La industria textil argentina atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Un informe sectorial advirtió que, en apenas dos años, se perdieron 22.150 puestos de trabajo y cerraron 803 establecimientos productivos en todo el país. Empresarios y trabajadores alertan sobre una combinación de caída del consumo, aumento de costos y apertura de importaciones que golpea con fuerza a una de las actividades más intensivas en generación de empleo.
Los datos fueron difundidos por la Fundación Pro Tejer, entidad que nuclea a distintos actores de la cadena de valor textil e indumentaria. El relevamiento señala que entre marzo de 2024 y marzo de 2026 desaparecieron 803 unidades productivas y se destruyeron 22.150 puestos de trabajo registrados en el sector.
Según el informe, la actividad enfrenta una fuerte retracción de la demanda interna. La caída del poder adquisitivo de los salarios redujo el consumo de prendas de vestir y productos textiles, afectando directamente a fábricas, talleres, comercios y empresas proveedoras.
A este escenario se suma el incremento de los costos de producción. Empresarios del sector señalan que los aumentos en energía, transporte, financiamiento e insumos impactan sobre la competitividad de las empresas nacionales, especialmente de las pequeñas y medianas industrias.
Otro de los factores que genera preocupación es el crecimiento de las importaciones. Desde la entidad sostienen que la flexibilización de restricciones al ingreso de productos del exterior incrementó la competencia con mercadería importada, en muchos casos proveniente de países con costos laborales y productivos significativamente menores que los argentinos.
La industria textil es considerada estratégica por su capacidad para generar empleo. Se trata de una actividad con fuerte presencia federal, integrada por miles de pequeñas y medianas empresas distribuidas en distintas provincias. Además, posee una importante participación de mano de obra femenina y de trabajadores calificados.
Desde el sector advierten que la continuidad de esta tendencia podría profundizar el proceso de desindustrialización y provocar nuevas pérdidas de empleo durante los próximos meses. Por ese motivo reclaman políticas que promuevan la producción nacional, faciliten el acceso al crédito y fortalezcan el mercado interno.
La situación también genera preocupación en organizaciones sindicales vinculadas a la actividad, que alertan sobre suspensiones, reducción de jornadas laborales y dificultades para sostener puestos de trabajo en numerosas empresas.
Mientras tanto, el Gobierno nacional sostiene que la apertura económica y la reducción de regulaciones permitirán mejorar la competitividad general de la economía y favorecer una reasignación más eficiente de recursos. Sin embargo, desde la industria textil consideran que el proceso está teniendo costos muy elevados sobre la producción y el empleo.
Los números difundidos por Pro Tejer reflejan la magnitud del desafío que enfrenta uno de los sectores industriales con mayor tradición en Argentina y vuelven a poner en debate el impacto de las políticas económicas sobre la producción nacional y el trabajo.
Fuente: La Nueva Mañana



