La guerra en Medio Oriente tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán desató lo que especialistas y la Agencia Internacional de Energía (IEA) ya califican como “la mayor crisis energética” de la historia. En la Argentina, el impacto comenzó a sentirse con fuerza en los precios, la producción y las cuentas públicas.
El principal efecto inmediato es el aumento de los combustibles. El precio internacional del petróleo pasó de unos 70 dólares por barril en febrero a picos de 120 dólares en marzo, y actualmente se ubica cerca de los 110. En el mercado local, esto se tradujo en subas de hasta el 12% en nafta y gasoil en lo que va del mes, con los combustibles premium superando los $2.000 por litro en la Ciudad de Buenos Aires.
Este incremento tiene un efecto directo sobre la inflación. Según estimaciones privadas, cada suba del 10% en combustibles impacta cerca de 0,4 puntos en el Índice de Precios al Consumidor. En marzo, el traslado ya suma más de medio punto y podría llevar la inflación mensual nuevamente por encima del 3%.
El impacto también alcanza al sector agropecuario, clave para la economía argentina. En plena cosecha gruesa, el encarecimiento del gasoil y de insumos como la urea —que subió más de 40%— eleva los costos y reduce la competitividad de las exportaciones.
En paralelo, el aumento del gas natural licuado (GNL) genera preocupación de cara al invierno. El precio internacional pasó de entre 9 y 10 dólares por millón de BTU a más de 23, lo que podría encarecer las tarifas para hogares e industrias o presionar sobre los subsidios estatales.
Otro efecto se observa en el transporte aéreo. Aerolíneas ya comenzaron a aplicar recargos en vuelos de cabotaje e internacionales por el aumento del combustible, en línea con lo que ocurre a nivel global.
Sin embargo, no todo es negativo. El encarecimiento del petróleo podría mejorar las cuentas públicas argentinas. Por cada dólar que sube el crudo, el país podría sumar entre 100 y 120 millones de dólares adicionales por exportaciones, lo que llevaría los ingresos energéticos a cerca de 15.000 millones de dólares en 2026.
En un contexto global marcado por la incertidumbre y la disrupción en el suministro energético —con el estrecho de Ormuz afectado—, la Argentina enfrenta un escenario de mayor presión sobre los precios internos, pero también con oportunidades en el frente exportador.
Fuente: Filo News



