Geopolítica del churrasco y el burrito andarín

carne de burro
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El problema no es del “burro” sino del que le da de comer. Las explicaciones extranjeras del por qué los argentinos continuaremos pagando cada vez más cara la carne vacuna, apuntan a garantizarse stock y precio en sus propios mercados, en el marco de dos grandes disputas: por un lado, las idas y vueltas con China; por otro, el hambre y la mal nutrición del pueblo argentino.

Por Pablo Casals

Mientras nos mantienen entretenidos con la venta al público de carne de burro, desde Estados Unidos están decidiendo que la disputa internacional por la carne vacuna argentina continuará en pie durante 2026 y más allá, motivando la probable mejora en su cotización global y por ende, encarecimiento en el mercado interno.

Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por sus cifras en inglés), que dice encargarse del estudio de la producción de alimentos y la situación de los mercados a nivel mundial, la demanda de carne vacuna de Argentina se mantendría estable, aunque cambiarían las proporciones que se envían a cada mercado.

Los estadounidenses “estiman” -operan- que a nivel global durante 2026 la producción de carne vacuna disminuya un 1%, hasta alcanzar las 61,6 millones de toneladas. Esto implica un recorte de 685.000 toneladas respecto de 2025. De confirmarse, se trataría de la primera caída en la producción mundial tras cinco años consecutivos de crecimiento.

Por otro lado, los indirectos socios locales de la USDA, RosGan -mercado ganadero de Rosario, entidad que no es referencia de precios, pero está vinculada a la Bolsa de Comercio de esa ciudad y que sí es determinante en los esquemas de negocios-, afirman en un informe reciente que la caída de producción se observará en Australia y Brasil.

Supuestamente, el país vecino no cedería su liderazgo mundial como exportador, pero disminuiría un 2% su volumen interno de faena -alrededor de 12,4 millones de toneladas-; y proyectando exportaciones equivalentes a las 4.275.000 millones de toneladas.

El caso australiano sería similar: la producción caería un 1%, hasta 2,9 millones de toneladas. Aunque el país se mantendría como segundo exportador global, con ventas externas estimadas en 2,16 millones de toneladas.

Aparentemente, los motivos de estas caídas de oferta global estarían vinculadas a una menor demanda de carne vacuna por parte de China. Recordarán que el gigante asiático estableció un nuevo sistema de cupos de exportaciones de carne vacuna, estableciendo un esquema de aranceles a distintos proveedores. En nuestra región Argentina fue beneficiada por un cupo mayor al que venía funcionado – se habría elevado de 650 mil a algo más de 800 mil toneladas, pero con un arancel más alto.

La USDA explicó asimismo, que los recortes de importaciones por parte de China responden a un programa de protección de su producción interna de carne vacuna. Esto no es novedad. El Gobierno chino viene advirtiendo desde hace una década respecto de sus planes interno de desarrollo de las distintas cadenas alimenticias, que apuntan a poder logran un autoabastecimiento pleno hacia el año 2050

En criollo, China dejó de demandar y comprar a quién tuviese carne para ofrecer, y pasó a hacer acuerdos puntuales con países proveedores en función de sus propias proyecciones. Ahora -según los estadounidenses-, la participación china en el comercio mundial de carne vacuna descendería del 35% alcanzado en 2023 a menos del 27% en la actualidad.

Ante el potencial desequilibrio del mercado vacuno global, los Estados Unidos utilizan una lógica hollywoodense: ellos comprarán la carne que deja de lado China, y el resto se lo encajan a la Unión Europea. Así, 2,626 millones y 500.000 mil toneladas respectivamente serían las que mantendrían al segmento vacuno en un nivel de actividad equivalente.

Eso sí: la carne tendrá un precio superior y este se trasladará a los mercados internos de origen. Por lo tanto, lo esperable es que la carne vacuna continue aumentando en el mostrador argentino.

Para RosGan la perspectiva que esgrime el Gobierno estadounidense sería “una posición comercial favorable”, ya que sería el único de los gigantes ganaderos que podrían adaptarse rápido a las nuevas condiciones establecidas por China. De hecho, la entidad litoraleña sugiere “aguantar” con el cumplimiento del cupo, que Brasil y Australia hagan el gasto, y que luego Argentina haga su parte con probabilidades de obtener mejores precios.

Los muchachos de RosGan aciertan en el diagnóstico pero soslayan lo más importe y que permanentemente se encuentra de fondo. Si Argentina se convierte en proveedor preferencial chino por cumplir cupo, significa que “le sacó” carne disponible a su mercado interno para vendérsela a los asiáticos -algo que aparentemente no harían ni australianos ni brasileños-. Segundo, si “aguanta” la carne hasta que los dos competidores hagan el gasto podrá asegurarse animales con más kilos; cosa que incrementará su tasa de ganancia y remanente de cabezas disponibles para otros mercados -inclusive el interno-.

Si estas condiciones se dan, quedaría confirmado que habrá menos carne disponible para el mostrador argentino y a mayor precio.

Para los rosarinos, ese “sobrante” que no podrá absorber el mercado interno, podría destinarse a cumplir con las cuotas europeas (Hilton y 481), que además se verían beneficiadas hacia fin de año por las mejoras arancelarias que el Acuerdo MERCOSUR – Unión Europea prevé para la carne vacuna.

Si esto no llegase a funcionar de forma tan aceitada, está latente el aumento que prevé el acuerdo comercial con Estados Unidos y su ampliación de cuota con arancel preferencial de 20.000 a 80.000 toneladas; más todo lo que podría comercializarse fuera de acuerdo si los precios son convenientes.

Sin ánimo de ponernos pesados, esta geopolítica de la carne vacuna muestra una posición argentina preferencial ante el mundo pero humillante para su propio pueblo: desaparece de su propio mercado interno para abastecer a los mercados más fuertes; los dólares recaudados por esas ventas quedan en un puñado de manos; la malnutrición del pueblo argentino continúa agrandando su brecha…

Para rematar, nos ponen a discutir sobre un aspecto cultural: comer o no comer carne de burro. Al igual que sucede con el potro -que también se come-, el burro es considerado un “compañero” de tareas dado su uso como animal de carga y trabajo. En buena parte de la Argentina el tema es visto así, pero en otra no.

De todas formas, el foco mediático porteño fue puesto allí y nos sacó del punto de análisis que importa: que además de que el dinero no alcanza, la carne vacuna aumentó deliberadamente porque lo que importa es lo que dijo la vez pasada el Senador formoseño Paoltroni: que en el mundo la carne vacuna es un lujo y se paga muy bien; y que el argentino es pobre porque quiere y está mal acostumbrado.

Un desgraciado, pero que explicó cómo piensan el mundo desde el gobierno, los principales frigoríficos y los grandes ganaderos.

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