Moderna y Merck anunciaron resultados positivos de un ensayo clínico de fase 3 de una terapia personalizada basada en ARN mensajero, administrada junto con inmunoterapia. El tratamiento fue probado en más de 1.100 pacientes con melanoma de alto riesgo y logró reducir el riesgo de recaída y metástasis en estudios previos. Los nuevos resultados todavía deben ser presentados en detalle y atravesar el proceso de evaluación regulatoria.
Una nueva generación de tratamientos contra el cáncer dio un paso importante luego de que Moderna y Merck anunciaran resultados positivos de un ensayo clínico de fase 3 de una terapia experimental basada en ARN mensajero para pacientes con melanoma. El tratamiento, denominado intismeran autogene, utiliza la misma tecnología de ARN mensajero que adquirió notoriedad mundial con las vacunas contra el COVID-19, pero aplicada de una manera completamente diferente: en lugar de preparar al organismo para reconocer un virus, busca enseñar al sistema inmunitario a identificar y atacar las características particulares de las células tumorales. Las compañías calificaron el resultado como un avance histórico para la investigación oncológica, aunque todavía no significa que exista una vacuna contra el cáncer disponible para la población general.
El ensayo de fase 3 involucró a 1.137 personas que habían sido sometidas previamente a una cirugía para retirar un melanoma de alto riesgo. Los pacientes fueron divididos entre quienes recibieron el tratamiento de inmunoterapia con pembrolizumab, comercializado como Keytruda, y aquellos que recibieron además la vacuna personalizada de ARN mensajero. El objetivo de la estrategia es actuar sobre las posibles células tumorales que hayan quedado en el organismo después de la intervención quirúrgica y disminuir las probabilidades de que la enfermedad vuelva a aparecer o se extienda hacia otros órganos. El estudio se realizó en 35 hospitales de 26 países y representa uno de los ensayos más avanzados realizados hasta ahora con este tipo de tecnología aplicada al cáncer.
La característica más novedosa del tratamiento es que no se trata de una vacuna idéntica para todos los pacientes. Cada dosis se diseña a partir de las características genéticas del tumor de la persona que recibirá el tratamiento. Para ello, se analiza el tejido tumoral extraído durante la cirugía, se identifican determinadas mutaciones y, mediante herramientas informáticas, se seleccionan aquellas que pueden servir como señales para que el sistema inmunitario reconozca las células cancerosas. A partir de esa información se fabrica una terapia de ARN mensajero individualizada, cuyo propósito es generar una respuesta de las defensas contra los denominados neoantígenos específicos del tumor.
El mecanismo representa un cambio importante respecto de la idea tradicional de una vacuna. En este caso no se busca prevenir que una persona desarrolle cáncer, como ocurre con las vacunas destinadas a enfermedades infecciosas, sino ayudar al organismo de una persona que ya tuvo un tumor a detectar y eliminar posibles células cancerosas residuales. El ARN mensajero funciona como un conjunto de instrucciones temporales para que las células produzcan determinadas proteínas que permitan activar una respuesta inmunitaria. El sistema de defensa aprende así a identificar determinadas características del tumor y puede atacar células que presenten esas señales. La estrategia se complementa con pembrolizumab, una inmunoterapia que ayuda a liberar algunos de los mecanismos que los tumores utilizan para frenar la acción de los linfocitos T.
Los resultados actuales adquieren todavía mayor relevancia porque están precedidos por datos favorables obtenidos en una investigación anterior. En el estudio de fase 2b KEYNOTE-942, presentado con un seguimiento de cinco años, la combinación de intismeran autogene y pembrolizumab redujo un 49% el riesgo de recaída o muerte frente al tratamiento con Keytruda solo en pacientes con melanoma de alto riesgo en estadios III y IV después de la extirpación completa del tumor. Las compañías también habían informado una reducción del riesgo de metástasis a distancia. Los resultados de fase 3 comunicados ahora confirmaron que el estudio alcanzó sus objetivos principales relacionados con la supervivencia libre de recaída y la supervivencia libre de metástasis, aunque los datos completos todavía no fueron publicados con el nivel de detalle habitual de una publicación científica.
Los especialistas advierten, sin embargo, que hablar de “la vacuna contra el cáncer” puede generar una expectativa equivocada. El cáncer no es una única enfermedad, sino un conjunto de enfermedades con características biológicas muy diferentes. El melanoma, además, presenta una cantidad importante de mutaciones provocadas por la exposición a la radiación ultravioleta, lo que puede facilitar la identificación de diferencias entre las células tumorales y las células sanas. Por esa razón, los investigadores consideran que esta estrategia podría ser especialmente útil en determinados tipos de cáncer, mientras que su eficacia en otros tumores todavía debe ser demostrada. Moderna y Merck ya llevan adelante ensayos con tecnologías similares para cáncer de pulmón, vejiga y riñón, entre otros.
Otro desafío será convertir una terapia personalizada y compleja en un tratamiento que pueda utilizarse de manera amplia. A diferencia de una vacuna convencional, cada preparación requiere analizar el tumor de un paciente, seleccionar las mutaciones relevantes y producir una formulación específica. Ese proceso demanda infraestructura, tecnología y tiempo, además de generar costos elevados. También será necesario completar el proceso de evaluación científica y regulatoria antes de que la terapia pueda ser autorizada para su uso general. Las empresas anunciaron que presentarán los datos detallados del ensayo en un congreso médico y que avanzarán con las presentaciones correspondientes ante los organismos reguladores.
El avance anunciado por Moderna y Merck abre, de todos modos, una perspectiva novedosa para la oncología. Por primera vez, una terapia personalizada basada en ARN mensajero logró resultados positivos en un ensayo de fase 3 contra un cáncer, después de años de investigaciones que buscaban utilizar el sistema inmunitario para combatir tumores. El desafío ahora será determinar cuánto de este éxito puede trasladarse a otros tipos de cáncer, cuánto costará producir estas terapias y qué beneficios concretos ofrecerán a largo plazo. Más que una cura universal contra el cáncer, lo que comienza a aparecer es una nueva herramienta de medicina personalizada, capaz de diseñar tratamientos a partir de las características particulares de cada tumor y de cada paciente.
Fuente: Infonews



