En Doblas, una localidad de apenas 1.800 habitantes, una cooperativa de servicios públicos amplió su actividad para acompañar a productores apícolas. Una sala de extracción comunitaria y una fraccionadora de miel permiten que unos 60 productores trabajen de manera asociativa y generen un movimiento económico que alcanza a unas 130 personas.
En tiempos donde muchas pequeñas localidades del interior enfrentan dificultades para sostener empleo y actividad económica, el cooperativismo aparece como una herramienta concreta para generar producción y arraigo. Un ejemplo se encuentra en Doblas, La Pampa, donde la Cooperativa de Agua Potable y Otros Servicios Públicos incorporó una faceta productiva vinculada con la apicultura.
La entidad nació en 1967 por una necesidad básica: garantizar el acceso al agua potable. Con el paso de las décadas fue ampliando sus servicios y actualmente brinda agua, electricidad urbana y rural, internet, televisión, telefonía y servicio funerario. A esa estructura se sumaron proyectos productivos destinados a generar nuevas oportunidades para la comunidad.
Uno de los principales proyectos es la sala de extracción de miel, que permite a los productores procesar la producción obtenida en la zona sin tener que trasladarla fuera de la localidad. El espacio cuenta además con una fraccionadora, lo que agrega valor a la producción y abre la posibilidad de avanzar sobre nuevas formas de comercialización.
La experiencia ya reúne a unos 60 productores apícolas. Según explicó Jorge Páez, presidente de la cooperativa, la actividad puede generar un movimiento económico que alcanza aproximadamente a 130 personas de manera directa e indirecta, entre productores, trabajadores y distintos actores vinculados a la cadena productiva.
El impacto se vuelve todavía más significativo cuando se observa el tamaño de Doblas. Con alrededor de 1.800 habitantes, cada actividad productiva tiene una incidencia importante sobre la economía local. En los años de buenas cosechas, la producción de miel permite que dinero generado por el trabajo de los propios productores permanezca y circule dentro del pueblo.
La apicultura, sin embargo, no está exenta de dificultades. El sector depende de factores que escapan al control de los productores, como el clima, las condiciones ambientales y la evolución de los precios. Frente a ese escenario, la organización cooperativa permite compartir infraestructura y reducir algunas de las dificultades que tendría que afrontar individualmente cada productor.
La experiencia de Doblas también muestra que una cooperativa puede ir mucho más allá de la prestación de servicios básicos. La entidad impulsa además otros proyectos productivos, entre ellos una planta de fraccionamiento de agua, pensada especialmente como una alternativa para generar empleo para mujeres de la localidad.
El modelo se completa con una estrategia destinada a mejorar los servicios públicos. En materia eléctrica, la cooperativa participa de un sistema provincial donde las entidades de servicios públicos tienen un rol central. También se trabaja en un fondo compensador para atender las diferencias de costos entre localidades y en la incorporación de medidores inteligentes para registrar el consumo en tiempo real.
Así, detrás de una sala de extracción de miel aparece una discusión mucho más profunda: qué modelo de desarrollo necesitan los pueblos pequeños para evitar la pérdida de población y de oportunidades laborales. En Doblas, la respuesta se está construyendo desde la asociación entre productores, trabajadores y una cooperativa que decidió convertir las necesidades de la comunidad en proyectos concretos.
Porque acá la miel es solamente una parte de la historia. La verdadera producción es comunidad, trabajo y arraigo.
Con ayuda de Motor Economico



