El desafío de construir una alternativa

Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Director
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

El escenario político argentino atraviesa un momento de cambios profundos. Dos fenómenos aparecen con claridad y marcan el pulso de la coyuntura. Por un lado, la pérdida de consenso del Gobierno nacional, una tendencia que reflejan prácticamente todas las encuestas, incluso en provincias donde el oficialismo había obtenido un respaldo contundente, como Córdoba. Por el otro, un crecimiento sostenido de la protesta social, con la educación pública, el trabajo, los derechos humanos, el movimiento feminista y distintos sectores de la sociedad encabezando reclamos que cuestionan directamente el rumbo adoptado por la administración de Javier Milei.

Este escenario no pasa inadvertido para los sectores del poder económico y político. Cada vez que un modelo neoliberal comienza a mostrar signos de desgaste, aparecen intentos de construir alternativas que preserven su esencia, aunque cambien sus protagonistas. La historia argentina ofrece numerosos antecedentes de estos procesos, donde el objetivo no es modificar el modelo económico, sino encontrar nuevos liderazgos capaces de administrarlo con otra estética y otro discurso.

En ese marco comienzan a surgir espacios que buscan ocupar un lugar de centro o de centroderecha moderada. Se presentan como una opción superadora de la confrontación política, pero en muchos casos sostienen una narrativa que no cuestiona los pilares centrales del actual esquema económico. La propuesta cambia de tono, pero no necesariamente de contenido.

Mientras tanto, en el campo nacional y popular también aparecen desafíos importantes. Las diferencias internas, las disputas de liderazgo y las dificultades para construir consensos amenazan con impedir la conformación de una alternativa amplia, unida y con capacidad de representar el creciente descontento social. La fragmentación puede transformarse en un obstáculo precisamente cuando una parte importante de la sociedad comienza a expresar su malestar frente a las consecuencias del ajuste.

Porque más allá de los temas que dominan la agenda mediática —las disputas políticas, las denuncias de corrupción o las polémicas cotidianas— el núcleo del problema sigue siendo el modelo económico. Es allí donde se encuentra el verdadero eje de la discusión. Un modelo que, acompañado por una intensa batalla cultural, impulsa la desregulación, la apertura irrestricta de la economía, la reducción del Estado y la transferencia de funciones esenciales al mercado.

Las consecuencias de ese rumbo ya forman parte del debate público: la precarización del trabajo, el debilitamiento de la producción nacional, el ajuste sobre la educación pública y las universidades, el recorte en ciencia y tecnología, el retroceso de las políticas de memoria, verdad y justicia y una creciente mercantilización de derechos que históricamente fueron garantizados por el Estado.

Desde esta perspectiva, la discusión no puede reducirse únicamente a quién gobierna, sino a qué proyecto de país se pretende construir. La verdadera disputa pasa por definir si Argentina continuará profundizando un esquema basado en la concentración económica y la lógica del mercado como ordenador exclusivo de la vida social, o si recuperará un modelo que coloque en el centro al trabajo, la producción, la educación, la ciencia, la inclusión social y el desarrollo nacional.

Como sostiene el secretario general del Partido Solidario, Juan Carlos Junio, el principal desafío de los sectores nacionales y populares consiste en elaborar una propuesta económica y política verdaderamente alternativa, capaz de ofrecer una salida diferente al rumbo actual. No alcanza con oponerse al Gobierno; es necesario construir un programa que convoque, genere confianza y responda a las demandas de una sociedad que expresa cada vez con mayor claridad su preocupación por el presente y su incertidumbre frente al futuro.

Ese es el desafío de este tiempo. Transformar el desencanto en esperanza, la protesta en propuesta y la fragmentación en unidad. Construir acuerdos programáticos amplios, fortalecer los espacios democráticos y ofrecer una alternativa sólida que permita debatir no solamente quién administra el Estado, sino fundamentalmente para qué y al servicio de quiénes debe estar ese Estado.

Porque, en definitiva, el debate de fondo no es sobre nombres propios. Es sobre el modelo de país que la Argentina elegirá para los próximos años.

Por Pablo Tissera

Scroll al inicio