El aumento sostenido de las tarifas del transporte público comenzó a generar un fenómeno que preocupa a especialistas, sindicatos y empleadores: cada vez más trabajadores rechazan ofertas laborales o abandonan empleos porque el costo diario de viajar consume una parte significativa de sus ingresos. La situación afecta principalmente a quienes viven en los sectores más alejados del Conurbano bonaerense, donde trasladarse hasta la Ciudad de Buenos Aires implica combinar varios medios de transporte y afrontar gastos que, en algunos casos, representan hasta un tercio del salario mensual. El fenómeno ya es conocido como “retracción laboral por costo de movilidad” y comienza a modificar el funcionamiento del mercado de trabajo en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
Durante los últimos meses, los incrementos en las tarifas de colectivos, trenes y subtes modificaron la economía cotidiana de miles de familias. Para quienes residen en el segundo y tercer cordón del Conurbano, el transporte dejó de ser un gasto complementario para convertirse en uno de los principales componentes del presupuesto familiar. En muchos casos, el dinero destinado a los traslados reduce considerablemente el ingreso disponible, haciendo que un empleo formal ubicado lejos del hogar resulte cada vez menos conveniente desde el punto de vista económico.
El impacto es especialmente fuerte en localidades como Cuartel V y Trujui, en Moreno; González Catán, en La Matanza; Pontevedra, en Merlo; Bosques e Ingeniero Allan, en Florencio Varela; además de distintos barrios periféricos de José C. Paz y Almirante Brown. En estos sectores, muchos trabajadores deben utilizar uno o dos colectivos para llegar a una estación ferroviaria y luego combinar con otro medio de transporte para ingresar a la Ciudad de Buenos Aires. Como consecuencia, los gastos diarios aumentan significativamente y los tiempos de viaje pueden superar las cuatro horas entre ida y vuelta.
Los trabajadores más afectados pertenecen a actividades donde la presencialidad es indispensable y los salarios suelen ubicarse entre los más bajos del mercado laboral. Empleadas de casas particulares, personal de limpieza, albañiles, pintores, operarios de la construcción, repositores de supermercados, trabajadores textiles, playeros de estaciones de servicio y empleados gastronómicos integran algunos de los sectores donde el fenómeno comienza a hacerse visible. Al no existir la posibilidad de teletrabajo, estos trabajadores dependen exclusivamente del transporte público para conservar sus empleos.
Como consecuencia de esta realidad, muchas personas comenzaron a priorizar empleos cercanos a sus domicilios, aun cuando ofrecen salarios inferiores. La reducción del gasto en transporte, el ahorro de tiempo y el menor desgaste físico terminan compensando, en numerosos casos, la diferencia salarial. También crecieron las changas, los pequeños emprendimientos barriales, las ventas por redes sociales y otras formas de trabajo de proximidad que permiten evitar largos desplazamientos diarios. Este proceso, que algunos especialistas describen como una “barrialización de la economía”, modifica gradualmente la dinámica del empleo en el Área Metropolitana.
La situación también representa un desafío para las empresas que necesitan cubrir puestos presenciales. Comercios, industrias y prestadores de servicios encuentran cada vez más dificultades para incorporar personal dispuesto a recorrer largas distancias. El costo efectivo del traslado pasó a ser un elemento tan importante como el salario ofrecido al momento de aceptar un empleo, generando una creciente desconexión entre los polos de trabajo y las zonas que históricamente aportaban buena parte de la mano de obra.
Economistas y especialistas en mercado laboral advierten que este fenómeno podría profundizar la informalidad y reducir las oportunidades de inserción laboral formal para los sectores de menores ingresos. Cuando el costo del viaje absorbe una porción significativa del sueldo, muchos trabajadores optan por actividades informales o emprendimientos de cercanía que ofrecen menores ingresos, pero también menores gastos y tiempos de traslado. Esto impacta tanto en la productividad como en la movilidad social y en el funcionamiento general del mercado laboral metropolitano.
Mientras las tarifas del transporte continúan ajustándose y el costo de vida sigue condicionando los ingresos de los hogares, la movilidad se consolida como uno de los nuevos factores que determinan el acceso al empleo. Lo que hasta hace pocos años era un gasto secundario hoy se convirtió en una variable decisiva para aceptar o rechazar un trabajo. El desafío para las políticas públicas será encontrar mecanismos que permitan garantizar el acceso al transporte sin que ello se transforme en una barrera para el empleo formal y el desarrollo económico de millones de trabajadores del Conurbano bonaerense.
Fuente: Motor Económico



