Tilcara fue escenario del primer encuentro binacional dedicado a las uvas criollas de altura, con la participación de productores de Bolivia y de la Quebrada de Jujuy. La iniciativa busca visibilizar variedades y productores que forman parte de una tradición vitivinícola regional.
La localidad jujeña de Tilcara fue escenario del primer encuentro binacional de uvas criollas de altura, una iniciativa que reunió a productores de Bolivia y de la Quebrada de Jujuy con el objetivo de poner en valor variedades tradicionales de la región. La actividad busca sacar del anonimato tanto a quienes producen estas uvas como a las cepas que se encuentran distribuidas a lo largo de los territorios argentino y boliviano.
El encuentro propone mirar la vitivinicultura desde una perspectiva que excede a las grandes bodegas y a las variedades más conocidas comercialmente. Las uvas criollas forman parte de una historia productiva vinculada a territorios de altura y a comunidades que conservaron prácticas y variedades a lo largo de generaciones. En ese sentido, recuperar su valor también implica reconocer a quienes sostuvieron esas producciones.
La participación de productores bolivianos y jujeños le otorgó al encuentro una dimensión binacional. Las fronteras políticas no necesariamente coinciden con las historias productivas y culturales de las comunidades andinas, que durante siglos mantuvieron vínculos y circuitos de intercambio. La vid también forma parte de ese entramado regional, con variedades adaptadas a condiciones particulares de altura.
Tilcara aparece así como un punto de encuentro entre productores, conocimientos y experiencias. La localidad, ubicada en la Quebrada de Humahuaca, constituye además un territorio donde la identidad cultural y las actividades productivas se encuentran estrechamente vinculadas. La realización de una actividad centrada en las uvas criollas permite sumar una nueva dimensión a esa identidad y poner en discusión el potencial de las economías regionales.
Uno de los objetivos principales fue precisamente visibilizar a los productores. En muchos casos, las variedades tradicionales quedan fuera de los circuitos comerciales más grandes y su existencia resulta desconocida para buena parte de los consumidores. Darles reconocimiento puede contribuir a generar nuevas oportunidades para quienes las cultivan y, al mismo tiempo, fortalecer la conservación de un patrimonio agrícola que podría perderse.
La recuperación de estas cepas también tiene una dimensión cultural. Las variedades de uva no son solamente un insumo para la elaboración de vino: forman parte de la historia productiva de los territorios donde se desarrollaron. Conservarlas implica mantener conocimientos sobre cultivos, cosechas y formas de producción que fueron transmitidos entre generaciones.
El encuentro también permite pensar la producción vitivinícola desde una perspectiva regional. La articulación entre Argentina y Bolivia puede favorecer el intercambio de experiencias y generar nuevas posibilidades para productores de pequeña escala. En lugar de concentrar la mirada únicamente en los grandes centros vitivinícolas, iniciativas de este tipo ponen el foco sobre territorios de altura y sobre producciones que buscan ganar reconocimiento.
La primera edición del encuentro binacional representa, de esta manera, un paso para instalar la discusión sobre las uvas criollas de altura y sus productores. La iniciativa realizada en Tilcara busca que esas cepas dejen de permanecer en el anonimato y puedan ser reconocidas como parte de un patrimonio productivo y cultural compartido entre Argentina y Bolivia.
Fuente: Página12



