Milei admite el dato incómodo: la inflación no baja como esperaba y la economía sigue sin arrancar

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El presidente Javier Milei reconoció un dato negativo sobre la inflación y dejó en evidencia las dificultades del plan económico. Aunque intentó justificar el escenario, crecen las dudas sobre la recuperación y el rumbo del modelo.

En un giro poco habitual en su discurso, el presidente Javier Milei se vio obligado a admitir que los últimos datos de inflación no fueron los esperados por el Gobierno. La cifra, lejos de consolidar una baja sostenida, expone que el proceso de desaceleración encuentra límites y genera preocupación tanto en el mercado como en la sociedad.

Desde el Ejecutivo intentaron relativizar el impacto del dato negativo, argumentando que se trata de un fenómeno transitorio vinculado a “correcciones de precios relativos” y a la herencia inflacionaria. Sin embargo, el propio Milei reconoció que la economía aún no logra arrancar, lo que pone en tensión la narrativa oficial de recuperación rápida.

Más allá de la inflación, el problema de fondo es el estancamiento de la actividad. Distintos indicadores muestran caída del consumo, retracción industrial y pérdida de poder adquisitivo. Este combo genera un escenario en el que la desaceleración inflacionaria —cuando ocurre— no se traduce en mejora real para la población.

El programa económico del Gobierno se sostiene en un fuerte ajuste fiscal, reducción del gasto público y liberación de precios. Si bien estas medidas apuntan a estabilizar las variables macroeconómicas, en el corto plazo impactan directamente en el bolsillo de los trabajadores y jubilados, profundizando la recesión.

Los mercados comienzan a mostrar señales de cautela. Si bien en un primer momento hubo expectativas positivas, la persistencia de la inflación y la falta de reactivación generan interrogantes sobre la viabilidad del plan. La credibilidad del programa económico empieza a jugarse en los próximos meses.

El Gobierno insiste en que la inflación está “en proceso de ser derrotada”, pero los datos concretos reflejan una realidad más compleja. La brecha entre el discurso oficial y la percepción social se amplía, especialmente en sectores que no logran recuperar ingresos frente al aumento de precios.

Este reconocimiento se da en un contexto político delicado, donde crecen las críticas de la oposición y también aparecen cuestionamientos desde sectores que inicialmente apoyaban el rumbo económico. La inflación vuelve a convertirse en un eje central del debate público.

El desafío para el Gobierno es claro: lograr una baja sostenida de la inflación sin profundizar la recesión. Sin embargo, los últimos datos indican que ese equilibrio aún está lejos. La gran incógnita es si el modelo económico podrá estabilizarse antes de que el costo social se vuelva aún más alto.

Fuente: Primereando las noticias

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