevo y definitivo capítulo en su prolongada agonía institucional al dictarse formalmente su quiebra judicial definitiva. En el marco del proceso liquidatorio, la Justicia intensificó la búsqueda y tasación de todos los bienes remanentes, marcas registradas y participaciones societarias con el propósito de intentar afrontar la colossal montaña de pasivos acumulados con acreedores y exempleados. Dentro de este inventario de bienes bajo la lupa se encuentran las plantas industriales de Tecnosur S.A. y Digital Fueguina S.A., radicadas en la provincia de Tierra del Fuego, las cuales llevan un largo periodo paralizadas ante la imposibilidad de encontrar compradores o reactivar la producción.

El desplome industrial fueguino y la caída en la comercialización de línea blanca y tecnología reflejan el impacto colateral de un modelo que prioriza la apertura importadora frente a la defensa de la industria nacional. Las fábricas de Tierra del Fuego operan bajo mínimos históricos de activismo fabril, lo que repercute directamente en despidos masivos, suspensiones rotativas y un estado de alerta permanente impulsado por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Para los gremios, la falta de incentivos oficiales al compre nacional y la desprotección frente a la competencia externa constituyen una sentencia de muerte para el polo tecnológico patagónico.

La crisis de estas cadenas de electrodomésticos no representa un hecho aislado, sino que se inscribe en una tendencia recesiva más amplia que golpea al comercio minorista, a la construcción y a las economías regionales desde el inicio de la gestión libertaria. Cada persiana que baja significa la pérdida irreuperable de empleos genuinos y el desabastecimiento progresivo de plazas comerciales que solían dinamizar la economía de cercanía. Los empresarios PyME y los comerciantes advierten que, de no mediar un cambio en el rumbo macroeconómico que reactive el poder de compra de la población, la sangría de cierres patronales continuará expandiéndose a lo largo del país.

Mientras las negociaciones en los ministerios de trabajo provinciales continúan empantanadas ante la falta de fondos de las empresas para abonar indemnizaciones, la incertidumbre se apodera de los planteles de trabajadores que aún sobreviven en el sector. El colapso de marcas que durante décadas fueron sinónimo de consumo masivo y facilidades de pago marca el pulso de una época signada por la restricción presupuestaria y el ahogamiento financiero de la clase trabajadora argentina.

Fuente: El Destape

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