Tras meses prófugo y detenido en Perú, fue extraditado a la Argentina el joven señalado como autor intelectual de uno de los crímenes más estremecedores de los últimos años. La causa vuelve al centro de la escena con reclamos de justicia y preguntas sobre el avance del narcotráfico.
La llegada de Tony Janzen Valverde Victoriano, conocido como “Pequeño J”, a la Argentina reabre una de las heridas más profundas que dejó la violencia reciente en el país. El joven de 20 años fue extraditado desde Perú y ya se encuentra bajo custodia del Servicio Penitenciario Federal, acusado de ser el autor intelectual del triple crimen de Florencio Varela que conmocionó a toda la sociedad.
El traslado se realizó en el marco de un operativo de alta seguridad coordinado entre organismos internacionales. El acusado partió desde Lima, donde estaba detenido desde su captura por Interpol, hizo escala en Paraguay y aterrizó en el aeropuerto de El Palomar, escoltado por fuerzas federales.
Al momento de su llegada, “Pequeño J” fue inmediatamente trasladado a la cárcel de Marcos Paz, donde permanecerá detenido mientras avanza el proceso judicial. Está previsto que sea indagado por el juez federal que lleva adelante la causa, en una audiencia clave que podría empezar a definir su situación procesal.
El caso por el que está acusado es de una brutalidad que marcó un antes y un después. En septiembre de 2025, tres jóvenes —Morena Verdi (20), Brenda del Castillo (20) y Lara Gutiérrez (15)— fueron secuestradas, torturadas y asesinadas en una vivienda del conurbano bonaerense.
La investigación sostiene que el crimen habría sido parte de una represalia vinculada al narcotráfico. Según la hipótesis principal, las víctimas habrían sido engañadas para asistir a una supuesta reunión que terminó siendo una emboscada organizada por una banda criminal.
Uno de los aspectos más impactantes del caso fue el nivel de violencia ejercido y la forma en que el crimen habría sido utilizado como mensaje dentro de la lógica narco. Los investigadores sostienen que se trató de un acto planificado, con ensañamiento extremo, destinado a disciplinar y generar terror dentro del propio circuito delictivo.
En la causa ya hay múltiples detenidos y una estructura criminal bajo la lupa, pero la figura de “Pequeño J” aparece como central. Para la Justicia, no se trata de un actor secundario, sino de quien habría organizado y ordenado el ataque, lo que eleva significativamente la gravedad de su imputación.
La llegada del principal acusado vuelve a poner sobre la mesa un debate incómodo: el avance del narcotráfico en territorios vulnerables y la capacidad del Estado para prevenir este tipo de hechos. Mientras las familias de las víctimas exigen justicia, el caso se convierte también en un espejo de una problemática más amplia, donde la violencia extrema deja de ser excepcional para convertirse en una señal de alarma social.
Fuente: Minuto uno



