El 6 de julio de 1947, el presidente argentino Juan Perón dirigió un “Mensaje a los pueblos del mundo” destacando que “La política argentina ha sido, es y será siempre pacifista y generosa”, sosteniendo como valores esenciales el respeto a “la soberanía integral de las naciones y la ayuda a los países necesitados”.
Un par de años antes había culminado la Segunda Guerra Mundial con un saldo de más de 70 millones de muertos y gran parte de Europa destruida.
La reunión de Stalin, Roosevelt y Churchill en Yalta y el acuerdo de un nuevo reparto de control de regiones del mundo había sentado las bases para un nuevo período de conflictos, el de la llamada “guerra fría”.
En ese contexto toma relevancia la “Tercera Posición” sostenida por el peronismo y también la visita de Eva Perón a Europa.
El 21 de julio de 1947 Evita llega a Francia y es recibida por el canciller Georges Bidault quien le había reprochado al embajador argentino Victorica Roca que nuestro país acababa de prohibir la importación de artículos suntuarios (automóviles, champagne, perfumes y artículos de Tocador) que producía Francia.
Evita firmó en aquella ocasión un tratado bilateral comercial por el cual el gobierno argentino concedía un préstamo de 150 millones de pesos a Francia.
En aquel entonces el pueblo argentino, como activo protagonista de la construcción de una nación orgullosamente soberana con una práctica admirable de la justicia social, estaba muy lejos de pensar que 79 años después, un personaje de miserable estirpe cipaya, estaría destruyendo la soberanía nacional, pisoteando la justicia social y atando la Argentina al carro de la guerra que lideran los genocidas de Estados Unidos y de Israel, con absoluto desprecio por la integración continental y enorme satisfacción por seguir afianzando un endeudamiento externo que consolida nuestra dependencia.
No es vivir de nostalgia, es revalorizar nuestra historia, pensar que si un día pudimos convertir en realidad grandes ideales, que solo pudieron ser frenados a fuerza de represión y muerte, hoy también podemos.
Recuperar los valores y espíritu del Peronismo artífice de aquella revolución, con el pueblo como protagonista esencial, sigue siendo el desafío ineludible para reencauzar nuestra Patria hacia un destino de grandeza y felicidad de las mayorías.
Por Héctor Amichetti



