Keiko Fujimori asumió la Presidencia de Perú y marcó el regreso del fujimorismo al poder después de más de dos décadas. La nueva mandataria anunció un programa centrado en la seguridad, la apertura económica y el fortalecimiento de los vínculos con Estados Unidos, mientras enfrenta el desafío de gobernar un país profundamente dividido y con una fuerte crisis institucional.
Perú inició una nueva etapa política con la asunción de Keiko Fujimori como presidenta de la República. Tras imponerse por un estrecho margen en el balotaje frente al candidato de izquierda Roberto Sánchez, la líder de Fuerza Popular llegó al Palacio de Gobierno luego de tres intentos fallidos y se convirtió en la primera mujer elegida por voto popular para conducir el país. Su llegada al poder también representa el regreso del fujimorismo al Ejecutivo, casi tres décadas después del gobierno de su padre, Alberto Fujimori.
La nueva mandataria asumió con la promesa de poner fin a la inestabilidad política que marcó la última década peruana, período en el que el país tuvo diez presidentes y una sucesión de crisis institucionales. Sin embargo, deberá gobernar con un Congreso fragmentado, sin mayoría propia y en un escenario de fuerte polarización política y social.
En materia económica, Fujimori adelantó que buscará profundizar un modelo de apertura al mercado, incentivo a las inversiones y estabilidad macroeconómica, una orientación que distintos analistas identifican como una actualización del programa neoliberal impulsado durante la gestión de Alberto Fujimori en la década de 1990. Al mismo tiempo, aseguró que intentará diferenciarse de los aspectos más cuestionados de aquel gobierno, especialmente en materia institucional y de corrupción.
Uno de los ejes centrales de su gestión será la seguridad. Durante la campaña prometió reforzar el control de las fronteras, endurecer la lucha contra el crimen organizado y otorgar un mayor protagonismo a las Fuerzas Armadas en tareas vinculadas al combate contra la delincuencia y el narcotráfico. La presidenta sostiene que recuperar el orden será la condición necesaria para atraer inversiones y reactivar la economía peruana.
En política exterior, Fujimori anunció un giro hacia un mayor alineamiento con Estados Unidos. Definió a Washington como un “aliado estratégico”, manifestó su interés en incorporarse a iniciativas regionales impulsadas por el presidente Donald Trump para combatir el crimen organizado y expresó su intención de fortalecer la cooperación bilateral en materia económica y de seguridad.
Antes de asumir formalmente, la mandataria presentó los primeros integrantes de su gabinete. Designó a Luis Galarreta como presidente del Consejo de Ministros, a Elmer Cuba al frente del Ministerio de Economía y a Carlos Espá en la Cancillería. Según explicó, eligió funcionarios con experiencia técnica y capacidad de gestión para afrontar los desafíos económicos e institucionales que enfrenta el país.
El regreso del fujimorismo al poder también reactivó las críticas de organizaciones de derechos humanos y de familiares de víctimas de la violencia política ocurrida durante la presidencia de Alberto Fujimori. Diversos colectivos reclamaron que el nuevo gobierno garantice el respeto por las instituciones democráticas y evite retrocesos en materia de memoria, verdad y justicia.
La llegada de Keiko Fujimori abre un nuevo capítulo en la política peruana. Mientras sus seguidores confían en que podrá devolver estabilidad y reactivar la economía, sus detractores observan con preocupación el retorno de un espacio político que continúa generando fuertes divisiones en la sociedad. El desafío de la nueva presidenta será demostrar que puede construir gobernabilidad en un país que lleva una década atravesado por la incertidumbre política.
Fuente: El Destape, Reuters, El País y EFE.



