Detrás de la crisis: más de 3 millones de personas tienen deudas irrecuperables

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El endeudamiento de las familias argentinas alcanzó niveles históricos y ya hay más de 3,3 millones de personas consideradas “deudores irrecuperables” por el sistema financiero. El deterioro del poder adquisitivo, la caída de ingresos y las tasas de interés cada vez más altas profundizan una crisis social silenciosa que golpea especialmente a trabajadores, jubilados y sectores populares.

La crisis económica comienza a mostrar una de sus consecuencias más dramáticas en el día a día de millones de argentinos: el crecimiento explosivo de las deudas impagas. Según un informe elaborado en base a datos del Banco Central, más de 3.384.000 personas se encuentran actualmente catalogadas dentro de la peor situación crediticia posible, conocida técnicamente como “deudor irrecuperable”. Se trata de personas que acumulan atrasos superiores a un año y cuya posibilidad de pago es considerada prácticamente nula por el sistema financiero.

El fenómeno no solo refleja un problema financiero individual sino una crisis estructural vinculada a la pérdida constante del poder adquisitivo. En apenas un año, la cantidad de personas en situación crítica aumentó un 93%, lo que implica que alrededor de 1,6 millones de argentinos cayeron en mora extrema durante los últimos meses. Especialistas advierten que este crecimiento no responde únicamente a una mayor toma de créditos, sino principalmente al empeoramiento acelerado de la capacidad de pago de los hogares.

En paralelo, los informes muestran que el total de personas endeudadas en Argentina ya supera los 20 millones. Esto incluye préstamos bancarios, tarjetas de crédito, financieras, billeteras virtuales y distintos sistemas de financiamiento informal. El endeudamiento dejó de ser una herramienta ocasional para transformarse en un mecanismo de supervivencia cotidiana. Muchas familias recurren al crédito para comprar alimentos, pagar medicamentos, afrontar tarifas de servicios o sostener gastos básicos del hogar.

El deterioro económico también se refleja en el crecimiento de la morosidad general. Según datos recientes, el coeficiente de mora de las familias alcanzó niveles que no se registraban desde hace años y se multiplicó varias veces desde fines de 2024. El problema ya no afecta únicamente a los sectores históricamente vulnerables: incluso trabajadores registrados y sectores medios comenzaron a caer en incumplimientos debido a la combinación de salarios atrasados, inflación persistente y tasas financieras elevadas.

Diversos estudios señalan además que las deudas más pequeñas son las que presentan mayores niveles de incumplimiento. Esto desarma el discurso que intenta asociar la morosidad con consumos excesivos o gastos extraordinarios. En realidad, gran parte de las personas endeudadas solicitaron pequeños créditos para afrontar necesidades urgentes y básicas. Los montos más bajos registran los peores índices de mora porque corresponden a hogares que ya no logran cubrir consumos esenciales con sus ingresos mensuales.

La situación golpea con más fuerza a jóvenes y mujeres, dos sectores que históricamente enfrentan mayores niveles de precarización laboral y dificultades para acceder a financiamiento formal. Informes privados revelan que los jóvenes reciben menos créditos y presentan mayores atrasos debido a la informalidad laboral y los bajos ingresos. En el caso de las mujeres, además de acceder a montos menores, muchas sostienen económicamente hogares enteros mientras enfrentan una sobrecarga de tareas de cuidado no remuneradas.

Mientras tanto, el sistema financiero continúa expandiendo mecanismos de refinanciación que muchas veces profundizan el problema. Familias enteras pagan una deuda tomando otra nueva, ingresando en un círculo de sobreendeudamiento cada vez más difícil de romper. A esto se suma el crecimiento de las billeteras virtuales y créditos rápidos con tasas elevadas que terminan agravando la fragilidad económica de sectores populares. Incluso algunos bancos comenzaron a registrar pérdidas por el aumento de créditos incobrables.

En este contexto, distintos economistas y organizaciones sociales advierten que el endeudamiento masivo ya funciona como un termómetro de la crisis social argentina. Detrás de cada número aparecen familias que resignan consumos básicos, venden pertenencias, reducen gastos en salud o alimentación y viven bajo una presión económica permanente. La combinación entre ajuste, caída salarial y financiamiento caro configura un escenario donde millones de personas quedan atrapadas entre ingresos insuficientes y deudas imposibles de pagar.

Fuente: El Destape

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