La Cámara de Diputados aprobó el proyecto impulsado por el Gobierno con 144 votos a favor, 102 en contra y nueve abstenciones. La iniciativa busca blindar la política monetaria, prohibir el financiamiento del Tesoro y limitar la intervención del Banco Central. Ahora deberá ser discutida en el Senado.
El Gobierno de Javier Milei consiguió este miércoles una de las votaciones que considera centrales para su programa económico. Con respaldo de bloques aliados, la Cámara de Diputados aprobó la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y le dio media sanción a una iniciativa que ahora deberá atravesar el Senado.
El proyecto obtuvo 144 votos afirmativos, 102 negativos y nueve abstenciones, una mayoría que le permitió al oficialismo avanzar sin mayores sobresaltos en el recinto. La reforma es presentada por el Gobierno como una herramienta para consolidar la política de “emisión cero” y atacar uno de los factores que Milei considera centrales en la explicación de la inflación.
Pero detrás del argumento de combatir la emisión existe una transformación mucho más profunda: la iniciativa busca restringir severamente la capacidad del Banco Central para financiar al Estado. Entre otras medidas, plantea prohibir los adelantos transitorios al Tesoro, impedir préstamos a las provincias y limitar determinadas operaciones con títulos públicos.
El proyecto también propone modificar el funcionamiento institucional del organismo y fortalecer la autonomía de su directorio. Para remover al presidente y a los directores del Banco Central se exigiría una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso, una condición que apunta a impedir que futuros gobiernos puedan modificar fácilmente la conducción de la autoridad monetaria.
Desde el oficialismo defendieron la reforma como una forma de impedir que el Banco Central vuelva a ser utilizado como una herramienta de financiamiento del Gobierno. El diputado Santiago Pauli sostuvo que el organismo debe dejar de funcionar como una extensión del Ministerio de Economía o del Poder Ejecutivo de turno.
La oposición, en cambio, cuestionó que se pretenda presentar la medida como una garantía de independencia. Miguel Ángel Pichetto criticó la idea de una autonomía rígida y sostuvo que el Banco Central debe estar subordinado al interés general y al rumbo económico definido por el Gobierno elegido democráticamente. También cuestionó la relación entre el actual presidente del BCRA, Santiago Bausili, y el ministro de Economía, Luis Caputo.
Desde otro sector opositor, Itai Hagman sostuvo que la reforma busca “blindar” una política económica cuyos resultados no fueron los esperados por el Gobierno. El debate, de esta manera, excedió la discusión técnica sobre la Carta Orgánica y se convirtió en una disputa sobre quién debe controlar la política monetaria y qué margen debe conservar el Estado para intervenir ante una crisis económica.
Uno de los cambios más importantes es que el Banco Central pasaría a tener como mandato principal la preservación del valor de la moneda, dejando de lado la multiplicidad de objetivos que contempla actualmente su Carta Orgánica. El Gobierno sostiene que esto permitirá concentrar la política monetaria en la estabilidad de precios.
Con la media sanción conseguida en Diputados, el oficialismo ahora deberá trasladar la pelea al Senado. Allí se definirá si el Gobierno logra convertir en ley una reforma que puede modificar de manera sustancial la relación entre Banco Central, Tesoro, provincias y Poder Ejecutivo.
Con ayuda de La Nueva Mañana



