El imperialismo de Trump está de moda y va por Chiqui Tapia

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Al levantarte por la mañana la vida no parece tener sentido, pero luego, con un café, vas recuperando la confianza, hasta que sale Trump diciendo que no descarta atacar Colombia, Brasil, anexionarse el canal de Panamá y las islas Turcas y Caicos, que no sabe donde están, pero les quiere cambiar el nombre. Entonces vuelves al punto de partida: el desconcierto. Las amenazas vuelan. Y ya se sabe, se empieza azuzando el espíritu de venganza y se acaba pisoteando alegremente el derecho internacional para apropiarse de lo que sea: petróleo, tierras raras, agua oxigenada, o montar un Nordelta en Palestina con su campito de golf. Así no se puede vivir. Si yo fuera greolandés estaría de baja y medicado.

El imperialismo está de moda. Trump está dispuesto a sustituir la realidad por la narración. A diferencia del arte o el pensamiento, que pueden recurrir a la ficción para soportar la realidad o para poder pensarla, Trump utiliza el relato para robarnos el mundo tal y como lo conocemos. Y le funciona. La pregunta es ¿qué significa funcionar? Funcionar es captar la atención y dejar de prestar atención a lo real.

Desvestir a las personas de la información adecuada para convertirlas en una masa hacinada y maleable que no altere conciencias. Le importa poco que el relato esté en contradicción con la realidad, solo quiere ocupar el espacio, los medios, las mentes, sin pretender ser real sino ocupar la realidad, que es otra cosa. El modelo es conocido, se le aplica con frecuencia en nuestro país al Chiqui Tapia: embestidas judiciales, denuncias de corrupción sin pruebas, desgaste y hostigamiento mediático e institucional. Nada nuevo. Así, mirando y mirando empezó la ceguera (dice la canción), a través del péndulo que oscila del nacionalismo autoritario (proteccionista, antiliberal y reaccionario) y el libertarismo distópico (tecnocrático, apátrida y desregulador), sabiendo que el poder de las ideas poco tiene que ver con la verdad que contengan.

No deja de resultar inquietante que en un país como el nuestro, tan formado en las sutilezas del psicoanálisis, haya alcanzado la presidencia alguien que es, directamente, la encarnación del Ello. Milei es el monstruo engendrado por el sueño de la sin razón, erigiéndose en un Joker preapocalíptico de crispación voltaica, lacayo incondicional de Trump, ese especialista en humanidades: “Podría salir a la Quinta Avenida, matar a algunas personas, y no perder votos”, declaró en 2024. Está para comérselo.

Delante de nuestra mirada distraída y miope, se yergue un incendio que todavía imaginamos lejano. Un mundo cansado con el mismo cansancio de una recién parida, donde es mejor dar miedo que lástima. Cuesta imaginar que algo nos haga mejores. El imperialismo está de moda. El aire ya huele a carne quemada.

Por jose Luis Lanao

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